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La gordofobia copó la revista Caras: repudios por la tapa con Máxima y su hija Amalia

La revista Caras publicó en su portada una fotografía de Amalia, la hija de 16 años de Máxima Zorreguieta, y calificó su imagen corporal de "look plus size".

Miércoles 22 de julio | 21:59

“No está bien, está mal”. Esta frase que dijo el biólogo Alberto Kornblihtt durante el debate por la legalización del aborto en nuestro país parece que cobra fuerza y sentido cada vez que se toma livianamente un tema como el que la revista Caras abordó con la adolescente de 16 años, Amalia, hija de Máxima Zorreguieta y heredera del trono de Holanda.

La revista publicó en su portada una foto de la adolescente describiendo su cuerpo como “plus size”, un eufemismo “cool” para hablar de una persona gorda. No sorprende que, incluso intentando ser políticamente correcta, la revista de los ricos y famosos esté convencida de que debe dar explicaciones por poner en su portada un cuerpo diferente a los que suele difundir.

El repudio en la red social Twitter y en otros medios de comunicación no se hicieron esperar. Volviendo a la frase del inicio, es importante señalar que todo lo que dice Caras está mal por varias cuestiones y solo reproduce prejuicios. En primer término, porque hacen mención a la “fortaleza” de una joven que, según esta revista, teniendo un cuerpo que no se ajusta a los cánones de un cuerpo femenino “normal” lo muestra con “orgullo”. Destacar una excepción solo confirma que la regla es sentir incomodidad con un cuerpo así. Más allá de que el objetivo de la revista es “vender” y sabiendo que esa tapa no iba a pasar desapercibida, se valieron de todos los estereotipos y sentidos comunes que en esta época ya deberían quedar atrás.

Al respecto la nutricionista y coautora del libro "Pese lo que Pese", Jesica Lavia comentó en su cuenta de Instagram: "Lo que necesitamos no es que una adolescente tenga fortaleza para enfrentar bullying lo que necesitamos es ESI y educación nutricional en las escuelas para que entendamos que no hay que opinar del cuerpo de otra persona y que no está mal tener un cuerpo fuera de los estereotipos normados. La diversidad corporal existe y está bien. No es algo a corregir y no es algo por lo que una adolescente (ni nadie) debería defenderse".

Caras hace referencia a que una princesa “vive su adolescencia sin tabúes y defiende su figura de ""mujer real”". Las comillas de “mujer real” solamente reafirman que no lo es. La revista utiliza la palabra tabú con una intención clara de mostrar que de un cuerpo como el de la joven es mejor no hablar. ¿Qué otro significado tiene en este caso la palabra tabú?

Y entonces en este sentido es mejor llamar a las cosas por su nombre: la imposición de cuerpos hegemónicos para las mujeres no tiene que ver con una aspiración natural a la belleza y la delgadez sino a valores patriarcales. Sobre esos prejuicios se construyen la cosificación (tratar a las mujeres como objetos). Es lo que explica los estereotipos, reproducidos por revistas como Caras y tantas otras. Las mujeres se reducen a cuerpos y objetos de deseo, cualquier imagen que salga de esos márgenes es extraño. “Plus size”, “tabú” y “mujer real” son algunas formas de advertirlo.

La mercantilización y la cosificación impactan en diferentes aspectos de la vida en las sociedades capitalistas, sin embargo, lo hacen mayoritariamente en las mujeres y, a la vez, reproducen discriminación y desigualdades. Una gran parte es discriminada en su trabajo, cobra salarios más bajos y le son negados derechos elementales como decidir sobre su cuerpo.

Es importante mencionar que Amalia pertenece a la monarquía de Holanda. Y aunque de este lado del mundo suene muy lejano y de “cuento de princesas”, es la realidad en la que vive esta joven, muy diferente a la vida de millones de adolescentes y mujeres del planeta. Y este no es un dato menor.

La princesa de Holanda sufrió bullying en su país, es constantemente criticada en los medios por su cuerpo. Si una adolescente con acceso a todo lo que quiere y necesita, que tiene ropa que le gusta, le queda cómoda y que además puede comprarse, se ha sentido en algún momento presionada por no tener un cuerpo ajustado a los valores de “normalidad” impuestos, qué queda para las cientos de miles de adolescentes y mujeres que deben enfrentarse a diario con discriminaciones de este tipo.

La realidad de la mayoría de las adolescentes está muy muy lejos de la vida de princesa: hacen malabares entre estudiar y trabajar, con poco tiempo libre, se enfrentan a los mismos prejuicios. Y en la vida real, donde mandan los prejuicios que reproducen revistas como Caras, estos pueden significar no conseguir un trabajo.

En nuestro país el movimiento de mujeres abrió la posibilidad de visibilizar estos y otros temas que hoy nos permiten darnos cuenta que lo que dice la revista Caras no está bien, está mal.







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