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Dilma reconoce la derrota, pero dice que opondrá obstáculos institucionales al impeachment

El tono discusivo no fue el del "no habrá golpe". Dilma sostuvo que pondrá obstáculos a una derrota definitiva, pero estos serían solo “institucionales”, como los que llevaron a la derrota el domingo.

Miércoles 20 de abril de 2016 | Edición del día

Dilma centró su discurso denunciar la fragilidad de las bases jurídicas del impeachment conducido por políticos imputados en crímenes de corrupción y ausencia de debate en la Cámara sobre el aludido crimen de responsabilidad, precisamente las mimas cuestiones que fueron levantadas por la mayoría de las editoriales de los diarios internacionales, como en las declaraciones de la OEA, crítica al impeachment "que no se basa en ningún crimen de la presidenta".

Puso el centro en que el "crimen de responsabilidad" del que la acusan fue también cometido por presidentes anteriores. Justificó la crisis económica por la crisis política y las "pautas bomba" (medidas que significaban aumento en los erarios públicos) planteadas por la oposición en el Congreso para inviabilizar su gobierno. Sin dar nombres, criticó abiertamente al presidente de Diputados, Eduardo Cunha, y al vicepresidente Michel Temer, como articuladores del golpe institucional, planteando que la misma prensa reconoció que era una venganza.

Criticó los argumentos de los diputados en la votación del domingo porque no se referían a lo que sería el motivo "legal" del impeachment, sino que evocaban a Dios, la familia y todo tipo de argumentos rebuscados (pero nunca reaccionarios, nunca nombrando a sus ex-aliados por lo que son, de derecha). Ese discurso repite el mismo argumento que el planteado ayer por el Abogado General de la Unión, el ministro José Eduardo Cardozo, lo que indica que apelarán al STF con ese argumento para que anule la votación de la Cámara.

Dilma sigue la línea institucional que la llevó a la derrota en la Cámara

Antes mismo de la votación en la Cámara, Dilma convocó a los periodistas para decir que buscaría un nuevo pacto político en caso que el impeachment fuese frenado, en una línea distinta de los discursos de Lula, quien en Rio de Janeiro hacía discursos "inflamados".

Pero aún después de la derrota del domingo, se limita a plantear como caminos para frenar el impeachment las vías institucionales. Por un lado al STF, señalando que van a apelar, apoyándose en que, en el fallo de la Corte rechazando el pedido de postergación de la votación en la Cámara de Diputados se planteaba también que el proceso debía restringirse a la acusación presentada por el “crimen de responsabilidad” (“bicicleta fiscal”). No fue así, sino que se votó "por la familia, por Dios, por Cunha e incluso por los militares del ‘64". El gobierno, acorralado en el parlamento, debe recurrir al STF, el mismo que viene actuando como árbitro y fortaleciéndose como garante del golpismo institucional.

Aun así, deben aguardar al fallo previsto para el miércoles sobre si Lula se podrá asumir como jefe de Gabinete, para tener una mejor caracterización. El STF dejó el juicio sobre la asunción de Lula como jefe de Gabinete para después de la votación del impeachment ya que sabe que si hubiese un nuevo gobierno, este solo tendría posibilidades de recomponerse con Lula como articulador, más fuerte que lo que está siendo por fuera del gobierno. Con el impeachment con muchas más probabilidades de ser aprobado, salvo que pase algún hecho de grandes proporciones, el STF puede no dejar que asuma Lula, e incluso dejarlo que asuma para parecer "neutral", aunque este entraría en un gobierno ya derrotado. Igualmente no deja de ser un riesgo para la oposición golpista que Lula logre asumir para intentar las últimas negociaciones antes de la votación en el Senado.

Por otro lado, Dilma dice que "hay una relación con el Senado distinta que con la Cámara de Diputados". Según ella, sería "calificada". Los analistas no ven por dónde el gobierno podría revertir la votación en el Senado en las próximas semanas, pero el hecho es que el gobierno va a explotar las mejores relaciones que tiene con la mayor bancada, la del PMDB, con Renan Calheiros, Jader Barbalho y cia., para intentar quebrar al PMDB. Para evitar "sorpresas", la Operación Lava-Jato ya el lunes siguiente a la votación reveló un "testimonio arrepentido" contra Renan Calheiros, para presionarlo aún más para que obedezca a las órdenes golpistas.

Dilma se sentó con Renan justo antes de su discurso. Este, aunque se sentó también con Cunha, de quien recibió el proceso, intentó parecer más "neutral", y en particular en relación con los ritmos del proceso, aunque presionado por las editoriales de los diarios y por Cunha.

Es decir, la misma línea que selló el fracaso de la estrategia de Lula -los pactos con la derecha- es la que sigue Dilma. Negociar con todo tipo de zorro reaccionario y recurrir al STF que viene siendo garante del golpismo.

Pero dejó el mensaje de que no se entregará fácilmente

Dilma sabe que se encuentra en una muy mala situación, y que aunque tenga una mínima posibilidad de revertirla en el Senado, no está claro cómo podría gobernar con una base parlamentaria tan débil. Pero sabe también que un gobierno Temer-Cunha asumiría con muchas incertidumbres en el país, y que si está claro que va a implementar ataques aún más duros que los del PT, si éste está en la oposición, hay fuerza para oponer obstáculos, aunque mantendrían su rutina de garantizar el control de las direcciones sindicales burocráticas.

El PT sabe la fuerza que tiene para una posible anticipación de las elecciones presidenciales, lo que también puede terminar ocurriendo por la vía de la impugnación de la fórmula Dilma-Temer por el Tribunal Superior Electoral. Esta opción viene siendo considerada por cada vez más sectores como posible salida para evitar la efectivización del impeachment sin que haya una renuncia de Dilma, que por ahora no ha dado señales en ese sentido.

Uno de los ejes de Dilma en el discurso tuvo otro objetivo, transmitir que va a oponer estos obstáculos, yendo hasta el final del proceso, para debilitar al máximo la oposición para que un nuevo gobierno sea mucho más desgastado y que pueda volver con Lula, sea en una elección anticipada o en 2018.

Por eso, dio mucho peso en su discurso a intentar, aunque en tono ameno, mantener el perfil de la Dilma "corazón valiente", diciendo que "tengo ánimo, fuerza y valentía suficiente para enfrentar, aunque con sentimiento de mucha tristeza, esta injusticia (...) voy a luchar como hice toda mi vida. Comencé en una época en la que era muy difícil luchar, la dictadura abierta y evidente, aquella que te torturaba físicamente y que mataba y le quitaba la vida a personas y a tus compañeros".

Más que nunca, solo una movilización independiente puede frenar el golpe institucional y los ataques de los gobiernos

El discurso de Dilma muestra una vez más que los trabajadores y jóvenes que vienen queriendo parar el impeachment no porque defienden el gobierno del PT sino porque ven el carácter reaccionario de este golpe institucional (que el domingo quedó aún más claro) no pueden tener ninguna confianza en la dirección del PT, de la CUT y del oficialismo para cualquier batalla. Será necesario impulsar una movilización independiente, como viene planteando el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) en los lugares de trabajo y estudio en donde actúa.







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