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Coronavirus fuera de control en Francia: Macron solo profundiza su gestión represiva

Estimaciones epidemiológicas indican que esta segunda ola puede ser más grave que la primera. Francia cuenta 40.000 contagios por día, pero se estima que pueden llegar a los 100.000 diarios. Macron solo profundiza su gestión represiva y el toque de queda, mientras que privilegia que la economía siga abierta para millones de trabajadores que corren el riesgo de contagio.

Lunes 26 de octubre | 22:05

El avance imparable de la pandemia de covid-19 en Francia ha encendido todas las alarmas. El presidente del comité científico que asesora al Gobierno, Jean-François Delfraissy, estimó este lunes que la situación de positivos no refleja la realidad y evaluó en 100.000 el número de contagios diarios en el país.

El presidente, Emmanuel Macron, lejos de tomar cualquier medida sanitaria profundiza su gestión represiva de la pandemia, agudizando el toque de queda y las multas y privilegiando que la economía siga funcionando. Esto quiere decir que millones de personas tienen que permanecer encerradas en sus casas por la noche pero salir a trabajar cada día con el riesgo de contagio que implica.

Datos alarmantes

El número de nuevos casos positivos ha superado la marca de 40.000 todos los días desde el jueves pasado. Según cifras diarias de Public Health France, el país está batiendo tristes récords con una tasa de positividad de la prueba de PCR del 17% y más de 52.000 casos registrados este domingo en solo 24 horas. El número de hospitalizaciones también sigue aumentando, 2.575 personas se encuentran actualmente en cuidados intensivos y 6 regiones ya han cruzado el umbral del 50% de camas de reanimación ocupadas. Sin embargo el panorama puede ser aún peor: el comité científico que asesora al presidente acaba de confirmar que los datos de contagios reales por día serían de 100.000 personas, y París ya registra un nivel de ocupación de camas de terapia intensiva (UCI) del 60%.

Según estimaciones epidemiológicas, esta segunda ola puede ser más terrible que la primera. El virus se está propagando más rápidamente y es probable que el invierno que está por delante sea una temporada particularmente difícil para el personal de la salud que no ha recibido ningún apoyo ni soporte real del Gobierno de Macron.

En la mañana de este lunes el jefe del departamento de enfermedades infecciosas del hospital de Pitié-Salpêtrière, Eric Caumes, afirmó que el control de la epidemia se había perdido "ya hace unas semanas" y que “el virus está tan presente entre nosotros que (...) creo que hoy ya no tenemos otra opción, tendríamos que reconfinarnos”.
Este reconfinamiento o nueva cuarentena que, por tanto, parece inevitable para el especialista en enfermedades infecciosas ante tal resurgimiento de la epidemia, se explica en gran medida por la deplorable gestión de la crisis por parte del Gobierno.

Una estrategia oficial catastrófica

Si bien desde finales de agosto el número de nuevos casos diarios ha superado la marca de los 10.000, el gobierno prefiere apelar a la “responsabilidad individual” de todos para librarse de cualquier responsabilidad durante este rebrote.

Macron ensayó una estrategia de testeo que fracasó por completo por las demoras increíbles en los resultados, lo que impidió algún tipo de política seria para intentar frenar las cadenas de contagios. Ante esta situación Macron se negó a tomar cualquier medida que pudiera afectar la economía. Prefirió establecer un toque de queda con un marcado carácter policial, ahora impuesto en 54 departamentos, que afecta a 46 millones de franceses, dos tercios de la población nacional, que no pueden salir de casa entre las 21.00 horas y las 6.00 horas del día siguiente, salvo por motivos justificados.

Como era de esperarse, con esta medida que es más represiva que sanitara la situación sigue empeorando.

Ante esta segunda ola, los hospitales temen cada vez más la saturación y la falta de personal, además de la falta de recursos. Solicitudes a las que el Gobierno no ha querido responder en los últimos cinco meses desde el desconfinamiento.

El 9 de octubre, el consejero de Sanidad anunció que se destinarán 50 millones de euros a la apertura de 4.000 camas adicionales en hospitales a partir de este invierno… el otoño apenas ha entrado en su segundo mes y ya 2.575 personas están en cuidados intensivos, mientras que Francia sólo tiene 5.800 camas de cuidados intensivos. Es decir, casi la mitad de las camas ya están ocupadas, y estas 4.000 camas adicionales están lejos de compensar las 100.000 camas eliminadas en los últimos veinte años .

Además, las 12.000 camas de reanimación anunciadas en julio pasado son imposibles de movilizar sin mayores recursos para los hospitales. Y, de hecho, "hacer creer a los franceses que hay 12.000 camas de cuidados intensivos es mentir a sabiendas" , según Pr Djillali Annane, jefe del departamento de medicina intensiva del hospital Raymond-Poincaré ( Hauts de Seine). Esta cifra solo podría alcanzarse mediante una desprogramación significativa de otras operaciones y una mayor práctica de intervenciones ambulatorias, lo que podría derivar en graves complicaciones en cuanto al seguimiento y atención del paciente.

El Gobierno elige la economía, y a los empresarios

Ante el aumento de los casos y un rebrote descontrolado, sin que se haya apuntalado el sistema sanitario, el Gobierno vuelve a considerar varias hipótesis según lo informado por Le Figaro: “Si bien el estado de emergencia sanitaria se votó hasta febrero, algunos miembros del gobierno aún esperan evitar un reconfinamiento, y en su lugar proponen adelantar el toque de queda unas horas y cerrar ciertos lugares abiertos al público (como universidades, pero no escuelas, colegios y escuelas secundarias). Esto se aplicaría a todas las áreas en alerta máxima, es decir, 54 departamentos y 46 millones de personas”.

Pero la hipótesis "favorecida por el ejecutivo" sería en realidad la siguiente: "Ampliar el toque de queda entre semana, fijándolo a las 7 de la tarde, por ejemplo, y acoplarlo al confinamiento los fines de semana y al recurso masivo al teletrabajo". En resumen, una vez más, el Gobierno podría restringir la vida social. Una solución que busca una vez más preservar la economía para imponer restricciones sociales, como señala Le Figaro: “Esto preservaría una apariencia de vida económica, al tiempo que limitaría las interacciones privadas".

Estas hipótesis muestran una vez más la vacilación del Gobierno entre salvar a los empresarios y sus ganancias o poner en marcha una estrategia real para detener la crisis sanitaria. Además, quizás responda a las instrucciones de la cámara patronal (MEDEF), cuyo jefe, Geoffroy Roux de Bézieux, dijo en una reciente entrevista que “la mayor parte de los contagios no se producen en el lugar de trabajo sino en el ámbito privado". Un cinismo atroz, y el argumento por el que exige a millones de personas que vayan todos los días a trabajar en un transporte público abarrotado y expuestos a un contagio casi seguro.

Al Gobierno no le importa si las medidas de distanciamiento social son realmente posibles en el transporte, está demasiado ocupado movilizando a las fuerzas represivas para garantizar que los cafés estén cerrados o militarizas los barrios obreros para amedrentar a los trabajadores para que no se queden fuera de su casa cuando vuelven de sus empleos.
Una vez más, las autoridades prefieren en gran medida la gestión represivas antes que tomar medidas sanitarias efectivas. La elección por parte de Macron del término "toque de queda" en lugar de "confinamiento nocturno", mostró inmediatamente la dimensión política de esta medida.

Lo que necesita Francia urgentemente es un plan de inversión masiva para los hospitales para hacer frente a esta segunda ola. Mientras que 2.575 personas ya están en cuidados intensivos y que Francia solo tiene 5.800 camas de cuidados intensivos, el Gobierno no parece dispuesto a pagar un solo centavo para este fin.

Ante una epidemia "fuera de control", se necesitan medidas realmente fuertes, se debe buscar romper realmente las cadenas de contagio. Resulta evidente que las medidas de Macron están puestas en función de la economía y no de la salud y la vida de los trabajadores y el pueblo de Francia.







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