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Trabajo precario

Baret, el call center que se burla y desprecia a sus trabajadores

Desde el comienzo de la pandemia quedo más expuesta la explotación y las malas condiciones que viven los trabajadores, siendo los más afectados los informales y precarios. Quienes trabajan en Baret, están viviendo una película de terror, pero los hechos son reales

Loly Rivarola

Pan y Rosas Traslasierra

Miércoles 29 de abril | 21:27

Baret, el único call center de la localidad de Villa Dolores, abrió sus puertas en noviembre del 2017 y desde entonces fue sumando agentes de venta. Cuenta con unos 90 trabajadores que trabajan en negro y en condiciones de súper explotación. Hace unos meses a través de este medio dimos a conocer la situación que viven estos agentes. Sueldos de miseria, maltrato laboral, la mayoría de ellos jóvenes. El confinamiento agravo las condiciones de trabajo en este lugar, que ya eran graves y ahora las exigencias de la patronal pasaron a ser cada vez más delirantes, aquí te contamos la segunda parte.

Durante la primera semana de cuarentena obligatoria el call center siguió abierto de manera normal con los tres turnos de trabajo de cuatro horas cada uno, sin autorización ni medidas básicas de seguridad e higiene y exponiendo a sus trabajadores. El lugar no cuenta con alcohol en gel, los teléfonos celulares con los que se trabajan no son desinfectados y el mismo móvil es usado por tres personas el mismo día, con los auriculares pasa lo mismo, los boxes están a medio metro unos de otros, no se les provee de barbijo y hay un solo baño para todo el personal que no es higienizado, además el maltrato por parte de los jefes es moneda corriente. Un verdadero desprecio a la vida de los operarios.

Luego que la policía cerrara el lugar, la patronal les brindo tres opciones a sus trabajadores: aquellas personas que vivieran fuera de Villa Dolores podían hacer el trabajo desde sus casas y el resto hacerlo; o en el call (con las ventanas cerradas) los que vivieran más cerca o en el domicilio particular de una de las jefas, así de esta forma verificar que se cumpla con el trabajo. A muchos no les quedo otra opción que trabajar desde sus hogares ya que no pueden tramitar ningún permiso para transitar durante el aislamiento ya que están en negro y corren el riesgo de ser detenidos. A ellos la empresa les “otorgo” un teléfono con una línea activa Movistar que no funciona en la zona por lo tanto tuvieron que usar sus teléfonos particulares y pagarse un abono para poder trabajar, suena desmedido, pero es así, el costo de la llamada la abona el trabajador.

Hubo reiteradas manifestaciones de malestar ya que es muy difícil viviendo con la familia contar con un ambiente silencioso adecuado para realizar las llamadas. Varios trabajadores además son madres y padres y tienen que trabajar mientras cuidan a sus hijos. Otro problema y no menor es que Movistar sigue invirtiendo en publicidad para realizar portabilidad numérica y los call center llaman a los usuarios de otras empresas para ofrecerles el servicio, pero esos chips nunca llegan a los domicilios de aquellos que deseen cambiarse de compañía y los clientes tampoco pueden retirarlos de las sucursales porque se encuentran cerradas. Los trabajadores son obligados a engañar a los clientes garantizándoles que no quedarán incomunicados, es eso o quedarse sin trabajo, la perversidad es aún mayor porque cuando el cliente llama para hacer la queja los jefes les indican bloquear a los mismos ya que la venta fue realizada.

Esta historia de espanto no termina aquí. Durante la cuarentena dispusieron una nueva modalidad para poder realizar el pago de los salarios, a través de un mensaje de Whats App le informaron a cada trabajador que tenían prioridad para cobrar los que sumen 18 puntos al finalizar el mes, un equivalente a 36 ventas. Ya les resultaba muy difícil concretarlas antes de la cuarentena, hoy mucho más.

Hacer esa cantidad es un despropósito, los vendedores pasan más horas trabajando de las que les corresponde para poder cumplir y muchos no llegan a hacerlo, entonces su magro sueldo de $6000 es fraccionado en 4 veces o peor aún, los despiden. A esta empresa recursos no le faltan, su facturación mensual es importante. Deberían tener a todos sus vendedores en blanco con un salario bajo convenio colectivo de trabajo más favorable al trabajador, además de cumplir con el aislamiento obligatorio ya que no es un servicio esencial y garantizar el 100% del salario, sin reducción del mismo, sin suspensiones ni despidos. Sin embargo, siguen en actividad y si no llegan a los niveles de venta que pretenden le hacen pagar el costo a sus trabadores, las pérdidas las comparten con ellos, pero las ganancias no. Hasta el 20 de abril había 12 despedidos por no cumplir con las pautas de ventas. El decreto presidencial acerca de la prohibición de despidos es un mal chiste para estos trabajadores. Las patronales hacen lo que quieren y no tienen ningún control ni represalia.

Y un apartado especial merece el sindicato ATACC siglas de la Asociación de Trabajadores Argentinos de Centro de Contacto es el sindicato que debe defender los derechos de los trabajadores de call center, pero no dan ninguna respuesta a este tipo de atropellos patronales, brilla por su ausencia y en los lugares donde sus trabajadores están afiliados habilitan rebajas salariales en medio de crisis sanitaria, un sindicato de burócratas hecho a medida de las empresas.

Las condiciones de explotación y abuso de esta patronal no tienen límites. Sobradas denuncias hemos recibido en la Izquierda Diario de situaciones como las que viven estos trabajadores del Valle. La sed de ganancia de los empresarios es obscena. Quedan demostrados los límites del decreto presidencial que no contempla a más del 40% de los trabajadores informales. Se debe hacer efectiva la medida en estos lugares donde las patronales tienen vía libre para actuar a su beneficio y a la vez aunar fuerzas de todos los sectores que vienen sufriendo estos atropellos.
Los medios para que todos podamos cumplir el aislamiento sin morir de hambre en el intento, están. Basta de privilegiar a las patronales. No se puede seguir sin invertir las prioridades.







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