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500 Millas de Indianápolis: ¿Quién tomará el vaso de leche este año?

Este Domingo se corre la tradicional 500 Millas de Indianápolis. Los fanas de todo el mundo esperaremos el llamado del altoparlante que dirá, una vez más: “Ladies and gentleman, Start your engine”. Los puristas de la Fórmula 1 no gustan de la categoría norteamericana, pero si querés hablar de velocidad, acá está el Templo de la velocidad.

Sábado 28 de mayo de 2016 | Edición del día

El circuito es básico: un poco más de 4 kilómetros de un óvalo peraltado (una inclinación de unos 10 grados), hecho para buscar velocidad y entrar en la succión. La carrera es simple: correr unas 200 vueltas a todo lo que da, casi sin poner cambios. Todo lo contrario al mítico Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1, ese callejero con chicanas, variantes por todos lados y túnel incluído. El propio Michael Schumacher desprotricaba contra la IndyCar y sus óvalos, porque allí no se demostraban, según él, las aptitudes conductivas, aumentando a su vez la peligrosidad de los pilotos.

Pero no todos los seguidores de la Fórmula 1 pensaban igual que el alemán. Campeones mundiales de la máxima le buscaron la vuelta para correr en las 500 Millas de Indianápolis; y han ganado: Jim Clark, Graham Hill, Jacques Villenueve, Mario Andretti, Emerson Fittipaldi. Esa lista es categórica. El propio Ayrton Senna evaluó irse de la F1 para probar un Penske, un monoplaza de la Indy, allá por 1992. Ni hablemos de Nigel Mansell, quien siendo campeón de la F1 se fue a correr a la Indy, también logrando el campeonato.

El circuito está lleno de historia y tradición automovilística. Aún se cuida como oro en la línea de largada una franja del piso original, hecha de ladrillo. De allí su nombre, el “Brickyard”, donde los autos esperan el llamado que dice: “Ladies and Gentleman, Start your engine”. En la primera edición de 1911 el ganador, Harroun, largó del puesto 28. Remontada inalcanzable al día de hoy. Él pudo llegar a la victoria por un pequeño artefacto que ningún otro auto en ese momento tenía: espejo retrovisor. Gran revelación de la dialéctica de la física: para ganar en una carrera de velocidad, hay que saber mirar para atrás…

En 1936, al ganar por tercera vez, Louis Meyer festejó tomando un vaso de leche. Como no puede ser de otra manera en el imperio del capitalismo mundial, a la ocurrencia espontánea de un piloto le siguió un acuerdo entre el dueño del óvalo y la categoría, que impusieron como modalidad “brindar” con una marca específica de leche todos los años, contratos millonarios de por medio.

Emerson Fittipaldi, quien ganara 2 veces esta carrera, rompió la tradición allá en los ’90, celebrando con jugo de naranja. Claro está, el hombre tenía una producción cítrica en su Brasil natal...

Los autos van tan rápido que la sesión clasificatoria en búsqueda de la pole position no se mide por tiempo, sino por promedio de velocidad luego de 4 vueltas “lanzadas” consecutivas. El holandés Arie Luyendyk, en 1996, marcó un récord de 384 kilómetros por hora…de promedio. La copa del vencedor, la Borg Warner, se mira pero no se toca. El ganador de este trofeo de plata no se la lleva: solo se le “talla” su rostro en la misma y recibe una réplica menor, la “Baby Borg”.

Este año, el brasilero Helio Castroneves buscará una vez más llegar al pináculo de los máximos vencedores de la historia de este óvalo, dado que le falta una sola victoria para obtener cuatro veces la Borg Warner. Este logro sólo lo tienen A. J. Foyt, Al Unser (Senior) y Ricky Mears. Ninguna mujer ha podido vencer aún en este circuito. Danicka Patrick fue la única en liderar algunas vueltas en éste óvalo, pero no pudo resistir hasta el final, logrando un tercer puesto aún inalcanzado por otra mujer.

Una de las claves para lograr la victoria es mantenerse en la misma vuelta que el puntero y estando a unas 40 vueltas del final no tener que entrar más a boxes; a no ser que una “Flag Lap” les permita buscar un cambio táctico final. Pero acá nuevamente la dialéctica de la física opera de manera contradictoria: si los autos andan “lento” están gastando mucho combustible, dado que tienen mucho combustible en los tanques, haciéndolos más pesados. Y el momento en que andan más rápido es cuando gastan menos combustible; dado que es cuando están más livianos. Entre esta relación asimétrica y logarítmica, está parte del secreto del “sprint final”.

El único argentino que ganó aquí fue Esteban Guerrieri, en una carrera memorable y peleadísima. Pero lo hizo en la categoría menor de IndyCar, la Indy Light. Igual, ¿quien le quita lo bailado?

Este domingo más de 250 mil espectadores estarán firmes en las tribunas del mítico óvalo para ver leyendas vivas como Montoya, Kanaan, el propio Castroneves. Pugnarán motores Honda y Chevrolet entre unas decenas de equipos. Algunos de estos últimos pertenecen a legendarios pilotos como Rahal, el clan Andretti o el propio Foyt. Millones estarán en todo el globo viendo esta carrea. En todo Latinoamérica estaremos prendidos a la TV, esperando a los periodistas de ESPN, Pombo y Agulla, gritar: “A lo que vinimos, Pombo!!” La cuestión es: ¿Quien se tomará el vaso de leche este año?







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