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TURISMO CARRETERA

Como un Gran Premio de antaño, Chevrolet ganó en Olavarría

Carrera atípica. Los 500 kilómetros prometían mucho, en este nuevo TC que nada tiene que ver con los autos setentistas. Fue para Chevrolet, o lo que queda de él. Un guiño internacionalista en un primero de mayo, día mundial de la clase obrera: el uruguayo Lambiris salió segundo. Pros y contras de este tipo de carreras.

Lunes 2 de mayo de 2016 | 00:43

Foto: sitio de ACTC

Hay que animarse a los cambios. Ya lo dijimos el año pasado: esto ya no es el Turismo Carretera, al menos el que durante décadas vimos animar entre Chevrolets, los del óvalo, Toros y Carneros (Dodge). Pero las hinchadas perduran y el espectáculo fierrero lo siguen decenas de miles carrera tras carrera, detrás del mismo alambrado de toda la vida. Los nuevos autos se parecen más a la NASCAR estadounidense, y solo faltaría un óvalo para emular las 500 millas de Daytona o Indianápolis. Pero esta carrera, de 500 kilómetros (3 horas de carrera), también fue un guiño a la vieja época de los Grandes Premios del Turismo Carretera. Ésta vez fue en un autódromo, en la ciudad del cemento: podría haberse llamado "La Gran Vuelta de Olavarría".

Carrera atípica por la extensión: los autos debían presentar dos pilotos para su conducción, por turnos. Con la obligada carga de combustible (esto fue lo más parecido al viejo TC, con esa carga manual del tanque, casi sin elementos de seguridad), los boxes prometían movimiento. Entre los pilotos hubo grandes próceres que se subieron al volante: Tito Bessone, Marcos y José Luis Di Palma, entre otros, mostraron su clase. Marquitos estuvo bien: hizo un homenaje a Ayrton Senna en el aniversario de su fallecimiento, corriendo con el traje antiflama del Williams Rothmans del brasilero, saludando a su vez a los trabajadores en su día.

Abrió el camino el Ford del Gurí Martínez, actual campeón, seguido por los Chevrolet de Rossi y Ortelli. Pero si hay que destacar a un piloto en esta "primera etapa" de la competencia, es a Josito Di Palma, con su Torino. Dio el mejor espectáculo, remando desde el séptimo puesto hasta la primera colocación. La hinchada "nacionalista" del Torino festejaba: aquel auto que construyeran los obreros que participaron del Cordobazo y que pusieran en primera plana internacional con la proeza del Loco Di Palma y Cía. en Nurburgring de 1968, punteaba la carrera con otro tándem Di Palma: el hijo y el nieto del mítico piloto arrecifeño.

Pero el golpe de escena estaba por venir: luego del primer recambio de pilotos, el Toro se vio desfavorecido por un Pace Car prematuro, que lo dejara atrás del auto puntero, pero con una vuelta menos. Irremontable. Desde aquí hasta el final de la carrera, unas largas 2 horas, fue un peregrinar de autos y pilotos en boxes, rotando puestos en la grilla de posiciones, estableciéndose estrategias diferentes según los casos. Es de destacar el octavo puesto final conseguido por el Torino de González-Ramos, que apostaron a 3 paradas y no les fue nada mal.

El intermedio largo de la carrera tuvo como condimento la rotura del único Ford competitivo, el del Gurí; y tuvo en el compañero de pilotaje de Rossi, Guerrieri, un actor protagonista. Comandó las acciones con estilo seguro, mostrando porqué es el único argentino que ganó en la meca del automovilismo mundial, Indianápolis. Los Dodge de Spataro y Trucco fueron parte de los grandes batalladores que se animaron al todo o nada, pero los fierros y la falta de nafta en el segundo, les jugaron una mala pasada. Hasta las lágrimas llegó Cráparo, el joven compañero de Trucco de gran papel durante la carrera.

Esa falta de nafta también la sufrió en el primer recambio el Chevrolet del campeonísimo Ortelli, quien quedando relegado volvió al ruedo con el piloto Kholer, pasando incluso al primero de la competencia, pero con vueltas menos. La carrera estaba en una meseta, la ventaja de Guerrieri era grande, y el medio pelotón se cuidaba. Allí pudimos ver una verdadera carrera de regularidad, manteniendo el ritmo del motor y evitando que los frenos terminen de desgastarse. Los otros 3 Pace Car ayudaron al enfriamiento y a los relanzamientos también, para entretener un poco más en la fila india. Quizás Bonelli con el Ford, con trompo incluído, fue el mejor representante de los resistentes, conquistando una destacadísima 4ta ubicación final para el mejor auto del óvalo, y con presupuesto limitado.

Sobre el final apareció otro Torino, el del uruguayo Lambiris, que si no fuera por la gran máquina de Rossi-Guerrieri, hubiese sido un triunfo internacionalista en el día mundial de la clase obrera. No pudo ser, pero obtuvo el segundo puesto, y detrás de ellos, el Dodge de Basso-Serrano, de una labor prolija de principio a fin. En el Turismo Carretra no gana un uruguayo desde 1938...

Pasó Olavarría, y si bien no trajo una carrera de grandes "sorpassos" tuvo varias etapas. Para quien escribe esta nota, a esta categoría le cae bien las carreras largas. Se adecuan al nivel de motorización, y un poco de "endurance" para ponerlos a prueba les permite mostrar la capacidad de esos fierros. Ya no es el Turismo Carretera de antes, queda claro y a pesar de que a algunos no nos guste llamar "Chrevrolet" o "Torino" a las nuevas máquinas, es cuestión de constumbres... Y de todas formas es una buena categoría para poder desarrollar carreras largas. Fuera de esta opinión personal, lo que sí queda claro es que a Rossi le caen muy bien este tipo de carreras. Fue en este mismo circuito que Rossi hizo el año pasado la remontada histórica desde la última colocación hasta el triunfo, en otra carrera de mayor duración.

Resultados finales. Visitá:
http://actc.org.ar/tc/carrera-online/2016/tanda-finalizada/fecha-5-olavarria_510.html







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