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Clínicas privadas en Jujuy: ¿cómo es trabajar con casos de covid?

Hace semanas se estableció en la provincia que las clínicas privadas comenzarán a trabajar con casos de COVID-19. Reproducimos en este medio la crónica de un trabajador en el área de salud de la capital jujeña.

Miércoles 19 de agosto | 14:40

Esta pandemia visibilizó muchísimas cosas, desde lo que las fuerzas represivas, como la policía, son capaces de hacer si se les da piedra libre (no olvidemos que en lo que va de la cuarentena tenemos 92 muertes en mano de las fuerzas), hasta lo precario del sistema de salud. Y no solo la salud en el ámbito público, en donde es sabido que, desde hace años, ningún gobierno ha priorizado ni financiado el sistema sanitario. Sino que también salió a la luz lo que las grandes clínicas privadas ocultaban a la vista de todos: La falta de insumos, la falta de personal y la explotación que los grandes empresarios ejercen a sus empleados. Por eso en este escrito quiero contarles cómo es trabajar en una Clínica Privada que está colapsada.

Trabajo como administrativo en una Clínica privada de la capital Jujeña. Mi trabajo consiste en recepcionar e ingresar a los pacientes. Desde el papeleo hasta acompañarlos a las habitaciones donde quedarán internados. Trabajo 8 o más horas diarias, 5 días a la semana. Estoy hace más de dos años y sigo en negro. Pero conozco a compañeras mucamas que están hace 6 y todavía no las blanquean. Y así hay muchos y muchas.
Día a día en mi puesto de trabajo vivo situaciones muy fuertes. En mis 8 horas de trabajo recibo al menos 10 llamadas de personas desesperadas buscando una cama con oxígeno. Rogando por atención médica para su abuelo o abuela, madre o padre. Y aunque nunca me capacitaron para eso (en realidad nunca recibimos ninguna capacitación en nada) en cada llamada trato de asistirlos y calmarlos, aunque muchas veces la bronca puede más, y no es para menos. Ver a un familiar morir en su cama y que nadie pueda atenderlo debe ser atroz y es algo que nunca nadie debería vivir.

Cuando de casualidad hay una cama disponible (porque muchas veces priman ciertos privilegios a la hora de encontrar una cama) , me toca ver a pacientes que ingresan por la puerta caminando y luego de 6 horas necesitan un respirador urgente o en los peor de los casos también veo a algunos salir en bolsas negras. Porque la tasa de mortalidad en la clínica se elevó muchísimo. Entre Julio y Agosto vi morir a mucha más gente que en otros meses, y ni siquiera son contados como muertes por covid 19, porque en muy pocos casos se los testea.

Ingresan con un cuadro de Neumonía y tal vez una sospecha de COVID-19 y para que los testen los familiares deben pagar 3.000 pesos. Ni hablar si la familia no posee el dinero o si no llegan a tiempo a hacer el test, y una vez que el cuerpo está dentro de la bolsa y precintado, ya no se lo testea, ni siquiera los familiares pueden ver el cuerpo.

Pero sinceramente creo que lo peor no lo veo ni lo vivo yo. Sino los y las enfermeras que están en contacto directo con los pacientes. Ellas laburan sin descanso, literal. En estos meses no tuvieron ni un solo día de descanso y son recargadas constantemente llegando a trabajar 16 horas por día y hasta 24, porque según los patrones, no pueden solventar a más personal. Verlas día a día con sus ojeras, consumidas y decaídas me da bronca. Verlas descomponerse de tanto trabajar, de tanto estrés, de tanto miedo de no contagiar a sus hijos e hijas por no perder el trabajo y poder dar de comer en sus casas genera odio contra esos que vienen una vez al mes a decirnos que no nos van a poder pagar el mes completo. Qué el aguinaldo no se va a depositar y que tenemos que poner entre todos para que la clínica funcione. Pero lo que están poniendo los y las enfermeras es la vida, no hay comparación.

Desde adentro se vive así. Pero no se baja los brazos. Se trata de mantener la moral y los ánimos arriba. Constantemente estamos entre todos dándonos ánimos, ayudándonos en lo que podemos. Apoyándonos. Porque sabemos que somos la primera línea y porque tenemos que llevar a casa el pan para nuestros hijos. Tratamos de no naturalizar todo lo que está pasando aunque hay muchas presiones de todos lados. El gobernador dijo varias veces en las transmisiones del COE que “tenemos que convivir con el bicho” o que “es culpa nuestra que nos contagiemos porque no nos cuidamos y salimos”. Pero la verdad es que es culpa de ellos y de los empresarios, esos que los que nos mezquinan barbijos, de los que nos cuentan la cantidad de guantes que usamos, de los que ni una máscara nos dieron.

Por eso es tan importante organizarse entre los compañeros y compañeras de la salud, como vienen haciendo trabajadores de la provincia que participaron de una asamblea nacional de trabajadores de la salud convocada por el Movimiento de Agrupaciones Clasistas, en la que participaron más de 600 trabajadores de todo el país.

Porque organizados no estamos solos, no sólo para mantener la moral, sino también para denunciar cada uno de los atropellos que hoy estamos viviendo y poder encontrar una salida de los trabajadores y trabajadoras a esta crisis sanitaria, económica y social, y lograr la fuerza necesaria y exigir a los sindicatos que hagan asambleas para votar un plan de lucha, para pelear por medidas como la de centralizar el sistema de salud público y privado con control de los trabajadores y exigir al estado y las empresas que se blanquee a cada trabajador y trabajadora y que quienes están contratados pasen a planta permanente, pero también para exigir un impuesto a las grandes fortunas como la del empresario Blaquier que podría equipar al sistema de salud con respiradores, camas para terapia e infraestructura, para que no muera ni un trabajador más de la salud por falta de elementos de bioseguridad.







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