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Desprecio empresarial: hormigonera abrió defensa de río y provocó la inundación de un barrio en Jujuy

La semana pasada, un fuerte temporal provocó la inundación de distintos barrios a la vera del Río Grande. En el barrio San Francisco de Álava de San Salvador de Jujuy sufrieron la inundación porque las defensas del río fueron abiertas por una empresa hormigonera. La denuncia y las condiciones de vida de los vecinos.

Guillermo Alemán

Concejal del PTS-FIT en San Salvador de Jujuy

Sábado 11 de abril de 2020 | 21:13

El barrio San Francisco de Álava, anteriormente conocido como barrio Azopardo, es un lugar humilde de la ciudad con condiciones precarias, sobre todo los que se asentaron cerca de las defensas del río. Muchos de sus vecinos son cuentapropistas, feriantes, desocupados, madres solteras, trabajadores municipales y jubilados.

En este barrio vive L. que es madre soltera y vive con sus cuatro hijos pequeños en una casa precaria que logró levantar a duras penas en quince años. Hasta el día de hoy el Instituto de Viviendas se niega a recibir su solicitud para una vivienda o un terreno, porque vive en un asentamiento. En esta, su casa muchas veces se les mete víboras, comadrejas y otras alimañas con las que debe lidiar cotidianamente.

Sobrevive a duras penas en la cuarentena obligatoria, porque en su trabajo como niñera dejaron de llamarla, sin embargo, entre los vecinos se ayudan mutuamente para poder sobrellevarla.

A metros de su casa, existe un canal que solo cuenta con un caño de desagüe, sin canalizar. Cuando llueve se taponea con la basura y maleza que se va acumulando, se llena y se desborda. Al costado de este canal se encuentra un baldío cubierto de maleza, donde se tiran basura y hasta animales muertos. Al frente de este hay una cancha, los chicos del barrio cuando jugan al futbol a veces se le va la pelota por este baldío pero no les queda otra que dejarla ahí, ya que varias veces le salieron serpientes y otros animales peligrosos cuando iban a buscarla, nos contaba L.

Tras las lluvias los alrededores, los baldíos, la maleza y la chatarra son un posible foco de infección del dengue, una enfermedad que también golpea en los sectores más populares, como se ve actualmente en Ledesma.

La hormigonera Hormixa

Hace diez años se instaló la hormigonera “Hormixa” en el barrio. “Los camiones pasan por las calles y como son tan pesados, terminan abriendo las tapas del alcantarillado. Y cuando llueve la alcantarilla se llena y rebalsa toda la pobredumbre y el agua servida que termina en la vereda y a veces en nuestras casas” nos decía L.

La crecida del río

El jueves de la semana pasada, durante la madrugada tuvo lugar un gran temporal que provocó una gran crecida del Río Grande.

Muchos vecinos de la ciudad se vieron afectados, uno de los lugares más afectados fue el asentamiento “Guayacán” del barrio Chijra. Sin embargo, no fue el único.

L. nos describió como esa madrugada después de quince años de vivir ahí el río se desbordó y a pesar de vivir a cerca de una cuadra y media de las defensas del río se terminó inundado su casa y la de sus vecinos. Nunca les había sucedido eso en años. No solo eso, el agua siguió su camino y también inundó al barrio San José que se encuentra al lado.

Con sus vecinos tuvieron que salir urgente a tratar de salvar sus pertenencias, sus muebles, embolsar su ropa, tratando de bloquear el agua para no se siguiera metiendo. Cuando algunas son casas con piso de tierra, bloques y chapas, es muy difícil hacer frente al temporal.

¿Porque se desbordo el río?

Pero las causas del desborde no fue una rotura en las defensas del río como sucedió en el barrio Chijra, sino que en esta oportunidad, fue la comodidad de Hormixa, la empresa hormigonera.

Como la empresa usa la graba del lecho del río para realizar su trabajo, no se le ocurrió mejor idea que abrir las defensas del mismo para crear un acceso donde puedan transitar libremente sus vehículos. Este acceso se cierra con un portón hecho de alambre.

Si no fuera poco, alrededor del predio de la empresa, este marcado el camino por donde pasan los camiones. Con el temporal, el río encontró un paso canalizado directamente al barrio.

Luego del temporal, la empresa tiro ripio sobre el barro para que puedan seguir transitando sus camiones.

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas

La realidad de los asentamientos y algunos barrios de San Salvador de Jujuy luego de décadas, sigue siendo la misma. La precaria situación en la que deben vivir más de 9.000 familias que viven en asentamientos como lo reconoció en un momento la Municipalidad, es difícil de sobrellevar.

Los vecinos del Barrio San Francisco de Álava nos contaban como se cansaron de reclamar y mandar notas a la municipalidad o la misma empresa para que tomen medidas frente a los canales sin canalizar, el yuyaral, la chatarra donde se acumula el agua, o la iluminación de las calles, sin embargo, pocas son las respuestas que reciben.

En los marcos de la emergencia sanitaria por el coronavirus, las medidas de distanciamiento social, lavado de manos, higiene y cuarentena obligatoria con la precarización laboral, la desocupación, el hacinamiento y por si fuera poco el estar expuesto a desbordes del río se torna en la práctica muy difíciles de llevar adelante.

Muchos de los habitantes de estas zonas se quedaron sin trabajo durante la cuarentena obligatoria: las changas, las ferias y otros ingresos que solían tener se bloquearon. Muchos viven actualmente de los pocos ahorros que pudieron juntar, otros tratan de organizarse con sus familias y vecinos para compartir y poder mantenerse. Deben estar pendientes de si finalmente les tocara el Ingreso Familiar de Emergencia, como si de una lotería se tratará. También son los más expuestos al abuso policial, de donde llegan los vídeos donde la policía se ensaña con las mujeres y los jóvenes de los barrios.

Pero al lado pasan los camiones de la empresa, las ganancias de unos pocos empresarios, que incluso en medio de la pandemia aprovechan para despedir, suspender, rebajar los salarios que son el único sostén económico de cientos de familias. Son los mismos que a través de sus medios de comunicación y por las redes sociales montan una campaña permanente contra los que reciben planes sociales o asignación universal por hijo y que viven en estos asentamientos. Pero ni hablar de tocar de que se toquen sus millonarias fortunas. Cuando se trata de preservar sus ganancias no importa a cuantos manden a condiciones miserables.

Los grandes empresarios y millonarios, los que pasan la cuarentena en sus mansiones y countrys, los que llevan a su mucama en el baúl de sus autos; son los que cuestionan moralmente a los sectores de trabajadores más precarios por recibir un plan al mismo tiempo que arrojan a miles mas a esa situación mediante despidos, suspensiones y rebajas de salarios cuando ya no les sirven para acrecentar sus ganancias.

Mientras tanto el estado esta presente en estos barrios militarizandolos con la policía, confinando sin elementos de seguridad, ni comida a los peones rurales y mineros que tratan de volver a sus hogares luego de trabajar la tierra y las riquezas de otras personas, y les da con palos cuando los obreros reclaman por sus salarios, como paso en con la Fabrica Penta de Quilmes en Buenos Aires.

Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Con la pandemia de fondo las patronales buscan sacar tajada y salir con una clase trabajadora diezmada en sus condiciones laborales, salariales y de vida. No podemos permitirlo, acá se trata de una cuestión de autodefensa y preservación como clase trabajadora frente a la decadencia, la ruina y el riesgo de nuestras condiciones de vida que nos dan los capitalistas.

El gobierno de Morales pone multas al pueblo trabajador, por circular, por ir a trabajar, por no usar barbijo; deja correr el maltrato a los trabajadores golondrinas en la cuarentena en los hoteles que el dispone y no duda en denunciarlos penalmente cuando piden buenas condiciones, como paso con los mineros que venían de Santa Cruz, pero cuando se trata de empresas como esta hormigonera que afecta a decenas de familias de los sectores populares para seguir con su negocio, mantiene silencio.

Así como el gobierno ha armado el Comité Operativo de Emergencia donde salen las disposiciones de la cuarentena, las multas y los operativos policiales; en cada barrio y ligado a los lugares de trabajo, hay que crear comités populares para exigir las obras de infraestructuras necesarias en cada asentamiento, para que se garanticen los servicios, las condiciones de higiene y seguridad para hacer frente no tan solo a la pandemia del coronavirus, sino también al dengue, como también controlar los precios de las mercaderías.

No podemos permitir que los empresarios y sus gobiernos deterioren aún más nuestras vidas. Como planteamos desde el PTS-FIT necesitamos tomar en nuestras manos medidas para preservar nuestra salud, condiciones de vida y defenderlas frente a los ataques que están propinando los grandes empresarios.







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