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Red Internacional

Opinión.Editorial de editoriales: las suspensiones aparentes del momento electoral

La cercanía de las elecciones le impone al gobierno modificar coyunturalmente sus planes. La polarización funcional para borrar horizontes alternativos. Tensiones sociales irresueltas de la Argentina atada a la deuda.

Domingo 6 de junio | Edición del día

Recalculando en el bunker electoral

La foto de la semana que expresa el espíritu de lo que viene en los próximos meses fue la de Axel Kicillof y Martín Guzmán. "Dialogamos sobre políticas para abordar los problemas estructurales de PBA, mejorando la calidad de vida de las y los bonaerenses” decía el tuit del ministro que fue retuiteado por el gobernador. Se podría decir que el mensaje de la coalición de gobierno fue triple. De unidad interna, buscando cerrar el capítulo de chisporroteos por el aumento de tarifas. Una declaración de intenciones de “atender” algunas urgencias sociales, cuando se hace cada vez más patente el empeoramiento generalizado de las condiciones de vida por las medidas regresivas que viene tomando el gobierno. Y quizás también darle una barnizada “social” a Guzmán que se ganó el mote de “ministro de la deuda” (y esta semana fue elogiado por el ultraliberal y menemista Cavallo)

Los analistas del domingo dan cuenta de este cambio, enfocado 100% en la disputa electoral.

Eduardo Van Der Kooy dice en Clarín que Guzmán entendió las necesidades electorales y “recorre un sendero de recomposición con sectores del Frente de Todos que lo ven como representante del orden financiero externo”. Le gustaba más el “ministro de la deuda” que el de ahora, especulando que puede haber “tirado la toalla” frente al sector liderado por la vicepresidenta.

En otros análisis se destaca más la unidad de propósitos dentro de la coalición de gobierno. A nadie le conviene sacar los pies del plato, y las elecciones legislativas que inician en septiembre con las PASO serán un test para todo el gobierno. Están en el mismo barco para intentar “validar” los primeros meses de su gestión, que ya muestran la desilusión de algunos votantes. No se recuperó lo perdido con Macri, y estamos peor.

Pablo Ibáñez en El DiarioAr cita algunas fuentes del entorno de Cristina Fernández que reconocen que en la provincia de Buenos Aires hay 52% de pobres. La preocupación electoral está centrada, no tanto en los grupos más vulnerables (que ellos consideran “cubiertos por las políticas asistenciales”) sino los que le siguen. “Los que irrumpieron, sin red, cuando se lanzó la inscripción para el primer IFE. Son, en clave electoral, un segmento con desencanto acumulado y que migra de voto”, explica Ibáñez.

En Infobae, Brenda Struminger, habla de tres ejes electorales del Frente de Todos: “recuperación económica, la campaña de vacunación, y la unidad”. Cuenta que hay ciertos matices en cuanto a las prioridades. En las cercanías de Alberto Fernández hacen eje en el plan de vacunación, porque tienen encuestas que les dicen que “ocupa un lugar altamente prioritario en la escala de valoración de los votantes”. Del lado de la asociación entre Máximo Kirchner y Sergio Massa, ponen el eje en lo económico y en la comunicación de esas medidas. “Durante un año desembolsamos muchísima guita en IFE y ATP, que permitieron sostenerse a millones, y no se notó, nadie se enteró”, cita Struminger de un vocero kirchnerista.

Además de que Argentina se ubicó por detrás de Bolsonaro en Brasil y Piñera en Chile gastando, en proporción al PBI, la mitad por la pandemia; la realidad merece mirar más allá de “los problemas de comunicación”. Quizás aportaría analizar que el deterioro económico y social se agrava por la inflación, los salarios a la baja, el recorte de jubilaciones. Es una posibilidad que no haya comunicación o marketing que valga, ¿no?

Es un poco lo que venimos debatiendo los últimos domingos mostrando los datos del ajuste de periodistas e investigadores.

Un ajuste que tiene caras y se respira en la calle. Esta semana el móvil de La Izquierda Diario recogió testimonios en la puerta de supermercados y farmacias. “Una vez por día, o almorzás o cenás” cuenta una vecina. Otra agregó “el gobierno este, creo que nos mintió un poco, porque vamos a decir la verdad, se cobra una miseria”. No se llega a fin de mes. Los testimonios de jubilados y jubiladas conmueven por la dramática realidad que atraviesan. "Es denigrante, nos hacen mendigar al jubilado. Cada vez estamos peor. Es como que somos un estorbo, un gasto", cuenta una de ellas apuntando al presidente y una ministra. Muchos de ellos siguen trabajando, con 70 u 80 años, sino no comen. A pesar de los anuncios del gobierno por medicamentos, se repite el reclamo por los precios que se fueron a las nubes. Los obligan a tener que elegir entre comer o comprar remedios.

Este domingo varios analistas sacan a relucir el “humor social” que muestran las encuestas. Según Managment & Fit (que cita Van Der Kooy) el 60,3% de los argentinos no confían en la capacidad del presidente ante la pandemia, y el 60,7% tampoco sobre sus aptitudes para afrontar la crisis económico-social. Diego Genoud, en El DiarioAr, muestra los datos de la consultora Circuitos: “hoy el 77,4% de los bonaerenses considera que la situación económica es muy mala” y “el 52,8% piensa que en los próximos meses puede empeorar”.

Genoud dice que “puertas adentro del oficialismo, aunque los contagios y las muertes no ceden, se respira otro clima: el gobierno advierte que tiene, por fin, un horizonte más amable por delante”. Se refiere especialmente al avance del plan de vacunación, con la aceleración de la llegada de nuevas dosis y anuncios como la producción local de la Sputnik V en el Laboratorio Richmond. Algunos hablan de “vacuna argentina” pero hay que recordar que todo está en manos de un laboratorio privado.

La oposición de Juntos por el Cambio, sigue eligiendo ponerse como vocera del laboratorio Pfizer. Como cuestionó Myriam Bregman del Frente de Izquierda a dos bandas, a propósito de la ley que impulsó Larreta en la Ciudad para hacerse de vacunas, “se pelean como lobbistas de Sigman o Pfizer, cuando de lo que se trata es de conseguir vacunas para todos”.

La vacunación, efectivamente, está avanzando (casi 2 millones de dosis en todo el país en los últimos 7 días). Con la cercanía electoral y por el avance de la vacunación en países ricos, ponen el pie en el acelerador. Tuvimos que llegar a superar las 80.000 muertes por covid para que se acelere el lento ritmo del que venían porque decidieron preservar los intereses de los laboratorios privados.

La aceleración no quita que aparecen nuevos o están latentes problemas relacionados con la salud y la vida en pandemia. En Tiempo Argentino grafican las consecuencias de esa lentitud arrastrada en cinco meses: 1700 fallecidos por Covid-19 en lugares de trabajo reconocidos por las ART (sin contar los informales y precarios). Y encima adeudan $18 mil millones a las víctimas de covid.

O el caso de la exigencia de los comedores populares para ser vacunados como personal esencial. Hay enojo en movimientos sociales oficialistas, como Movimiento Evita, porque Larreta empezó a vacunarlos en la Ciudad, y Kicillof no lo está haciendo en la provincia (no tiene en sus planes reconocerlos como personal esencial). Denuncian que “sólo el Movimiento Evita lleva registradas más de 60 muertes por coronavirus de militantes que desempeñan tareas de asistencia alimentaria”.

La oposición de Juntos por el Cambio viene utilizando las vacunas como eje de la polarización. Van Der Kooy, al notar la llegada más rápida de dosis, pregunta con cierto desconcierto a Juntos por el Cambio: “¿Qué pasará con el pesimismo de la sociedad si el Gobierno progresa con la vacunación? No hay respuesta”. Algunos vaticinan que se concentrarían en “el impacto negativo de la inflación”. No pareciera un ángulo creíble para una fuerza política que viene de gobernar el país y está fresco su fracaso económico y social.

Si en el Frente de Todos, después de cerrar filas, ya se están barajando nombres de posibles candidatos, en Juntos por el Cambio tienen un panorama interno más complicado. Se escucha cada vez más fuerte el rumor de que María Eugenia Vidal va a competir en la Ciudad de Buenos Aires. Por eso Patricia Bullrich, que pretende ese puesto, se pasea por los medios expresando su malestar. Es que la Ciudad es el único distrito donde tienen un triunfo asegurado. Según Pablo Ibáñez, el 16 de junio habrá confirmación de Vidal sobre dónde jugará. En la Provincia de Buenos Aires, Larreta movió también sus fichas y postuló a Diego Santilli (actual vice jefe porteño), avivando la interna con las intenciones de Jorge Macri. Algunos tiran la posibilidad de unas PASO de Juntos por el Cambio, una hipótesis todavía prematura.

Mario Wainfeld en Página 12 reconoce el juego de ambas coaliciones con la grieta. Dice que confían “que se mantendrá alta polarización con escaso espacio para otros partidos o coaliciones”. Lo liga a cierta expresión de deseo de que no haya lugar para “terceras fuerzas como el FIT”.

Esa polarización, es totalmente funcional para la intención del gobierno de bajar las expectativas hasta de sus propias promesas incumplidas de campaña. Una necesidad de bloquear a la única fuerza política que propone medidas contra el ajuste que vienen implementando. Que muestra que hay otra opción para enfrentar la pandemia, que implica tocar intereses empresarios poderosos que el gobierno se niega a tocar (y más aún Juntos por el Cambio). La única fuerza política que, con su extensión nacional, se fusiona con los reclamos de trabajadores, jubilados, causas populares del movimiento de mujeres y por el medio ambiente. Eso es lo que caracteriza al Frente de Izquierda, que dará pelea por expresar en el terreno político las demandas más estructurales y profundas de una clase trabajadora que sigue dando pasos en sus luchas. Y que despiertan simpatía e identificación con millones que no quieren pagar más el ajuste.

¿Un presidente contra el capitalismo?

Joaquín Morales Solá en La Nación dedica toda su columna a defender el capitalismo, a propósito de las declaraciones de Alberto Fernández en el Foro Económico de San Petersburgo.

Una de las más resonantes del discurso del presidente fue “Es hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados”.

Morales Solá, adoptando algunas de las frases hechas de los libertarios como Milei, dice que “El capitalismo es el único sistema económico que le dio al mundo un largo período de prosperidad y bienestar”. Que el problema es la Argentina que tiene sindicatos que ahuyentan las inversiones y los buenos negocios, que el gasto público alimenta una fábrica de pobres, y otras definiciones de manual. Claro que no tiene en cuenta (o no le importa) cómo la desigualdad y la pobreza creció en todo el mundo (incluso en los países más ricos), y que la pandemia no hizo más que agudizar las contradicciones más destructivas e intrínsecas al capitalismo.

Una columna para polarizar con el gobierno, desde la mirada del poder económico concentrado. Pero ni Morales Solá cree del todo en lo que está diciendo. Recuerda él mismo las palabras del presiente hace unos meses, frente a su par Macron. “Francia expresa lo mejor del capitalismo”, dijo Alberto en ese momento.

En el foro donde habló Fernández también se refirió a las negociaciones con el FMI, y agregó que le expresó a Kristalina Georgieva la "voluntad de resolver el problema de la deuda”. La conclusión parece acercarse más a un presidente que es consciente que el capitalismo tiene problemas, pero lo elige igual. Y elige igual pagar las deudas aunque sean estafas que termina pagando el pueblo. Sólo agregó que se necesitan incorporar valores como el de “la solidaridad”. Su mensaje (y el de su gobierno), de palabra y en los hechos, sigue dirigido a cumplir con los organismos internacionales que saquean nuestros recursos.

Sobre llovido, mojado

En El DiarioAr publican una entrevista a Santiago Cafiero, de Ibáñez y Genoud. Es interesante cómo se nota lo esquivo, molesto e incómodo del jefe de gabinete sobre muchas de las preguntas que le hacen. No quiere hablar de internas de la coalición, y muestra cierto negacionismo sobre el ajuste o las "pifiadas" en la proyección de inflación. Pero hay una respuesta para destacar. Le consultan sobre las negociaciones con el FMI y la carta de senadores que “piden tener una actitud más dura”. A lo que responde “Eso no va en contra de nuestra estrategia de negociación (...) No se está cuestionando la negociación”. Palabras que describen que el posicionamiento del ala kirchnerista del gobierno, es útil y funcional para la negociación que se encamina a pagar la deuda. En eso hay unidad, aunque haya voces que intenten destacar las cartas como una alternativa o una “resistencia” dentro del gobierno.

Es que el sector referenciado con el Instituto Patria tiene su propio currículum en pagar deudas ilegales y a costa del pueblo trabajador. También lo recuerda Diego Genoud en su columna, cuando describe que Kicillof y Guzmán comparten una trayectoria en ese terreno. Cuando Kicillof era ministro de economía “quiso volver a los mercados, selló un acuerdo con el Club de París que ahora cuesta caro, tuvo que devaluar en 2014 y se fue con escasez de reservas en el Banco Central”. Hoy Guzmán está embarcado en cumplir con el ajuste fiscal que pide el FMI. La diferencia es que ahora venimos de cuatro años previos de pérdida para las mayorías, eso se consolidó, y estamos frente a una crisis más aguda que impacta en el mundo y Argentina sufre otra vez de la “manta corta”.

El interés electoral para contener a sus votantes es lo que hoy mueve el panorama hacia poner una pausa al ajuste. Será esencialmente con paliativos y aumentando el gasto estatal. Pero las rencillas en la coalición gobernante tienen patas cortas. Por su historia previa de pagar deudas y hacerlas más grandes (Kicillof), porque venimos de meses donde sin chistar votaron todos juntos el recorte a las jubilaciones y el presupuesto de 2021 de ajuste. Porque los sindicatos conducidos por organizaciones ligadas al gobierno le dieron la paz social y firmaron salarios a la baja (desde ATE hasta UPCN). Porque convalidaron lo perdido con Macri. Y hacia adelante, todos están en el mismo barco para seguir atando al país a los capitales extranjeros.

Matías Maiello y Esteban Mercatante hacen un recorrido de este debate en el Semanario Ideas de Izquierda. Señalan la persistencia de los problemas estructurales que tiene Argentina, que se han mantenido en el tiempo con sucesivos gobiernos. “La fuerte dependencia del capital extranjero cada vez más enraizado en el capitalismo argentino y la primacía del extractivismo mostraron una continuidad sin fisuras” explican. No hay proyectos alternativos en este punto nodal al interior del Frente de Todos. Lo que en el peronismo llaman “redistribución de la riqueza” aplica cuando hay viento de cola a favor en la economía internacional (momentos cada vez más excepcionales). Pero cuando eso no está, se toma el camino del ajuste.

Sólo el Frente de Izquierda propone un camino opuesto al ajuste y para superar la dependencia y atraso estructural. Que parte de poner en cuestión los mandatos del gran capital nacional y extranjero.

Las tensiones sociales están latentes. Si no debatimos cómo dar vuelta las prioridades, será de nuevo sobre llovido, mojado. Umbrales más altos de pobreza, atraso y decadencia. Esta es la verdadera política que está en juego, y la que propone discutir el Frente de Izquierda. Por eso muchos quieren callarlo con la polarización. Para que gane fuerza habrá que poner en movimiento a quienes se preocupen por el hoy y también se pregunten qué país queda después del show electoral de la polarización.




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