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Red Internacional

Continuamos en plan de lucha. Una destacada delegación del turno noche recibió la tercera jornada de paro que comenzó el jueves 1 de julio a primera hora de la mañana. Exigimos aumento salarial, luchamos contra la insalubridad y la precarización.

Los distintos sectores del hospital fueron colgando los carteles para hacer visibles sus reclamos. “Con mi vocación no pago el alquiler”, “Aumento salarial ya”, “No somos Frávega, no cobramos en cuotas”, “Plus del 20 % para sala COVID”, contra la precarización en el equipo de colecta de sangre, contratadas sin licencia ni vacaciones, “No al bono LIMOSNA”. “Una enfermera no puede vivir con $ 45.000”.

El hartazgo por sostener hace más de un año y medio de pandemia las salas colapsadas se hizo sentir en cada charla en grupos, en cada bandera y cartel. Muchos de ellos pegados al lado de los afiches de UPCN que empapelaron todo el hospital con la mentira del 45% en 4 cuotas (11, 5, 9 y 10%), intentando con esa suma miserable evitar la participación en el paro.

Varias intervenciones de compañeras conmovieron la asamblea. Una compañera del turno franquero planteó que después de trabajar 14 horas en el área covid, al salir le temblaban las piernas. Un compañero del sector imágenes denunció que la precarización impacta en nuestra salud y esto se vive en el hospital a diario.

Sin embargo, nada de estas denuncias, que son parte de la realidad que nos golpea día a día, quitó la alegría de estar juntos y en lucha. No faltaron los tangos, pero tampoco el “¡Presente!” y los aplausos cada vez que se nombraba cada uno de los sectores: UCI 35, Laboratorio, UCI 44, UCI 45, Camilleros, Rayos, Farmacia, Neo, Centro Quirúrgico, Caipho, Docencia, CIM 73, CIM 74, CIM 75, CIM 42, CIM 41, CIM 32, Consultorios, Emergencia, Endoscopia Digestiva, Quemados, Adolescencia, Hemoterapia, Equipo de Colecta de Sangre, Ayudantes de Servicio, Mantenimiento, Camilleros, Esterilización, UCE.

Una compañera contó que es su primer paro y fue muy aplaudida luego de convocar a cortar la calle y “molestar”, “hacer visible nuestro reclamo”, sacarlo afuera de las puertas del hospital. Compañeros que recientemente pasaron a planta permanente contaban su primera experiencia. Como venimos denunciando, nuestros salarios están muy por detrás de la canasta familiar y las condiciones insalubres de trabajo se profundizaron con la pandemia. "Nuestro trabajo es esencial, la primera línea quiere aumento salarial", fue otra de nuestras canciones durante el paro, la tercera jornada de lucha en la segunda ola. Ni bonos miserables que nunca llegan, ni sumas fijas, ni migajas. Sueldos con los que podamos vivir. Los datos actualizados del INDEC, muestran que la canasta básica mensual para una familia es $ 96.800 para cubrir los consumos mínimos de una familia y no caer en la línea de pobreza. En el hospital la mayoría no supera la mitad de esa suma.

Pluriempleo, jornadas extenuantes, recarga de trabajo son el común denominador entre los compañeros y por eso también exigimos un régimen de insalubridad que contemple el agotamiento y/o envejecimiento prematuro.

La Junta Interna ATE del hospital anunció que el Consejo de Administración convocó a UPCN y a SUTECBA, pero no recibe a los delegados paritarios votados por la asamblea y no faltó la dedicatoria: “¿Dónde estás UPCN, a dónde estás?, negociando con el Consejo una vez más, la rebaja salarial”.

Es que el Consejo de Administración del Garrahan está conformado por directivos kirchneristas que, poco antes que Ginés García fue despedido por el Vacunagate, anunciaron junto al ex ministro, el Convenio Colectivo de Trabajo. Buscando aumentar la precarización en el hospital. Es el mismo consejo que avaló el recorte presupuestario del macrismo. Son parte del Gobierno que, mientras aplauden a los trabajadores de la salud, recortan el 9,4% del presupuesto destinado a la salud pública nacional en plena segunda ola.

A su vez, seguimos con las charlas informativas sobre el Convenio Colectivo de Trabajo que UPCN, SUTECBA y ATE Nacional insisten en implementar de espaldas a los trabajadores. La elaboración de un proyecto propio de los trabajadores y discutido en asamblea es la única respuesta posible a una reforma laboral que intenta seguir degradando nuestras condiciones de trabajo. Exigimos también el pase a planta de contratados y tercerizados porque en el hospital todos somos esenciales y no queremos más precarización.

No faltaron debates acerca de las posibilidades de profundizar la lucha, de continuar con el paro escalonado e indeterminado o esperar y sumar más compañeros. Desde la Agrupación Marrón Clasista reivindicamos la unidad que crece en las asambleas. La dirección del hospital intenta dividirnos entre planta permanente, contratados tercerizados, entre los distintos sectores y tramos, entre los que estuvimos sosteniendo las salas en toda la pandemia y los compañeros que estuvimos de licencia por ser parte de los denominados grupos de riesgo. Denunciamos que es necesario el ingreso de personal y que no se exponga a los trabajadores, siendo que ya hubieron más de 500 muertes evitables en lo que va de la pandemia.

También planteamos la necesidad de buscar el apoyo de nuestros pacientes y sus familias. Nuestro compañero Esteban Argañaraz propuso una carta a la comunidad para extender el apoyo a nuestro reclamo, que fue votada en la asamblea general por unanimidad. Con el camino de lucha que marcaron los elefantes de Neuquén nos preparamos para defender la salud pública.

La Asamblea General también votó un paro de 48 horas el martes 6 y el miércoles 7 de julio, con corte de calle a las 13 horas. Esta votación se suma al paro franquero del domingo 4 de julio. Finalizada la asamblea fuimos a cortar la Avenida Entre Ríos, donde tomaron la palabra compañeras que se solidarizaron con nuestra lucha, entre ellas Alejandrina Barry, legisladora porteña electa mandato cumplido del PTS/Frente de Izquierda Unidad (FIT-U).

El paro continuó en el turno tarde y el turno noche, donde las compañeras que están bancando la medida recibieron aprietes de las supervisiones. “Ahora somos esenciales, para cubrir las salas, pero no para un aumento salarial y mejorar nuestras condiciones cuando desde el principio de la pandemia tuvimos que pelear por cada barbijo, equipo de protección, sin licencias ni teletrabajo”. La medida se sigue profundizando y extendiendo en el gigante pediátrico.




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