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135 años: Que la historia no se repita y la crisis la paguen los empresarios

Este lunes se cumplen 135 años de la fundación del departamento de Campana. La municipalidad presidida por Sebastián Abella de Cambiemos sacó un video institucional llamando a bancar esta crisis. Desde La Izquierda Diario proponemos una salida opuesta.

Martes 7 de julio de 2020 | Edición del día

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Zona frigorífica a fines del S XIX y principios del S XX con la afluencia de grandes poblaciones inmigrantes españolas e italianas pero también de otras latitudes. La construcción del ferrocarril y la vía del Río Paraná hicieron de esta zona una región atractiva para los empresarios también por la cercanía con la ciudad de Buenos Aires. Hoy se encuentran empresas muy importantes y terminales portuarias que exportan e importan a todo el mundo no solo granos sino automóviles, insumos para petróleo, agroquímicos, combustibles, minerales y varias materias primas más. Los trabajadores se han organizado en sindicatos y clubes por toda la zona y viviendo en los barrios aledaños a las fábricas que tomaron los nombres de los mismos.

El ejemplo del frigorífico Anglo en la segunda década del siglo pasado mostró que no son los empresarios los que pagan sus propias crisis sino nosotros, los trabajadores. Como relata un historiador: “En 1924 la historia cambió. El frigorífico había disminuido su producción y se incendió, por lo que Campana pasó a convertirse casi en una ciudad fantasma. De 18 mil habitantes disminuyó a cerca de 10 mil (...) Nunca se confirmó, pero hay quienes creen que aquel incendio fue intencional, ya que se buscaba instalar el Anglo en Dock Sud, donde finalmente fue. El frigorífico siguió funcionando pero en el año 26 cerró sus puertas en forma definitiva. En la mejor época del Anglo en Campana se estima que 5.000 personas, directa o indirectamente, vivían de él.”

La visión oficialista nos propone nuevamente que aceptemos esos costos desde el lado de los trabajadores. Sin embargo, esta vez, tenemos otra oportunidad de superar la crisis sanitaria y económica en curso. Pero pensando una salida independiente desde las ideas de los trabajadores y la izquierda y no desde los partidos patronales ni desde los empresarios como Rocca o Bulgheroni.

Campana fue una de las primeras ciudades de Argentina en tener una refinería en sus costas, hoy es conocida como Axion y es propiedad de la firma liderada por la familia Bulgheroni. En los años ´30 Campana era conocida como “Ciudad Petardo” por el complejo de la estadounidense Standard Oil y West India Oil Co. propiedad del magnate Rockefeller. Después pasaron a llamarse ESSO a la que finalmente adquiere Bulgheroni junto con capital británico.

En agosto de 1934 explotaron 164 de los casi 200 tanques de combustibles. El 90% de la población huyó de sus casas esa madrugada. Obreros atrapados en los escombros, derrumbe de edificios y casas y decenas de muertos y heridos. Las autoridades nunca hicieron un relevamiento serio para saber la magnitud del desastre. La empresa no estaba equipada adecuadamente para el tipo de industria, una “norma” podríamos decir de las multinacionales extranjeras cuando enriquecen a otros lares y empobrecen los de acá.

Las consecuencias en la salud de la población duraron una década ya que quedó en claro hace casi 100 años que para los empresarios las vidas trabajadoras no importan. Los problemas respiratorios por ejemplo, lamentablemente son parte del ADN de la construcción social de Campana. Las industrias químicas y agroquímicas, la refinería, la acería de Siderca, todavía tienen repercusiones en la salud generando afecciones respiratorias sobre una gran cantidad de pobladores. Y también las consecuencias ecológicas de esa industrialización de alto deterioro ambiental se siguen pagando en toda la zona.

A principio de los años ´50 se instala en Campana la familia Rocca y su holding Techint en la ciudad, nace Dálmine Siderca. Miles de obreros han trabajado en la fábricas del complejo y dejado su salud y hasta sus vidas en el desarrollo de una de las industrias líderes a nivel mundial, mientras sus patrones solo se enriquecieron por décadas durante todos los gobiernos de turno. No hubo ninguna solidaridad entre la firma y los trabajadores cuando en los años 60 y 70 los trabajadores estaban peleando no solo por sus derechos sino por transformar este sistema de raíz cuestionando la misma explotación. Es que los intereses de los trabajadores y de los empresarios son contrapuestos.

Las organizaciones obreras y barriales, comisiones internas, cuerpos de delegados y sindicatos debatieron durante años bajo la influencia de distintas corrientes políticas guerrilleras, peronistas (en sus distintas alas) y de la izquierda clasista. Techint y la familia Rocca fueron promotores del golpe militar y apoyaron activamente al gobierno y su política económica. En Zárate y Campana se persiguió a delegados y activistas con particular saña y se financió a los grupos de tareas que participaban de las sesiones de tortura y posterior desaparición de los trabajadores. En total 80 trabajadores fueron víctimas del terrorismo de Estado de alguna forma. La empresa invirtió en comisarías donde funcionaron centros clandestinos de detención.

Los combativos trabajadores de Dálmine venían luchando por conseguir una “coparticipación”, un dinero extra que recibieron en la liquidación del sueldo. Solo tuvo un año de vigencia frente al avance patronal. El gobierno de Alfonsín y Menem posteriormente estatizaron sus deudas y le privatizaron Somisa de San Nicolás. Hoy sigue siendo el mayor contratista del Estado para la obra pública.

Hoy Campana cumple 135 años. El Municipio sacó un video institucional donde enaltece la figura del trabajador campanense como un poblador que se aguanta todas las crisis sin diferenciar quién las genera quién sigue ganando posteriormente. Después de la dictadura y durante el neoliberalismo trabajamos más por menos. Nuestra calidad de vida disminuyó considerablemente. Hoy se preparan para que después de la crisis económica y la de la pandemia sigamos perdiendo más nuestras vidas y la de nuestras familias. Ya se muestra con las suspensiones que hay en Siderca, las rebajas salariales y los despidos de Ferrúa y gastronómicos entre otros.

Por eso en Campana y en todo el país tenemos la tarea de pensar un nuevo programa de los trabajadores y para los trabajadores. Las empresas están llevando a decenas de miles que no pertenecen a sectores considerados esenciales, a volver a la producción. O incluso, la cantidad que concurre al trabajo, está lejos de ser “la mínima indispensable” para la producción requerida en función de las necesidades sociales.

Porque las vidas trabajadoras importan tenemos que desarrollar una política ofensiva de impulsar la creación de Comisiones de Seguridad e Higiene independientes, formadas y elegidas por los y las trabajadoras, con el asesoramiento de profesionales y con el poder de garantizar las mejores condiciones en las fábricas, establecimientos y oficinas, para evitar o disminuir el riesgo de contagio. Empecemos por convocar asambleas y eventuales medidas de fuerza si no se respetan estas condiciones. Exijamos a las decenas de sindicatos de la zona que impulse estas iniciativas, pero también tenemos que comenzar a organizarlas por abajo para no esperar sus tiempos.

El futuro no está predeterminado, frente a la catástrofe que se avecina tenemos que prepararnos desde hoy. Frente a la mayor explotación y desocupación que nos proponen los capitalistas, las ideas de la izquierda y de los trabajadores pueden transformarse en una gran fuerza en las calles y en los lugares de trabajo para que pueda cambiar el actual orden social en uno nuevo donde las mayorías trabajadoras, los desocupados, las mujeres y la juventud decidamos sobre los destinos de nuestra salud y de nuestras vidas.

Referencias:

“Prepararnos para la catástrofe que se avecina”

“Frigoríficos y jabones”

“28 de Agosto de 1934... Cuando Campana fue la Ciudad Petardo”

“Los Rocca: la historia criminal detrás del gigante de acero”







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