Sociedad

OPINIÓN

A siete años de la inundación de La Plata: una experiencia de solidaridad de clase

Se cumple un nuevo aniversario de la inundación de la capital bonaerense. Obras sin terminar, especulación inmobiliaria que no para. Hoy, en medio una pandemia, hay quienes buscan "humanizar" al Ejército igual que ayer. Pero la salida es colectiva y desde abajo.

Sabrina Ramírez

@sabry.ram

Viernes 3 de abril de 2020 | 15:52

Desde hace 7 años, con cada lluvia que cae en La Plata, los corazones de sus habitantes se aceleran. Entre el 2 y 3 de abril la Ciudad sufrió una de las peores inundaciones de su historia. En tan solo cuatro horas cayeron 400 milímetros de agua. Todo colapsó.

La inundación se cobró la vida de al menos 89 personas e implicó cuantiosas pérdidas para la población. El juicio abreviado que se llevó a cabo en 2019 solo estableció una multa y una inhabilitación a un funcionario de segunda línea, la impunidad a los responsables políticos sigue vigente.

Complicidad, corrupción, intereses políticos y grandes negocios inmobiliarios siguen manteniendo bajo la alfombra del encubrimiento lo que realmente ocurrió por aquellas horas.

Todavía falta un plan de contingencia y un sistema de alerta temprana. Con la última gran lluvia acaecida en febrero de 2019, quedó en evidencia el incumplimiento de las obras de infraestructura prometidas por el intendente Julio Garro y la falta de obras adicionales a las iniciadas en los barrios.

Las asambleas de inundados, familiares y víctimas siguen reclamando justicia por la política estatal que cobró la vida de decenas de personas y dejó a miles de damnificados en lo que fue la mayor catástrofe de nuestra Ciudad.

Hoy se realizó una conmemoración virtual vía facebook, de la que participaron miembros de las Asambleas de Inundados de Tolosa, Barrio Norte, Parque Castelli y Los Hornos. Además de referentes como la dirigente del PTS en el Frente de Izquierda y Delegada General Junta Interna de IOMA ATE, Luana Simioni.

La solidaridad es desde abajo

Junto a la solidaridad espontánea de la sociedad conmovida, llegaron donaciones desde diferentes regiones del país, la organización de los trabajadores también surgió como respuesta inmediata.

"Este video tiene 7 años pero no pierde vigencia. Desde nuestro partido, junto a la solidaridad de organizaciones sindicales, fábricas recuperadas como Zanón, trabajadores de distintos hospitales de Caba y provincia, estudiantes de decenas de universidades, pusimos en pie un gran movimiento para asistir a los sectores más golpeados por catástrofe. Pero también impulsamos la organización de las Asambleas de inundados en cada barrio, con eje en la exigencia de justicia por los 89 fallecidos. Porque no fue una tragedia natural, sino un crimen social, con responsabilidades políticas que hoy, siete años después, siguen impunes"

Y recordó que "en las redes sociales las asambleas se coordinaron para difundir la lectura de un documento, muchos participamos por esa via, ya que no podemos estar en las calles por la cuarentena, como hemos estado estos 7 años, exigiendo justicia y denunciando la impunidad"

En aquel momento, un ex trabajador de la fábrica textil Mafissa, Martín nos contaba: “Nos organizamos con los ex compañeros de Mafissa y empezamos a salir a los barrios. Coordinamos para venir a Las Quintas que es donde yo vivo. Me prestaron el club Islas Malvinas como para poder organizar el reparto de comida y ropa”.

En el mismo sentido, agregaba: “La gente sin darle mucha vuelta denuncia lo que está pasando en el barrio. Todas las movidas políticas: vienen camiones rodeados de gendarmes a meterse en los barrios y a descargar mercadería y colchones en la casa de un puntero que reparte para los suyos y la gente no está recibiendo nada". Ante esa situación, relataba "yo tenía compañeros con los que seguía organizado después del conflicto de Mafissa, compañeros de fierro, con los cuales pasamos noches y noches luchándola. Mucha gente se solidarizó en ese momento haciendo un corte, recibiendo un panfleto, por lo cual yo siento que tengo que salir a responder también. Si ellos me dieron una mano cuando yo la estaba peleando por mi puesto de laburo, ellos también están necesitando mi mano ahora, así que es por eso que salgo”.

Los trabajadores de Media Caña junto a militantes e independientes organizados en el PTS, también participaron en el reparto de donaciones por los barrios de Berisso.
“Nos llevamos una camioneta del laburo. Fuimos a la Cruz Roja, pero había mucho protocolo para ayudar, preferían la ayuda del Ejército, así que después de una hora de esperar fuimos al local del Partido”, recordó Cesar, ex trabajador de la fábrica.

“Después comenzamos el recorrido hacia diferentes barrios. Ese día llevábamos colchones y cuando la gente nos vio casi nos dio vuelta la camioneta, la gente obviamente no lo hacía de maldad, sino de desesperación”, y continuó: “Cuando veíamos nenes sentados en la vereda, bajábamos y le dábamos un par de leches”.

Estas experiencias de solidaridad, tienen hilos de continuidad con las que hoy, nos muestran los y las trabajadoras de Madygraf y las textiles neuquinas frente a la pandemia del Coronavirus.

El Ejército es el mismo, hoy y ayer

Aquel 2 de abril se vivió bajo un gobierno nacional, provincial y local peronista. El entonces intendente de la ciudad Pablo Bruera, se asoleaba en las playas de Brasil con su familia al momento del temporal. La ministra de Desarrollo Social estaba mucho menos preparada aún: Alicia Kirchner paseaba por Europa. La presidenta, Cristina Fernández de Kichner, reposaba en el Calafate. Los funcionarios de todas las esferas no se imaginaban ni remotamente en lo que podía quedar convertida la ciudad, el súper turístico fin de semana largo de pascuas.

Muchos denunciaron la ausencia del Estado, pero estaba presente y uniformado: efectivos del regimiento 8 de Caballería Blindada Cazadores “General Necochea” con cuarteles en Magdalena, del Regimiento 7 de Infantería con sede en las cercanías de La Plata, del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín” y unidades de la Policía Militar y Gendarmería; hicieron gala de sus “conocimientos” en repartir donaciones de colchones, agua y comida, que en realidad llegaban de todas partes del país, era solidaridad de las y los trabajadores.

Otra de sus tareas consistió en reprimir a aquellos vecinos que se organizaban para protestar en reclamo de medidas urgentes que nunca llegaron. Bajo el lema "la patria es el otro", la ciudad se inundaba no sólo de agua, sino de cinismo.
En aquel momento las tropas entraron a la Universidad. Fue un hecho histórico, pusieron sus carpas en la facultad de Periodismo y Comunicación Social, cuando Florencia Saintout era decana y ya preparaba su carrera política de cara a la candidatura por la intendencia.

Como ahora, se ensalzaba la actuación de las fuerzas represivas aduciendo que “los militares que ingresaron a la sede de la Facultad, lo hicieron en el marco de una política de Defensa Nacional que reconoce su inspiración lejana en el Discurso de la Defensa Nacional, pronunciado en 1944 por el entonces secretario de Guerra, coronel J.D. Perón(…). Lo hicieron en el marco de la Constitución Nacional. Lo hicieron en una perspectiva de Derechos Humanos en la que comenzaron a ser formados los oficiales y suboficiales de las Fuerzas”. Así lo afirmó en ese momento el profesor de la Facultad de Periodismo y ex director de Comunicación Social del Ministerio de Defensa, Jorge Luis Benetti.

Histórico fue también que el Ejército permaneció en la facultad durante varios meses, las carpas verde oliva se plantaron en la puerta del edificio “Néstor Kirchner” cuando ya no se organizaba el reparto de alimentos, mientras se enseñaba en sus aulas un nuevo discurso de reconciliación y se invitaba a los estudiantes a cofraternizar y aprender de los héroes de la represión. No fue sino hasta que las y los alumnos, junto a las agrupaciones de izquierda, se organizaron para repudiar su presencia; su retirada del predio se hizo efectiva.

Hoy se repiten algunos nombres en las cúpulas gubernamentales, otros son nuevos, pero hay algo que continúa: a las Fuerzas Armadas conviene lavarle la cara otorgándole el sello de “humanitarias” mientras se garantiza el más férreo control social. En situaciones normales no es fácil obtener la legitimación necesaria para que el Ejército y el resto de las Fuerzas estén en las calles, por eso los gobiernos aprovechan las situaciones excepcionales.

Hoy otra vez son los uniformados los elegidos para organizar la asistencia sanitaria, quienes organizan los lugares de atención como en la República de los Niños o el Polideportivo de Los Hornos, la entrega de alimentos en diferentes puntos de los barrios populares u ofreciendo sus servicios para acompañar a los directivos a entregar bolsones de comida en las escuelas, con el fin de custodiar el escaso reparto de alimentos que llegan desde el Estado para que los y las docentes repartan a las familias. En realidad sólo son el preventivo que necesitan los gobiernos ante posibles estallidos sociales que surjan por el hambre.

No necesitamos que la fuerza que asesinó a Santiago Maldonado dé lecciones de solidaridad, o que la bonaerense que asesinó a Darío y Maxi recorra los barrios, para que después los periódicos titulen que la crisis generó nuevos muertos.
El 2013 dejó lecciones. La organización es desde abajo. Desde las fábricas, las escuelas, las organizaciones sociales, los estudiantes, los trabajadores.







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