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Armenia y Azerbaiyán: ¿nuevamente al borde de la guerra?

Los enfrentamientos en la región separatista de Nagorno-Karabaj en Azerbaiyán podrían convertirse en un conflicto a gran escala que involucre a otras potencias regionales. Ambos países han declarado la ley marcial.

Lunes 28 de septiembre | 09:43

El domingo se produjeron violentos enfrentamientos entre el ejército azerí y las fuerzas armadas de la región separatista de Nagorno-Karabaj, apoyados por Armenia. Aunque el número de muertos y heridos es difícil de establecer con certeza en este momento, hay al menos 23 muertos y alrededor de 100 heridos, incluidos civiles. El primer ministro armenio dijo que en respuesta a una agresión azerí, el ejército de su país destruyó dos helicópteros, tres tanques y varios drones. Por su parte, el Gobierno azerí afirma haber desmantelado 12 baterías antiaéreas armenias y haber tomado el control de varias aldeas en Nagorno-Karabaj y la región controlada por las fuerzas armadas armenias.

Los gobiernos de los dos países, así como el que gobierna Nagorno-Karabaj, han decretado la ley marcial, y la región separatista llamó a "la movilización [militar] general para los mayores de 18 años". Por su parte, el Gobierno azerí limitó inmediatamente el acceso a Internet con el pretexto de evitar las “provocaciones” armenias.

Nagorno-Karabaj es una región que se encuentra oficialmente en territorio azerí, pero está poblada principalmente por armenios y también tiene un gobierno armenio. Esta es una disputa entre las dos exrepúblicas soviéticas que ha persistido desde su demarcación en 1936 por el estalinismo en el poder. Con la caída de la Unión Soviética se produjo una guerra entre los dos estados desde 1992 hasta 1994; allí murieron unas 30.000 personas, marcando el conflicto post-soviético más sangriento. A pesar de un acuerdo de paz firmado en 1994, la situación sigue bloqueada y se informan periódicamente fricciones y enfrentamientos entre los dos ejércitos desde entonces. El punto más elevado fueron los enfrentamientos de 2016 que dejaron cerca de 500 muertos en pocos días.

Así que el pasado mes de julio ya se habían registrado importantes enfrentamientos entre los dos países. Sin embargo, los incidentes de este domingo parecen ser los más graves de los últimos años, y muchos observadores y políticos de ambos lados señalan un alto riesgo de conflicto a gran escala.

Un conflicto entre estos dos países podría tener consecuencias incalculables porque podría empujar a las potencias regionales a intervenir. Así, Turquía, el principal aliado de Azerbaiyán, declaró su apoyo incondicional acusando a Armenia de ser el "mayor obstáculo para la paz en la región". El presidente turco, Erdogan, incluso llamó a los armenios a rebelarse contra sus líderes que "los llevan al desastre".

Rusia, por su parte, pide el cese inmediato de las hostilidades. Rusia es un aliado estrecho de Armenia (sus inversiones representan el 40% del país) pero también tiene importantes intereses económicos en Azerbaiyán, por eso trata de evitar cualquier enfrentamiento en esta estratégica región que es vital para su propia defensa. En este sentido podemos interpretar la venta de armas a Azerbaiyán en los últimos años. Manteniendo buenas relaciones diplomáticas, militares y económicas con los dos países, Moscú aspira a convertirse en el árbitro de la situación.

Aunque por el momento no está claro cuáles fueron las motivaciones de estos enfrentamientos, pueden armarse algunas hipótesis. Azerbaiyán es un país exportador de hidrocarburos que en los últimos años ha gastado grandes sumas de dinero en equipamiento militar. Al mismo tiempo, aspira a exportar su gas a Europa desde sus depósitos en el Mar Caspio a través del Proyecto de Expansión del Oleoducto del Cáucaso Sur (SCPX). Se trata de la extensión a Europa de un oleoducto que va de Azerbaiyán a Turquía a través de Georgia. Con los garantes del proceso de paz (Rusia, Francia y los Estados Unidos) atrapados en importantes cuestiones internacionales e internas, Azerbaiyán podría haber decidido cambiar el equilibrio de poder a su favor en el territorio separatista de Nagorno-Karabaj que, a su vez, representa una amenaza permanente para sus oleoductos y gasoductos hacia los mercados occidentales y regionales.

Es precisamente en estos proyectos de gas donde hay que encontrar la clave de la posición turca y de las demás potencias. La ambición de Turquía es convertirse en un centro esencial para el tránsito de gas hacia el mercado europeo; por lo tanto, tiene planes de enviar gasoductos azeríes y rusos a través de su territorio, y con el descubrimiento de yacimientos de gas en el Mar Negro, Ankara afirma convertirse a su vez en un exportador de gas a Europa. Esto también explica los riesgos de la tensa situación en el Mediterráneo oriental. Rusia quiere jugar un papel de árbitro en la región, pero al mismo tiempo ve los planes de Azerbaiyán como una competencia para sus propios planes de exportación de gas a Europa.

De cualquier manera, está claro que en un mundo cada vez más sumergido por crisis económicas, sanitarias y ecológicas, los conflictos geopolíticos aumentarán. También aumentará la agresividad de los capitalistas. Un "accidente" puede desencadenar conflictos cuyas consecuencias pueden ser incalculables.







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