Juventud

Salud mental y COVID-19

[DOSSIER] El rol de les psicologues durante el coronavirus

Estudiantes, docentes y psicólogues de varios puntos del país realizaron una charla online sobre el rol de estudiantes y trabajadores en la pandemia.

Marco Ballesi

Estudiante de Psicología | UBA

Sábado 25 de abril de 2020 | 11:14

El jueves 9 de abril se realizó una charla virtual entre docentes, estudiantes y profesionales de la salud, coordinada por Yohia Cardoso Marino (psicóloga y ayudante docente en la UBA), con la participación de Juan Duarte (psicólogo, docente en la UBA y editor de LID) y Pablo Minini (psicólogo, trabajador de la salud y directivo de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires, CICOP). En la misma, se discutieron diversos temas que atraviesan a la sociedad de hoy, centrados en las consecuencias sanitarias, políticas y económicas que trae la pandemia del coronavirus a nuestro país, y cómo esto interpela a les estudiantes y trabajadores de la salud. El artículo está dividido en tres secciones donde se describen cada uno de los ejes que se trabajaron durante la videollamada.

En La crisis es sanitaria, económica, política y social , Juan Duarte hace una contextualización de la pandemia del COVID-19 en el marco de un sistema capitalista en crisis, donde se profundizan las condiciones de precarización de la vida de millones de trabajadoras y trabajadores.

En Coronavirus, Estado y el negocio de las grandes farmacéuticas , Pablo Minini describe el estado actual del sistema de salud, la historia de su desfinanciamiento y la relación de la crisis sanitaria con el Estado y con los negociados de los grandes empresarios

En La respuesta de estudiantes y trabajadores en crisis y pandemia , Yohia Cardoso Marino hace un recorrido por la historia de lucha del movimiento estudiantil y la importancia de su articulación con el movimiento obrero, para denunciar el accionar de las gestiones de las facultades y los centros de estudiantes, para finalmente lanzar una serie de propuestas en pos de pensar qué rol podemos jugar les estudiantes de psicología en esta crisis sanitaria, política, económica y social.

La crisis es sanitaria, económica, política y social

Juan Duarte partió de problematizar que la crisis sanitaria se da en el marco de una profundización de una crisis económica, política y social. La pandemia del COVID-19 surge en un sistema capitalista que viene en crisis hace décadas, moldeado por 40 años de neoliberalismo. Tiene sus orígenes en un entramado complejo que incluye el agronegocio y la destrucción del ecosistema, en la mercantilización de la salud (donde se ha priorizado la inversión en fármacos rentables -en desmedro de las investigaciones en virología y epidemiología-). También en el arrasamiento de los sistemas de salud pública, que es el verdadero “paciente cero”, con un salto sin precedentes a partir de la crisis del 2008, que resultó en una transferencia millonaria de fondos del presupuesto de salud pública para el salvataje de los bancos en quiebra por parte de los Estados. La crisis sanitaria actual no puede pensarse por fuera de la crisis económica previa, donde los gobiernos alrededor del globo van respondiendo de manera errática a los distintos fenómenos que se abren a raíz del Coronavirus, centrados en políticas punitivas y de encierro obligatorio que, a lo sumo permiten aplazar su desarrollo, pero no brindan soluciones a las necesidades de las grandes mayorías. Además son medidas que descargan los problemas económicos sobre las mayorías trabajadoras, elevando fuertemente los niveles de pobreza extrema y desempleo. El Observatorio de Despidos durante la Pandemia informa de más de 15 mil despidos a nivel nacional, el desempleo en Estados Unidos ya supera las 22 millones de personas, y los datos siguen creciendo(1).

En Argentina fuimos testigos de una serie de medidas que vienen a poner “parches” a las urgentes necesidades de las grandes mayorías, mientras se destinan miles de millones de pesos al pago de la deuda y a subsidios empresariales, y solo un pequeño porcentaje de los recursos económicos se utilizan para dar solución a la emergencia sanitaria. A la vez que se dictó un presupuesto de emergencia sanitaria de tan sólo mil setecientos millones de pesos, se dictó un lavado decreto de prohibición de despidos que no tuvo efectos reales, donde se destinaban 380 mil millones de pesos para sostener el pago de los sueldos y aportes jubilatorios de empresas que amenazaban con cerrar o despedir masivamente. Para luego ver que las grandes cadenas de comida rápida suspenden y reducen drásticamente los sueldos de sus empleados, el multimillonario dueño de Techint despide -con aval de la ley y del gobierno- a 1450 empleados alrededor del país y el dueño del frigorífico Penta en Quilmes cierra las puertas a 250 familias, que luego fueron reprimidas a palos y balas de goma por la policía de Berni y Kicillof. Es indudable que empresarios y gobernadores alrededor del mundo pretenden descargar el peso de la crisis sobre los hombros y las espaldas de las grandes mayorías: los trabajadores y los sectores populares.

El psicólogo es un trabajador de la salud mental, y por lo tanto un sujeto político, y es desde ese lugar desde el cual debe posicionarse para pensar las problemáticas de esta sociedad, en ligazón con el sistema capitalista en el que se desarrollan, y con los actores sociales que llevan a cabo las políticas económicas y de salud, siendo los protagonistas el Estado y las grandes empresas de la salud privada. En este marco, la psicología también entra en crisis, a diferentes niveles: desde el rol de la psicología y del psicólogue, el lugar social que tenemos, la formación, las ideas, teorías y las ideologías más generales sobre la subjetividad, el ser humano, etc. Es importante ubicar la cuestión en el contexto histórico apropiado para repensar esta crisis de la psicología.

Te puede interesar: El coronavirus mata, la pobreza también

Coronavirus, Estado y el negocio de la salud privada

Vimos en los últimos días cómo los empresarios de la salud privada y las farmacéuticas -los grandes ganadores en esta crisis, que en el último trimestre tuvieron ingresos equivalentes al total del presupuesto en salud del 2019- maniobraron para que se dé marcha atrás al DNU del Ministro de Salud Ginés González García que pretendía disponer de los recursos de la medicina privada y las Obras Sociales a partir de una "compra" de sus servicios de internación, con la tentativa de redistribuir los recursos hospitalarios cuando aumente la necesidad de internación. El límite de la pretendida avanzada del gobierno por sobre los empresarios es el de su propiedad privada: no hay voluntad política de tocar los intereses de los grandes poderosos del país y del mundo.

Este fue el motivo por el cual el empresario farmacéutico Hugo Sigman, de estrecha relación con Manzur, apoyó la fórmula Fernández-Fernández y de que Claudio Belocopitt, de Swiss Medical, la segunda empresa de medicina prepaga que más factura en el país, se acercara tardíamente al gobierno luego de observar el ajuste a los jubilados que lo entusiasmó en vista a una futura reforma del sistema previsional que beneficie a su sector.

Te puede interesar: Grandes laboratorios festejan la emergencia económica de Alberto Fernández

Pablo Minini se preguntaba, ¿con qué sistema de salud nos encuentra la pandemia? Señalaba que en Argentina contamos con una triple estratificación del sistema de salud, entre el sistema público, las obras sociales y el sector privado. Cada estrato cuenta con recursos muy desiguales para atender a sus usuarios, donde las más altas tecnologías se reservan para unos pocos que pueden pagar las altas cuotas de la medicina privada, y las mayorías quedan a la deriva de un sistema de salud público históricamente desarticulado y desfinanciado. Los datos son muy concretos: el sector público cuenta con 700 mil trabajadores repartidos en 1600 hospitales con capacidad de internación para atender a 16 millones de personas. Es un sistema descentralizado ya que cada provincia y municipio se hace cargo del financiamiento de su propio centro de salud. Por otro lado, están las obras sociales que tienen 300 centros nacionales y están financiados por el aporte de trabajadores y los aportes patronales. Por último, aparece el sector privado, financiado por el pago directo de afiliados, por el Estado cuando deriva a privados y por las obras sociales cuando tercerizan el servicio. Este sector cuenta con 3400 centros en todo el país, con capacidad para internar a 7 millones de personas.

La diferencia es notoria,

el sector privado cuenta con más del doble de centros de internación para atender a menos de la mitad de personas que el sector público.

Esta desigualdad en la atención de la salud tiene su historia:

  • En los 90, con la imposición del neoliberalismo, llega el auge de la medicina privada por seguros.
  • En 2004 con el Plan Federal de Salud, de la mano del actual Ministro de Salud Ginés González García, se produce la descentralización por nación, provincia y municipio, lo que implicó la creación de los planes de aseguramiento por sector. Por ejemplo el Plan Remediar, dondese tomó deuda del Banco Mundial por 3 mil millones de pesos para pagar a los laboratorios la compra de medicamentos para el sector público.
  • En 2011 sale la Ley N° 26.682 y el DNU 588 firmado por Cristina y Manzur, que autoriza el aumento de cuotas progresivo de acuerdo a la inflación, lo que respaldó a las privadas para que aumenten sin recurrir a la autorización del Estado.
  • En 2015 Manzur firma la adhesión de la Argentina a la Cobertura Universal de Salud que implicó una privatización encubierta de la salud pública, al reducir la cantidad de plata invertida en ese sector.

El resultado general de todas estas políticas fue el de una salud pública desfinanciada y debilitada que en un funcionamiento normal ya está al borde del colapso. Situación que se agrava con la pandemia del COVID-19. Los trabajadores de la salud están saturados con jornadas de trabajo exhaustivas y sin ningún tipo de insumos de protección y prevención, ni equipamiento de bioseguridad, sin atención de salud mental y con poca posibilidad de organización y reclamo debido a la presión de las jerarquías de los hospitales y laboratorios. Sin embargo, hemos visto solidaridad en colegas de salud mental que en distintos lugares se organizaron para dar atención tanto a compañeros como a la comunidad. Debemos impulsar Comisiones de higiene y seguridad en todos los espacios de trabajo de salud y salud mental para que los trabajadores puedan relevar el estado de la situación y las condiciones de trabajo, verificar que se cumpla con las necesidades básicas, pensar de conjunto qué programa político puedan llevar a cabo en cada lugar de trabajo. A la vez, exigir la centralización de todos los recursos, elementos de bioseguridad y prevención para todos los trabajadores de salud y salud mental, y abordaje de situaciones de burnout (estrés) a la que están expuestos los trabajadores. Estas exigencias deben ser llevadas a las jerarquías de los hospitales y los lugares de trabajo, a los sindicatos que están de brazos cruzados y los gobiernos que miran para otro lado.

Te puede interesar: [Programa especial] Centralizar el sistema de salud para defender la vida de millones

La respuesta de estudiantes y trabajadores en crisis y pandemia

Yohia Cardoso Marino, docente en la UBA y licenciada en psicología, partió de problematizar cómo la crisis sanitaria, política, económica y social atraviesa e interpela a los estudiantes y trabajadores de la salud. Resaltó que las gestiones de las universidades alrededor del país y sus centros de estudiantes están mayoritariamente dirigidos por agrupaciones kirchneristas o de los radicales de la Franja Morada, y en momentos de crisis han mostrado su posicionamiento de clase, buscando garantizar una cursada virtual a costa de docentes ad honorem, desconociendo la realidad de miles de estudiantes que no pueden acceder a la educación virtual, profundizando una orientación elitista de la universidad y encerrando a la universidad en una burbuja por fuera de la realidad de millones de estudiantes y trabajadores, sin dar ningún tipo de respuesta a la crisis sanitaria.

Con la fuerza que puede tener el movimiento estudiantil, y que se ha demostrado por ejemplo en las tomas de facultades de todo el país del 2018, donde en la UBA se llegaron a armar asambleas de miles de estudiantes, el Centro de Estudiantes de Psicología (CEP) podría levantar la exigencia de armar Comités intergremiales en conjunto entre estudiantes, trabajadores docentes y no docentes, como hizo el Centro de estudiantes de Filosofía y Letras, para discutir cómo queremos que se organice la facultad con respecto a las herramientas y recursos con las que cuenta para intervenir en la realidad. El centro de estudiantes de la Facultad de Psicología conducido por el EDI (Franja Morada) podría ser la voz de los Acompañantes Terapéuticos precarizados que como hemos analizado están sufriendo rebajas, despidos, suspensiones, quedando a la deriva sus pacientes y ellos sin su sostén económico.

Es importante rescatar la historia para pensar cómo intervenir actualmente. En Psicología se nos abre la posibilidad de discutir una educación, una psicología y una ciencia que no sea reduccionista y biologicista. Que sea diferente a la de las neurociencias que fomenta la UBA, una perspectiva funcional a los intereses de las grandes farmacéuticas, a través de políticas de patologización individualista y medicalización de la población, impuesta a fuego de cañón a partir de la dictadura militar del 76. Desde los años 90, con la Ley de Educación Superior, se viene profundizando una orientación ligada a poner los conocimientos al servicio de los sectores empresariales, a través de la creación de convenios con sectores privados y la precarización de estudiantes mediante pasantías. Estudiamos durante la cursada el proceso de 2001 y las fábricas recuperadas, pero no dicen que en esos momentos estudiantes y docentes apoyaron la toma de las fábricas para producir.

A la crisis mundial capitalista corresponde una reflexión política, social y disciplinar en la Psicología, así como de las prácticas de la salud, la salud mental y las ideologías dominantes. El psicólogo es un sujeto político y debe pensar su práctica en articulación con la realidad social, política y económica que atraviesa a la sociedad. Como señaló Juan Duarte en su intervención, ya en 1918 el mismísimo Freud, en un momento de crisis mundial económica, social y política, además de pensar los grandes problemas de la sociedad, repensó la práctica misma del psicoanálisis, de qué manera la Psicología podía intervenir en un momento de crisis social, desempleo masivo, guerras y revoluciones. En sus términos, planteó la necesidad de “llevar el oro puro del psicoanálisis”, reservado a la práctica privada, al conjunto de la población, a partir de lo cual se fundaron clínicas libres psicoanalíticas en toda Europa, donde les psicoanalistas atendían gratis a sectores pauperizados. Por otro lado, el psicoanalista de izquierda, Wilhelm Reich, vio la necesidad de militar en el Partido Comunista alemán por una revolución socialista, mientras que Lev Vigotsky, en el marco del Estado Obrero Soviético, desarrollaba las bases para una psicología científica, no reduccionista, al calor de las necesidades de la población, ligando la revolución y la ciencia en Psicología desde una perspectiva marxista. En nuestro país, en los 60 y los 70, toda una generación de psicólogxs, psiquiatras y psicoanalistas, como Marie Langer o Eduardo Tato Pavlovsky, se acercó a las ideas del marxismo y se organizaron junto a la clase obrera, reconociéndose como trabajadores de la salud mental y rompiendo incluso con instituciones conservadoras como la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), fundando los grupos Plataforma y Documento, y la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental. En ese momento también fue central el debate sobre el rol del psicólogue.

En este sentido, la alianza de los estudiantes y trabajadores es fundamental para pensar el rol que podemos tomar desde los distintos lugares de trabajo (como hospitales y centros de atención) y de estudio (todas las universidades del país) para organizarnos independientemente de los gobiernos y sindicatos que no dan respuesta y hacer frente a la pandemia. Debemos seguir el ejemplo de los estudiantes de medicina de la UBA que levantaron una exigencia a la gestión para capacitarlos y poder disponer de los más de 30 laboratorios con los que cuenta la universidad y utilizarlos para la elaboración masiva de testeos de detección temprana, así como también estudiantes de la UNSAM se unieron a la fábrica sin patrones Madygraf para producir alcohol en gel y mascarillas. Esta semana en la Facultad de Filosofía y Letras, el Centro de Estudiantes aprobó una moción impulsada por la izquierda, donde se pronunciaron a favor de poner en pie un Comité de crisis formado por estudiantes, docentes no docentes e investigadores, para organizarse entre sectores de trabajadores y estudiantes y discutir cómo avanzar frente a la pandemia con los recursos con los que cuentan las universidades, a la vez que hicieron un llamado a que se replique esta política en todas las universidades del país.

La universidad no puede limitarse a cerrar sus puertas, ni los estudiantes y docentes a ver cómo pueden sortear esta nueva modalidad de clases virtuales para la cual no se está preparado. Hay un capital humano de miles de estudiantes alrededor del país que pueden ponerse a la vanguardia de pensar las problemáticas de la sociedad e incidir sobre ellas. Los trabajadores, junto a estudiantes e investigadores de salud mental, podrían poner en pie comités y coordinadoras para poder elaborar, de conjunto, decisiones informadas y científicas, habilitando un espacio donde la voz de la comunidad tenga expresión. Pablo Minini propone que los psicólogos y estudiantes, desde construcciones colectivas podrían centralizar acciones:

  • Preventivas, como campañas de información jerarquizada y comprensible para su difusión.
  • Un relevamiento sobre la situación de internación o de atención ambulatoria, para garantizar a usuarios las condiciones de aseo preventivo, como también atender las demandas de resguardo específicas de los trabajadores del sector.
  • Crear alternativas para la contención de usuarios de la salud.
  • Intervenir para permitir procesar el miedo, la angustia, la desesperación, elaborando simbólicamente lo que sucede y abriendo un canal de expresión y toma de decisiones conjuntas. El objetivo es informar y generar participación activa en la resolución de la contingencia que estamos viviendo.
  • Podrían ligarse a estudiantes de otras carreras como Medicina, como futuros profesionales de la salud para poner en pie comisiones y espacios de discusión en los lugares de trabajo como hospitales, salitas y centros de atención, con la búsqueda de hacer diagnósticos de las condiciones de trabajo y seguridad, del personal de trabajo y de los insumos de prevención, controlando la entrada y salida de los mismos, así como el armado y la aplicación de los protocolos de salud.

Si tenés inquietudes, comentarios o te querés comunicar con nosotros, escribínos.

Notas:
(1) El último informe del Observatorio de Despidos durante la Pandemia del 20/4, arrojó la cifra de 320 mil personas afectadas por despidos, suspensiones y rebajas salariales en Argentina.







Temas relacionados

Crisis sanitaria   /    Pandemia   /    Coronavirus   /    Psicología   /    Derechos salud mental   /    Salud mental   /    Salud pública   /    Crisis    /    Facultad de Psicología UBA   /    Juventud

Comentarios

DEJAR COMENTARIO