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El Banco Central renueva el canje de divisas con China

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) informó el jueves que extendió por 3 años el intercambio de monedas (swap) con el Banco del país asiático.

Jueves 6 de agosto | 22:47

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) informó el jueves que extendió por 3 años el intercambio de monedas (swap) con el Banco de la República Popular de China (PBC) por 130.000 millones de yuanes, equivalentes a unos US$ 18.700.

Esto le permitirá al BCRA sostener el nivel de reservas, que actualmente se ubican en US$ 43.000 millones. El primero de los swaps entre Argentina y China se acordó en 2009, por 70.000 millones de yuanes, al que luego le siguieron acuerdos de extensión y complemento en 2014, 2017 y 2018.

La renovación del swap resultó clave para la entidad, considerando la demanda continua de dólares por parte de las empresas e individuos (dentro de los límites permitidos por las restricciones vigentes desde el final del gobierno de Macri que impiden adquirir más de US$ 200 mensuales para atesoramiento). Esto explica que a pesar del aumento del superávit comercial (por el desplome de las importaciones debido al parate de la economía) las reservas del BCRA no hayan aumentado en los últimos meses.

Durante julio el BCRA tuvo una pérdida de reservas netas de US$ 568 millones. La demanda minorista de dólares explicó casi dos tercios de esta reducción.

El swap con el PBC significa cerca del 43 % de las reservas internacionales del país. En un contexto en el que las tensiones entre EE. UU. y China se hacen cada vez más agudas, la Argentina se encuentra en una situación muy frágil. Como ya ocurría en tiempos de Cristina Fernández, depende de China para nutrir de fondos al BCRA (además de la importancia que ya tiene ese país como destino de exportaciones), lo cual obliga a una diplomacia amistosa con este prestamista. Pero al mismo tiempo en este momento el gobierno también está obligado a hacer buenas migas con Washington. Si siempre Washington considera a la región como su patio trasero y no tolera que las pretensiones de autonomía, ahora para el país la situación es particularmente comprometida. Es que, después de haber cerrado el capítulo de la deuda con los lobos de Wall Street, toca negociar con el Fondo Monetario Internacional, al que el país tendría que pagarle entre 2021 y 2024 los US$ 44.500 millones que el organismo le prestó a Macri. La intención del gobierno es extender los plazos de devolución entregando a cambio lo menos posible en materia de ajuste fiscal y reformas estructurales, tarea de difícil éxito conociendo la historia de terror del FMI. EE. UU. es el único país con poder de veto en el organismo, es decir que tiene capacidad de bloquear cualquier acuerdo. Pero además su postura, de ser favorable a que la Argentina cierre un acuerdo, puede inclinar la balanza de socios europeos con peso en el directorio. Por supuesto, esto puede ser favorable para el gobierno argentino, pero difícilmente para el país; por más “amigable” que pueda ser el “nuevo” (sic) FMI no dejará de exigir recorte del gasto, empezando por las jubilaciones, que es un blanco del organismo en todo tiempo y lugar.

Hasta ahora la Argentina a surfeado la “doble dependencia”, cuyas raíces ningún gobierno se propuso ni aspira a revertir. Pero puede ser que sostener estas “lealtades dividas” sea cada vez más inviable.







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