Política

CÓRDOBA

Cuando conviene guardar silencio

Guillermo Torrent

Asesor legislativo FIT - Córdoba @Guillotadas

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Edición del día

La política cordobesa en el último año viene teniendo cimbronazos, uno tras otro. La última novedad vino por la imputación al Intendente Mestre por desvíos de fondos para subsidios. Esto no sorprende debido al currículum del intendente que no para de acumular denuncias por favorecer empresarios amigos, ya sea de la noche o del transporte. Tampoco para de acumular renuncias de funcionarios luego de imputaciones judiciales.

Lo insólito de la ocasión paso por el spot institucional (que se puede ver aquí) de la gestión realizada por Mestre. Repetido hasta el hartazgo en los principales medios de Córdoba -lo que lleva a una millonaria inversión publicitaria- se dedica a admitir que no estamos bien, pero tampoco estamos mal. Una especie de No Lugar, un limbo, o dicho en cordobés “Es lo que hay”. Ni siquiera es capaz de intentar explicar su situación judicial, como si no existiera, como si los cordobeses no supieran que existe.

Para intentar una justificación vuelve a apelar al mito que le permitió ganar las elecciones, el de las buenas intendencias radicales de los 80’ y los 90’, en contraposición a las desastrosas gestiones de Kammerath, Juez y Giacomino. Pero ese mito, lejos de convencer a los trabajadores y al pueblo de Córdoba que sufre el sistema de transporte, las inundaciones o el colapso de las cloacas, suena más a la excusa estudiantil de “estudie pero no me acuerdo” que a un verdadero balance de gestión.

En “sólo” 2 años y 9 meses acumula fracaso tras fracaso, incluyendo el boleto de transporte urbano más caro del país. Tan mala ha sido su gestión que ha logrado que Daniel Giacomino, ex intendente auto definido como “soldado de Cristina”, en una de las ciudades con peor imagen positiva del kirchnerismo, se anime a volver por la intendencia. Tampoco ha sido que Giacomino se destacó en su actual cargo de diputado nacional. Habló por primera vez, luego de 3 años en el congreso, hace sólo un par de semanas.

La táctica elegida por Mestre de pactar con De la Sota para gobernar en paz la ciudad, sin apuros económicos, se vio turbada por la situación fiscal de la provincia y por la resistencia interna de sectores del radicalismo que veían la oportunidad de convertir la intendencia en el bastión opositor para poder saltar a ganar la gobernación. Pasados los días de gloria, el radicalismo ahora piensa como no perder la ciudad, incluso se especula con una candidatura de Mestre como gobernador, destinada de antemano al fracaso, y no buscar la reelección en la ciudad que, de no lograrla, lo convertiría en un cadáver político.

Pero el mayor boicot a su gestión provino de él mismo. Lejos de las banderas de la honestidad y la transparencia que intentaba levantar el radicalismo, las numerosas imputaciones de funcionarios de su confianza y las alevosas gestiones a favor de la empresa ERSA -que incluyeron un viaje en avión privado para él, el viceintendente y sus respectivas esposas- demostraron que no tiene nada que envidiarle al modelo “cordobesista” de Unión por Córdoba.

Un spot que no habla de nada de lo importante, funciona como una verdadera confesión de pruebas. Por sí mismo da a entender que era una gestión destinada al fracaso, salvo que Córdoba quedara en otro país, o los años anteriores hubiera gobernado otra gente. O sea, sin reconocer ninguna de sus limitaciones o errores, podría llegar a admitir que en otra realidad, Mestre contaba con buenas ideas para gobernar bien la ciudad. Una verdadera tomada de pelo, sobre todo viniendo de los radicales, verdaderos cultores del realpolitik.







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