Política

LA CRUZ, LA ESPADA Y EL CHUPADERO

El Bicentenario macrista o el regreso de los muertos vivos

Discursos oficiales de “unidad nacional”, la Iglesia como sostén de la “cultura occidental” y los genocidas desfilando por la calle. Un intento organizado de restauración conservadora.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 12 de julio de 2016 | Edición del día

Los actos organizados por el gobierno de Cambiemos para conmemorar el Bicentenario de la Declaración de la Independencia de 1816 tuvieron varios condimentos. Pero sobre todo un particular tufillo a rancio.

La “nueva política” que el PRO pretendió representar alguna vez cedió lugar el último fin de semana a la reaparición frenética de íconos, símbolos y hasta personajes que en los últimos años habían pasado, popularmente hablando, al olvido.

A los clichés del patriotismo clásico que el Billiken nunca dejó pasar de moda, esta vez se sumó una batería de representaciones conservadoras que no se veían desde, al menos, la crisis de 2001.

Vale la reflexión. Que el macrismo pueda desempolvar ciertas “antigüedades” se explica, en parte, porque el kirchnerismo, tras doce años de gestión, trastocó poco y nada estructuras del Estado que durante décadas se mantuvieron intactas. Desde el financiamiento de la Iglesia Católica hasta el mantenimiento en actividad de miles de miembros de las Fuerzas Armadas que participaron del genocidio (¡Milani!), hay bases institucionales que el gobierno anterior mantuvo y que hoy Cambiemos está dispuesto a despojar del barniz progresista con el que Néstor Kirchner, Cristina Fernández y sus aliados vistieron por más de una década.

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Rico, símbolo y sustancia

El excoronel del Ejército Aldo Rico volvió a escena. El militar carapintada que pactó con Alfonsín en 1987 la impunidad para miles de genocidas de la dictadura vía la Ley de Obediencia Debida, el domingo fue parte de un desfile oficial por la calles de Buenos Aires en el marco de los festejos del Bicentenario de la Declaración de la Independencia. Y el lunes se dedicó a dar entrevistas a varios medios como un verdadero protagonista.

Para el represor transitar por Avenida del Libertador en el jeep verde oscuro de un amigo “fue una cosa impresionante”, tanto que se animó a decir que hoy en Argentina “hay otro espíritu”. Y hasta pareció sorprendido por las críticas que llovieron sobre su reaparición pública. “Es una locura que genere polémica que, como veterano, desfile con mis veteranos”, dijo Rico en referencia a su presentación en el desfile militar el domingo por las calles de Palermo.

“Yo nunca fui kirchnerista”, le dijo Rico ayer a Nelson Castro. Es claro que hoy pueden quedar tranquilamente en el olvido sus coqueteos con Carlos Kunkel en 2011 para candidatearse nuevamente a intendente de San Miguel por el Frente para la Victoria.

¿Ex combatientes?

Si llamar a Aldo Rico “héroe de Malvinas” (como los denominó Alfonsín en 1987 y como se autodefine él mismo) es audaz, llamarle “ex combatientes del Operativo Independencia” a los militares que entre 1975 y 1976 masacraron a cientos de obreros y militantes de izquierda es más que provocador.

El sábado por las calles de San Miguel de Tucumán desfilaron frente a Macri, al rey emérito de España, al gobernador peronista Manzur y a cientos de fieles de Dios y la Patria un grupo de uniformados de ésa y otras provincias.

La “Asociación Civil Ex Combatientes Sanjuaninos del Operativo Independencia” y la “Asociación Excombatientes Jujeños y Otros Operativo Independencia” contaron con las escuadras más vistosas. Fueron aplaudidos desde los palcos y desde las veredas. Y hasta algunos periodistas de canales de noticias relataban con orgullo el paso de esas “tropas” como si no se tratara en verdad de torturadores, violadores y desaparecedores.

Pero tanta derechada no podía pasar sin más. Además del repudio natural de organizaciones de derechos humanos y víctimas del terrorismo de Estado, desde el mismo gobierno tucumano hubo quienes se vieron obligados a despegarse de semejante provocación. La Secretaría de Derechos Humanos de Tucumán el mismo sábado a la tarde publicó un comunicado en el que consideraba esa presencia en el desfile “una afrenta” a los sobrevivientes, a los familiares de detenidos-desaparecidos y la sociedad toda. Sobre todo, dijeron “en estos momentos, cuando se está llevando a cabo en la provincia la Mega causa Operativo Independencia y los testimonios de las víctimas dan cuenta del horror vivido durante la vigencia del mismo”.

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La cruz y la espada

Horas antes de ese desfile, desde la histórica Casa de Tucumán Macri había dado un discurso con intenciones no menos “históricas”.

Con gesto adusto y mirando a los ojos a Juan Carlos I, el presidente lanzó una definición contundente. En referencia a quienes firmaron la Declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, Macri dijo que “claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España”. Nada que envidiarle a José Figueroa Alcorta, el presidente que en 1910 agasajó a la Infanta Isabel de Borbón en el marco del Centenario de la Revolución de Mayo.

Luego vendrían otras definiciones, tan “épicas” como la anterior. Una serie de diatribas con tono disciplinante hacia la juventud y la clase trabajadora, buscando aconsejarles conductas y procederes que no entorpezcan el normal desarrollo del capitalismo imperialista. Casi como si se tratara de un patrón de estancia exhortando a sus peones descontentos con el jornal. Obviamente, ni una palabra que pudiera incomodar o siquiera interpelar al empresariado.

El discurso de Macri fue el complemento “ideal” de otro pronunciado minutos antes, desde el altar de la Catedral tucumana, por el Arzobispo de la provincia Alfredo Zecca.

Si hacían falta palabras cargadas de filosofía y moral para ordenar el sentido último de las celebraciones del fin de semana largo, allí estaba el monseñor, presto para marcar doctrina.

El judeocristinamismo es el “pilar de la cultura occidental”, afirmó Zecca mirando al presidente, a su esposa Juliana Awada, al rey emérito, al gobernador Manzur y al grupo privilegiado de fieles que los acompañaba.

En sintonía con el discurso oficial y casi como un aliado más del gobierno de la ceocracia, el Arzobismo sentenció que “la mayoría no tiene siempre la razón, ni crea la verdad”. Y hasta se animó a decir (prácticamente por cadena nacional) que “la libertad no está exenta de riesgos y de concepciones falaces”, al punto que “la aparente licitud de todo, la libertad absoluta, es una ilusión que lleva a la esclavitud”.

Sin lugar a dudas los actos oficiales por el Bicentenario de la Declaración de la Independencia dejaron mucha tela para cortar. Y en muchas y muchos dejaron también la sensación de que cierto pasado conservador, retrógrado y reaccionario volvió a adueñarse por un rato del espacio público y de las pantallas.

Las relaciones de fuerza sociales serán las que, en definitiva, permitan o nieguen a Cambiemos y sus “militantes” consumar su proyecto restaurador. Más allá de las simbologías y la reaparición de personajes nefastos en actos patrióticos como los del 9 de julio, está por verse si Macri y sus funcionarios logran imponer el verdadero plan de fondo, basado en el ajuste brutal sobre el pueblo trabajador y la transferencia cada vez mayor de riquezas a la burguesía local y transnacional.

Mientras tanto, el regreso de ciertos muertos vivos durante el último fin de semana es un dato a tener muy en cuenta y no dejar pasar como si se tratara de un mero cortejo fúnebre.







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