Economía

DEUDA EXTERNA

El Club de París también la “levanta con pala”

Se publicó en el Boletín Oficial la aprobación de los contratos bilaterales para sellar acuerdos con Alemania y los Países Bajos, en el marco de la negociación cerrada con el Club de París en mayo del año pasado. La expoliación con la deuda externa no se detiene.

Pablo Anino

@PabloAnino

Sábado 10 de enero de 2015 | Edición del día

El viernes 9 se publicó en el Boletín Oficial la aprobación de los modelos de contratos bilaterales a suscribirse con Alemania y los Países Bajos en función de avanzar en la refinanciación de la deuda contraída con los países agrupados en el Club de París.

La aprobación de los contratos bilaterales fue realizada a través de los decretos 2590 y 2591. Estos decretos fueron firmados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Axel Kicillof, el 30 de diciembre de 2014 y publicados este viernes en el Boletín Oficial.

El 29 de mayo del año pasado, eñ ministro Kicillof selló en la capital de Francia un acuerdo que comprende pagos anuales cada mes de mayo hasta el año 2019.

Las deudas reconocidas a Alemania, según consta en los contratos, ascienden a 2.529 millones de euros y 19,9 millones de dólares, a lo que se sumarán atrasos de la cooperación financiera con el Kredinstanstalt für Wiederafbau (KFW, Instituto de Crédito para la Reconstrucción, de Fráncfort del Meno), por 71 millones de euros.

Por su parte, a los Países Bajos se les cancelarán 398 millones de euros y 222 millones de dólares.

El gobierno se ilusiona que la regularización de la deuda habilite préstamos, financiamiento a las exportaciones y diversos apoyos de los países que pertenecen al Club de París.

Pero mucho antes que lleguen dólares frescos a la Argentina, el ministro Kicillof reconoció a ese consorcio de bandoleros que es el Club de París una deuda de 9.700 millones de dólares, cuando antes de las negociaciones el Gobierno decía que rondaba los seis mil millones de dólares. Nunca explicó los motivos de ese incremento.

Como develó el oficialista Página 12 el año pasado (“La trama oculta del acuerdo”, 01/06/2014), las empresas imperialistas hicieron lobby para que se cierre esa negociación. Es que les habilita el acceso a financiamiento barato en sus propios países, algo que hasta ahora tenían vedado para sus operaciones en Argentina.

Abundan proyectos de inversión en la extracción de minerales y petróleo que agudizarán la primarización económica. De todos modos, las inversiones que alegran al Gobierno son promesas mucho menos firmes que los pagos de deuda comprometidos con los centros imperialistas.

El acuerdo con el Club de París estuvo en sintonía con el giro pro “mercados” que el kirchnerismo practicó a inicios de 2014. Para ello también negoció con el Banco Mundial pagar a las empresas imperialistas que litigaban en el CIADI (un tribunal a favor del capital de las grandes potencias) e indemnizó a la Repsol en “agradecimiento” por la expoliación de los recursos hidrocarburíferos de nuestro país.

La idea de fondo era volver a endeudarse para tratar de remendar el alicaído “modelo” con dólares frescos. La economía cayó en 2014 en zona de recesión. Una de las causas es la fuerte escasez de dólares.

Ese giro "pro mercados” se vio alterado por la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de avalar el fallo del juez Thomas Griesa en favor de los fondos buitre.

Hoy, sumando los montos acordados con el CIADI, Repsol y Club de París, la deuda pública supera los 215 mil millones de dólares. Un aumento del 70% en relación a 2005 cuando se efectuaron los canjes.

El supuesto desendeudamiento, tan promocionado por el relato oficial, no impidió que la deuda crezca en términos absolutos a pesar que los “pagadores seriales” dilapidaron unos 200 mil millones de dólares en favor de los especulares durante la última década.

Una vez más en la historia, la deuda externa se muestra como lo que es, un mecanismo del capital imperialista para conquistar posiciones y sustraer riquezas de los países semicoloniales como Argentina.







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