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Red Internacional

¿Convalidar la estafa de Vicentin y Macri o estatizar la empresa para el pueblo trabajador?

En medio de una situación económica precaria y de penurias que sufren las mayorías populares la noticia irrita doblemente: como parte de maniobras escandalosamente fraudulentas Vicentín declaró un default por alrededor de U$S 1000 millones y amenaza con el quiebre de la empresa.

Jueves 30 de enero de 2020 | 09:49

En medio de una situación económica precaria y de penurias que sufren las mayorías populares la noticia irrita doblemente: como parte de maniobras escandalosamente fraudulentas Vicentín declaró un default por alrededor de U$S 1000 millones y amenaza con el quiebre de la empresa. Vicentín lejos de tener crisis es una de las más grandes agroexportadoras de Argentina, controló la Bolsa de Comercio de Rosario, amasó fortunas durante décadas (y a través de gobiernos nacionales y provinciales de todos los signos políticos incluyendo a varias dictaduras) y lo que está haciendo es un fraude contra el pueblo trabajador: no hay que permitirlo. Hay que expropiar a estos ladrones y estatizar la empresa bajo control de los trabajadores, vecinos y organizaciones ambientalistas.

¿Quién es Vicentín?

Vicentín es una empresa de capitales santafesino, que surge en el norte de la bota en 1929, en la ciudad de Avellaneda. Emblema, mascarón de proa del agro local, la empresa llegó a convertirse en la segunda agroexportadora a nivel nacional y, por ende, una de las más importantes a nivel global. Hablamos de una empresa que participa en actividades de molienda, carnes, algodón y también en la producción de glifosato e insecticidas. Un monstruo (en todo sentido).

Un ganador entre los ganadores, no importa quién gobierne

Vicentín, como parte de las grandes aceiteras, siempre gana. Siempre. En 2014 el portal Infocampo decía que facturó 2.800 millones de dólares anuales. En 2018 vendió productos por la friolera de 118 mil millones de pesos y tuvo ganancias por 1.800 millones de pesos, quedando como sexta exportadora de Argentina, despachando cerca de 300 barcos entre granos, harinas y aceites. En el primer cuatrimestre 2019 declaró haber exportado 2,6 millones de toneladas en total, concentrando el 21% de la molienda de soja y el 24% de la de girasol del total nacional. Además, está asociada al grupo Glencore, la multinacional número uno en manufactura de alimentos y comercialización de materias primas en el mundo.

Vicentín, como parte de las grandes aceiteras y terratenientes, fue una activa impulsora de la devaluación del peso, especulando con el precio del dólar. Al ser los principales acopiadores de granos a nivel nacional, estos sectores guardan los cereales hasta crear mejores precios para la venta. Así, logran simultáneamente que aumente el precio del dólar (y se devalúe el peso y los salarios) y el de los alimentos de primera necesidad. Son enemigos del pueblo.

No es, como se ve, una empresa en crisis. Todo lo contrario. Es un coloso, con plantas en el norte de Santa Fe y otras plantas y puertos en el Gran Rosario, en el cordón de San Lorenzo. Vicentín es parte de la conducción de Terminal Puerto Rosario (TPR) y tiene la concesión de la terminal 1 y 2 a través de la empresa Ultramar de la cual es accionista. El ex gobernador socialista Miguel Lifschitz, poco tiempo antes de terminar su mandato, le prorrogó innecesariamente la concesión que vencía en el 2032 hasta el 2057.

Gracias a gobiernos peronistas y progresistas, durante décadas pagó nada de Ingresos Brutos, mientras a pequeños productores o comerciantes los matan con impuestos. Tal es el peso de este monstruo, que el capo de la compañía Alberto Padoán fue presidente de la estratégica Bolsa de Comercio de Rosario, incluso teniendo espalda para soportar un procesamiento por aparecer involucrado en el caso del cuaderno de las coimas.

Un crédito fraudulento

A pesar de las cifras extravagantes de facturación y ganancias, Vicentín pidió un crédito por 18 mil millones de pesos al Banco Nación, otorgado de manera bochornosa y delictiva por su entonces presidente, Javier González Fraga. El crédito, una estafa por donde se la mire, no es casual: Vicentín fue el mayor aportante a la campaña electoral de Juntos por el Cambio (puso 13,5 millones de pesos) y su presidente Padoán fue un activo militante para alinear a la Bolsa de Comercio con el gobierno anterior.

¿El gobierno de Alberto Fernández y el de Omar Perotti van a avalar y convalidar este fraude escandaloso contra el Banco Nación y todos los argentinos?

Vicentín, una empresa de la dictadura

Como todos los grandes colosos empresariales Vicentín se enriqueció y consolidó bajo la última dictadura militar, haciendo negocios con el Estado gracias a la unidad de propósitos con la sanguinaria dictadura de Videla y cía. Como lo relata la periodista Ana Fiol, al menos 22 obreros, entre ellos los 14 delegados de sección, fueron secuestrados entre enero y noviembre de 1976. La empresa los señalaba y los milicos se los llevaban, muchas veces desde dentro de la planta, con telegramas de despidos truchos que llegaban cuando los obreros estaban en cautiverio.

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Una empresa antiobrera por donde se la mire: esta actividad genocida había sido abonada a comienzos de la década del 70, cuando la empresa generalizó prácticas anti sindicales (con detenciones incluidas) para frenar el proceso antiburocrático que ganaba peso en obreros cansados de accidentes evitables en una empresa pujante.

Durante años de gobiernos del Frente Progresista y del peronismo en Santa Fe, y del peronismo y Cambiemos a nivel nacional, nunca se tocó a los responsables civiles y empresariales de la dictadura.

Amputaciones, accidentes, muertes

Según relata el dirigente y ex delegado Efrén Venturini, ya en 1974 los obreros de Vicentín lanzaron una huelga frente a la repetición de accidentes que costaban dedos, manos, quebraduras, incluso una muerte. Los accidentes son de nosotros. Las ganancias son ajenas.

Estos métodos productivos arcaicos y sangrientos se generalizaron con la precarización laboral conquistada durante los 90 y sostenida bajo los gobiernos en las últimas décadas pasadas. Al menos 6 obreros muertos tuvo Vicentín durante los últimos años. En uno de los casos, un obrero supuestamente cayó desde una altura de 4 metros pero el cuerpo presentaba lesiones claramente más graves. En otro caso, el de Ramiro Burgueño, muerto por las pésimas condiciones de trabajo, dos jefes fueron procesados. Durante todo el proceso judicial la familia sufrió hostigamiento, los testigos fueron apretados y quebrados, cambiando su testimonio. Toda la magnitud de la impunidad empresarial quedó a la luz y Vicentín estaba en el foco. Nuevamente: esta asqueante impunidad en los casos de muertos o “rotos” en accidentes laborales, son una constante en el cordón industrial, como se vio en los más recientes casos de Bunge y Cofco. Los obreros pagan con sus cuerpos la fiesta ajena, ante las autoridades provinciales del Frente Progresista (y antes del peronismo) que no hicieron absolutamente nada.

Empresas y puertos

Vicentín y las grandes aceiteras parasitan un virtual monopolio privado del comercio exterior. Puertos desde los que se van la mayoría de las exportaciones de Argentina, es decir que un formidable recurso estratégico para defensa de la soberanía nacional es controlado por pulpos como Vicentín o Bunge, o multinacionales como Cargill. Teniendo bajo control esta verdadera posición estratégica, las grandes aceiteras apuestan burdamente a la devaluación de la moneda, es decir, a la pulverización de los salarios de la clase trabajadora y de los ingresos de la clase media. Total, ellos aumentan sideralmente sus ganancias en pesos.

Por otra parte, mientras el hambre acecha a un sector enorme de la población y la pobreza alcanza al 40% de los argentinos y las argentinas, las grandes cerealeras, pooles de siembra y grandes terratenientes especulan con el acopio de granos y con la liquidación de la cosecha. Además, son un factor clave para el encarecimiento del pan y de todos los alimentos derivados de los granos, fundamentales en la canasta básica para la mayoría de los hogares. Nuestro hambre es el negocio de las cerealeras. Y Vicentín está a la cabeza de ese verdadero curro social.

Durante los años del gobierno del Frente Progresista las aceiteras fueron las virtuales dueñas de la provincia. Ellas fueron el poder real que controló la economía y el destino de toda una provincia, todo bajo la aprobación supuestamente “progresista” del gobierno, que hizo vista gorda ante la contaminación, ante los accidentes donde murieron obreros y ante el bochornoso hecho de que un puñado de empresas manejen virtualmente el conjunto de la economía de toda una provincia. Así, en lugar de partir de la enorme riqueza de las tierras y los puertos para resolver las grandes necesidades populares, como el hambre, la pobreza, la falta de viviendas, se convalidó desde el Estado una fiesta para una minoría social privilegiada que fue una tragedia para las mayorías populares.

En uno de los aspectos se pudo ver brutalmente este rol de las aceiteras, y la brutal complicidad del Frente Progresista-PS, es en la política impositiva: mientras el gobierno del Frente Progresista mató a impuestazos al pueblo trabajador, estos monstruos prácticamente no pagaron ingresos brutos. Perotti puso apenas un parchecito, subiendo un poco los Ingresos Brutos a empresas que son los grandes ganadores nacionales de los últimos años.

Puertos y narcotráfico

No es casual el enorme peso que fue ganando el narcotráfico en las últimas décadas y sobre todo en los últimos años: los puertos de Gran Rosario y de Santa Fe no cuentan con los mínimos controles para la entrada y salida de productos del narco. Pero el Estado, como dijimos, no controla lo fundamental: los propios puertos. Así, mientras se ilegaliza el consumo de drogas, criminalizando al consumidor, los puertos controlados por empresas como Vicentín son verdaderos coladores utilizados por el crimen organizado con paraguas policial. Soja, cerealeras y narcocriminalidad son realidades que caminan juntas y a la par.

Vicentín y las cerealeras destruyen el medio ambiente

El desprecio de las aceiteras por la vida del pueblo trabajador y su situación económica, es también un desprecio por la salud y por el cuidado del medio ambiente. Las aceiteras maximizan ganancias mientras contaminan los ríos, así como los grandes productores, ligados por múltiples lazos con eses empresas, envenenan el suelo, el aire y los productos con glifosato y otros agrotóxicos.

Sectores de las poblaciones y organizaciones que pelean con tesón, como Paren de Fumigarnos, denuncian habitualmente esta realidad silenciada por gobiernos socialistas-progresistas, peronistas y macristas.

Para mejorar la producción de granos, las cerealeras utilizan Benceno, entre otros químicos, y los deshechos son vertidos al río. Dos cerealeras, Agroexport y Servicios Portuarios, fueron condenadas por esta práctica, que en realidad involucra al conjunto de estas empresas, Vicentín incluida. En este caso, el control de los puertos es proteger la salud del conjunto de la población del Gran Rosario, del cordón industrial de San Lorenzo, de toda la Santa Fe agraria. El pueblo de Mendoza dio una enorme lección al conjunto del pueblo trabajador demostrando que la salud, que nuestras vidas, valen más que las ganancias de los empresarios bancados por todos los gobiernos.

Cortar por lo sano: no hay que convalidar el fraude, hay que estatizar a Vicentín

Ha quedado sobradamente demostrado que Vicentín encabeza un fraude que, de consumarse, pagaremos todos los trabajadores y el pueblo de Argentina. Empresarios millonarios, que amasaron fortunas como ningún otro sector de la población, se da el gusto de robar un crédito con el Banco Nación, mientras apoyó financieramente como nadie a la campaña electoral del macrismo. Durante años el conjunto de los gobiernos han bancado el accionar de las empresas cerealeras, algo que hemos criticado siempre desde la izquierda.

Pero esto es demasiado: ¿el gobierno va a convalidar el accionar de esta verdadera asociación ilícita entre una empresa sin escrúpulos y un gobierno servil? ¿Se va a permitir un fraude que, si se deja correr, terminará con un curro entre Vicentín y la multinacional suiza Glencore? Hay otro camino posible.

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Hay que cortar con lo sano y hacer de Vicentín un caso testigo. Los gobiernos nacional y provincial no pueden permitir que ganen los empresarios y especuladores a costa de la plata de los argentinos, como lamentablemente están haciendo con la deuda ilegítima e ilegal que contrajo Macri. Por eso reclamamos que Vicentín se estatice para atacar el problema del hambre, la desocupación, la contaminación y el narcotráfico. Vicentín debe ser expropiada sin pago y puesta a producir bajo control de los trabajadores, en común con organizaciones de vecinos de los pueblos involucrados, y organizaciones ambientalistas y profesionales de las universidades nacionales que podrían hacer un control del impacto ambiental de la producción.

Una empresa así bajo gestión pública permitiría mantener los puestos de trabajo, facultaría al para Estado intervenir de manera directa en la formación de precios (evitando aumentos especulativos) en el mercado cambiario, para evitar devaluaciones y golpes de mercado y mostrar que se puede producir sin dañar el medio ambiente, garantizando plenos derechos para los trabajadores, tanto para organizarse como para resguardar su seguridad e higiene, evitando accidentes, con comités obreros con poder para detener la producción en casos de riesgos en la salud.

Una medida así, profunda pero justa, junto a la inmediata derogación de las concesiones privadas de los puertos que desde los 90 dominan los que son propiedad de la provincia, permitiría que este escandaloso manejo empresario tenga una salida a favor del pueblo trabajador, en el camino de la estatización de todas las grandes aceiteras y del monopolio del comercio exterior.

Por eso llamamos a sindicatos, organizaciones ambientalistas, de derechos humanos y estudiantiles, a pronunciarse y movilizarse a favor de la pelea por estatizar Vicentín, por una salida a favor del pueblo trabajador. Es esta salida o permitir el fraude de las multinacionales y las grandes empresas contra los trabajadores y el pueblo.




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