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Dickens, la Navidad y las infancias

Elogiado por Marx, leído por Trotsky, Dickens fue un autor que, sin ser marxista, puso de relieve las pobres condiciones de vida de la clase trabajadora y en especial de los niños. En estas fiestas, revisitamos Un cuento de navidad y volvemos a desear, como cada año, la conquista de un mundo sin explotación ni opresión.

Alicia Mella

Profesora en Letras

Viernes 20 de diciembre de 2019 | 22:08

Quizás el relato navideño más famoso y que más veces ha sido adaptado sea Un cuento de navidad de Charles Dickens, aunque también se lo conoce como Una canción de navidad y originalmente lleva el nombre A Christmas Carol. Esta novela corta fue escrita en el año 1843 al calor de un capitalismo pujante en Inglaterra.

El protagonista es el señor Scrooge, un hombre avaro que trata muy mal a sus empleados, desprecia a los pobres y odia la navidad porque es una festividad que no lo hace “ni una hora más rico”. El 24 de diciembre se le aparecen tres fantasmas: el del pasado, el del presente y el del futuro, para hacerlo recapacitar y que cambie su forma de vida.

A esta altura, y aunque no hayan leído a Dickens, ya deben reconocer la historia: hay decenas y decenas de películas que cuentan lo mismo, variando los personajes, las épocas y las circunstancias, y también insertando ciertas melosidades Hollywoodenses que no necesariamente representan la obra original.

Tal vez el continuo atractivo que tiene este relato está en que podemos identificar las injusticias de Scrooge con muchas de las injusticias que vivimos actualmente. Por ejemplo, ya desde el primer capítulo se dice:

“La puerta del despacho de Scrooge permanecía abierta de modo que pudiera atisbar a su
empleado que estaba copiando cartas en una deprimente y pequeña celda, una especie de cisterna. Scrooge tenía un fuego muy escaso, pero la lumbre del empleado era todavía
mucho más pequeña: parecía un solo tizón. Pero no podía recargar la estufa porque Scrooge guardaba el carbón en su propio cuarto, y seguro que si el empleado entraba con la pala su jefe anticiparía que tenían que marcharse ya.”

Dickens no era marxista, más bien creía que podía haber patrones buenos y que alcanzaba con ayudar a los pobres, las mujeres y los niños: tenía una visión reformista. Sin embargo, uno de los mayores méritos de su relato, y de tantos otros como Tiempos difíciles y Grandes esperanzas, es la descripción que hace de su época y de las condiciones de vida de la clase trabajadora, que crecía en torno a las fábricas en las ciudades de Inglaterra. Por eso Karl Marx, que era su contemporáneo, lo elogió diciendo que Dickens, junto a otros grandes novelistas victorianos, "han emitido al mundo más verdades políticas y sociales de las que han dicho todos los políticos, publicistas y moralistas profesionales".

Cabe aclarar que en ese entonces también los niños y niñas trabajaban. Dickens se oponía a la explotación infantil, quizás porque él mismo la padeció. Siendo niño, su padre fue preso, su familia se mudó a la prisión y él tuvo que comenzar a trabajar en una fábrica de betún.

También siendo un niño, León Trotsky fue lector de Dickens. En su autobiografía se refiere específicamente a Oliver Twist. Al igual que Dickens, Trotsky entendía la diferencia que había entre las niñeces de la clase trabajadora y las de la clase burguesa. Como afirmó al comienzo de su autobiografía:

“Se tiene a la infancia por la época más feliz de la vida. ¿Lo es, realmente? No lo es más que para algunos, muy pocos. Este mito romántico de la niñez tiene su origen en la literatura tradicional de los privilegiados. Los que gozaron de una niñez holgada y radiante en el seno de una familia rica y culta, sin carecer de nada, entre caricias y juegos, suelen guardar de aquellos tiempos el recuerdo de una pradera llena de sol que se abriese al comienzo del camino de la vida. Es la idea perfectamente aristocrática, de la infancia, que encontramos canonizada en los grandes señores de la literatura o en los plebeyos a ellos enfeudados. Para la inmensa mayoría de las personas, si por acaso vuelven los ojos hacia aquellos años, la niñez es la evocación de una época sombría, llena de hambre y de sujeción. La vida descarga sus golpes sobre el débil, y nadie más débil que el niño.”

Así, en esta Navidad, en medio de la crisis económica, ¿cuántos niñes no tendrán regalos ni mesas rebosantes de comida? Las obras de Dickens parecen vigentes porque revelan la peor cara de un capitalismo que, con todos los cambios que hubo, extiende sus crueldades hasta nuestros días. En estas fiestas, invitamos a lectores y lectoras de La Izquierda Diario a brindar nuevamente por un mundo sin explotación ni opresión: aprovechemos las reuniones con los seres queridos, estrechemos lazos, preparémonos para las peleas que se vienen. Y aunque el mundo no se arregle solo porque tres fantasmas visiten a un tipo avaro, hagamos la listita de los Scrooge actuales que nos gustaría que se asusten un poco y pidamos un deseo. No se pierde nada con probar.







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