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Aumentos en la carne: ¿quiénes son los dueños del ganado en Tucumán?

Los empresarios de la carne vienen aumentando sus precios a casi el doble del promedio general en lo que va del año. Un negocio en el que se cruzan empresarios citrícolas, azucareros y funcionarios del gobierno.

Lunes 4 de mayo | 21:58

La ganadería en nuestra provincia no es de las actividades más importantes, apenas se produce en estas tierras el 30% del consumo interno en 23.000 hectáreas de tierra. Se trata de una actividad cuyo epicentro en la región pampeana fue desplazándose hacia el norte (sobre todo el NEA) a partir de la agriculturización de la tierras más fértiles y rentables para el negocio de la exportación de soja y otros granos.

Con poco más de 170 mil cabezas de ganado en Tucumán, la producción bovina es apenas el 6% del total nacional y el 5% de la producción del NOA. Sin embargo, nuestra provincia es el mercado interno más importante de la región.

Aunque no llega a cubrir la demanda interna, la industria ganadera no deja de ser un negocio altamente rentable. Sin importar -o mas bien contribuyendo a - el aumento de la miseria, tienden a remarcar los precios por encima del promedio general. En marzo, sobre un aumento general de precios de 3,8 en el NOA, el rubro "carne y derivados" aumentó 5,3%. En los primeros tres meses del año lleva acumulado un aumento del 15,1% cuando la inflación general acumulada en este período es de 8,3%.

La cadena de valor del sector vacuno se descompone en tres etapas: la producción primaria (cabaña, cría, recría e invernada), la etapa industrial (faena en mataderos y frigoríficos) y la comercialización (mercado interno en un 90% y exportación). La ganadería en Tucumán está focalizada centralmente en la producción primaria y sobre todo en la etapa del feedlot (engorde de ganado).

El Senasa contabilizaba en 2018 unos 2700 establecimientos en Tucumán; apenas 65 concentran la mitad de las cabezas de ganado. Entre los grandes empresarios ganaderos encontramos a funcionarios de gobierno, como el vicegobernador, Osvaldo Jaldo, o el legislador de Cambiemos Alberto Colombres Garmendia, quien forma parte de la comisión directiva de la Asociación Bradford Argentina. Entre las numerosas empresas de la familia Colombres Garmendia figura la cabaña La Asunción, con un total de 10.000 hectáreas para la cría y engorde de ganado.

El negocio también resulta atractivo para los grandes empresarios del citrus y el azúcar, quienes suelen expandir sus negocios hacia el resto de la región. El Grupo Lucci tiene como actividad principal la producción y exportación de limones y sus derivados, pero también ha extendido sus negocios al rubro ganadero a través de la empresa "Engordar SA", con 35.000 ha y 27.000 cabezas de ganado distribuidas entre Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca.

Álvaro Bulacio, cabeza del Grupo Argenti, controlante de la citrícola Argentilemon, también se ha extendido hacia la ganadería a través de Caburé SA, una empresa que maneja 15.000 cabezas de ganado en una superficie de 60.000 ha repartidas entre Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca.

La familia Otero Monsegur, dueños de la citrícola San Miguel, también tienen intereses en la industria a través de Ganagrin SA, una importante empresa agropecuaria con 18.000 ha en Buenos Aires y Entre Ríos.

Juan José Budeguer, titular de un grupo empresario que explota 21.500 ha de caña, soja, trigo y maíz, es también dueño del Ingenio Leales e Ingenio La Esperanza en Jujuy. Desde 2009, a través de la empresa Cachi Yaco se dedica a la recría y engorde de ganado con una capacidad de 10.000 cabezas de ganado.

Estos son apenas algunos ejemplos de una burguesía agroindustrial con cierta proyección regional, con intereses en el negocio ganadero y en donde se cruzan empresarios y funcionarios del gobierno. La trama completa de los dueños del ganado, y en general de los dueños de la tierra, es un secreto guardado bajo siete llaves.

Pero lo que sí se sabe es que desde hace años este sector goza de los beneficios que le brinda el gobierno de Manzur (importante empresario olivícola y uno de los funcionarios más ricos del país) y Jaldo (que suele encabezar las ferias ganaderas), a través de políticas de promoción como la alícuota cero a los ingresos brutos y la exención al impuesto a la salud pública o con subsidios como el reembolso del 20% de las inversiones en bonos del estado provincial.

La pandemia ha desatado una crisis económica que continuará después de levantada la cuarentena, agravando el fuerte aumento de la pobreza y la miseria que se venía registrando desde el año pasado. En las barriadas populares el hambre está haciendo estragos, los comedores escolares no dan a basto para cubrir la demanda de miles de familias como vienen denunciando los docentes de la Agrupación Marrón que están llamando a impulsar una gran campaña por el aumento de las partidas presupuestarias para los programas alimentarios de la provincia.

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Contra los especuladores es necesario imponer el control de precios en toda la cadena de producción y comercialización alimenticia, a partir de la formación de comités de trabajadores y vecinos. A medida que esta crisis se agrave se volverá cada vez más imperiosa la necesidad de organizar la pelea por reconfigurar la industria alimenticia de acuerdo a un plan racional a partir de la nacionalización de las grandes explotaciones agropecuarias y con crédito barato para los pequeños productores rurales para poner toda la capacidad productiva al servicio de garantizar la alimentación de todas las personas.







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