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RAYO VALLECANO

Contra el racismo, la represión y el fútbol negocio

Sábado 29 de noviembre de 2014 | Edición del día

Como este título reza la página de presentación de los Bukaneros, un grupo de simpatizantes del Rayo. Este pequeño club de Vallecas, que causa simpatía a muchos amantes del fútbol, esta semana volvió a ser protagonista: una vecina del club, Carmen, de 85 años, estaba a punto de ser desalojada producto de la burbuja inmobiliaria española y fue el propio Rayo Vallecano el que se comprometió a hacerse cargo de su vivienda. El hecho de que el club se haya hecho cargo de la vivienda de Carmen es más que nada un gesto a sus simpatizantes e hinchas, reconocidos por su antifascismo que llevan a lo largo y a lo ancho del Estado Español.

El colorido y las fiestas de los estadios argentinos son famosos en el mundo entero. Más de una vez hemos escuchado que alguien se hace hincha de un equipo conmovido por su hinchada, o fuimos testigos de cómo las miradas se concentran en las tribunas cuando un equipo pisa el césped porque en ese momento las protagonistas son las miles de gargantas que dan un show por el que muchos pagarían una entrada.

Pero también son las canchas argentinas el lugar donde abundan las canciones xenófobas y homofóbicas, por lo que llegamos a ver casi con asombro actitudes como las de los hinchas del Rayo Vallecano, capaces de recibir con bengalas tanto a su equipo como a los mineros de la Marcha Negra cuando entraban a Madrid o colgar banderas que digan: “Lucha obrera, huelga contra el capital”, “"Luchar es nuestro destino, con la rabia de un niño palestino, stop genocidio de Israel”, o “Los desahucios de un Estado enfermo, la solidaridad de un barrio obrero”.

En este camino hay pocas hinchadas, donde quizás debería agregarse a la del St. Pauli alemán -que se convirtió en el primer club en prohibir oficialmente los símbolos fascistas y las actividades nacionalistas en las tribunas-; mientras que, por su parte, no son pocas aquellas aficiones fascistas como la de la Lazio italiana o los propios Ultra Sur del Real Madrid.

Las discusiones sobre hinchadas argentinas nos llevan para otros lados, menos “ideológicos” quizás y un poquito más mercenarios. Nos llevan a los negocios de dirigentes, políticos y policías y a eso que llaman “violencia en el fútbol”, que no es otra cosa que lo que emergió cuando alguien se dio cuenta que había un nicho más para lucrar fusionando los negocios del fútbol y la política capitalista.

Aquellos que se llaman “barras” son en realidad mercenarios de la política y el dinero, dispuestos a ofrecer sus servicios a quien los pague, ya sean políticos, empresarios, o burócratas sindicales en aprietos. Los asesinatos en el fútbol argentino producto de disputas “internas” no son más que un eufemismo para llamar a la connivencia de dirigentes y políticos (y policías) para organizar esos negocios, ya sean reventa de entradas y “estacionamiento cuidado” en partidos y recitales, puestos de ventas de comida o cualquier cosa redituable que se les ocurra.

Son sumas millonarias, al punto de que hay demasiada gente dispuesta a matar y a morir por esa cantidad de plata. Y, como si fuera poco, después los dirigentes del fútbol y los políticos utilizan a los barras para dirimir sus propias internas, mientras se echan culpas unos a otros patéticamente, como esta semana lo hacían D’Onofrio, presidente de River, y Capitanich, jefe de Gabinete de Ministros, luego de la gresca que hubo en la confitería del club el martes 25 de noviembre.

Otra cosa muestra la afición de este club de la barriada obrera de Vallecas, fundado un 29 de mayo de 1924, cuyos hinchas intentan no dejarse colonizar por el negocio del fútbol, pero del que no pueden salirse. Ya desde 1991 se ha transformado en una Sociedad Anónima Deportiva y hasta su banda roja vino como una exigencia producto de un acuerdo con el Atlético Madrid en 1949, que exigió modificar sus anteriores colores de remera y pantalón blanco y medias negras.

Hoy muchos de sus hinchas resisten a este fútbol negocio cada fin de semana en el “Nuevo Estadio de Vallekas” o, como también se lo conoce, el “futbolín de Vallecas”. Entre ellos están Pulpul y sus amigos de Ska-P que tocaron este fin de semana en el estadio de Ferro, y Alfon, un joven activista integrante de los Bukaneros detenido durante la huelga general del 14N en noviembre de 2012 y víctima de un montaje policial.

Estas resistencias son también las que nos recuerdan cada fin de semana cómo los negociados nos impiden disfrutar plenamente la belleza del fútbol mientras los capitalistas siguen imponiendo la agenda, e ir al estadio sea cada vez más un privilegio del que pueden disfrutar cada vez menos personas, en Europa o en América Latina.







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