Política Uruguay

RENUNCIA A LA CÁMARA DE SENADORES

El abrazo de Sanguinetti y Mujica: un símbolo de coincidencias y acuerdos

El acto de homenaje a Sanguinetti y Mujica, en el día de la renuncia a la Cámara de Senadores, simboliza el papel de ambos (así como los proyectos políticos que ellos representan) en el sostenimiento de esta democracia para ricos heredera del Pacto de Club Naval.

Jueves 22 de octubre | 00:36

La renuncia de los expresidentes Mujica y Sanguinetti a las bancas que ocupaban en la Cámara de Senadores, se transformó en un pequeño acontecimiento en el que todo el régimen político quiso dar un mensaje de solidez, estabilidad y armonía.

Aunque ambos dirigentes tenían prevista esta renuncia, fue la vicepresidenta Argimón la que buscó que el hecho no pasara desapercibido, promoviendo esta sesión de la Cámara Alta donde los ahora ex senadores dieran sus últimos discursos.

En tiempos de crisis y turbulencias que mejor que mostrar los acuerdos y convergencias entre los líderes, que aunque “enemigos” en el pasado hoy se unían para representar la solidez de la democracia y las instituciones.

Mujica y Sanguinetti transitaron su vida política por veredas opuestas; si el primero abandonó en los años 50 el Partido Nacional para fundar la guerrilla del MLN, el segundo fue integrante de los gobiernos que la combatieron en los años 60 y 70.

“Se reconcilian las dos mitades enemigas”

Fue el ex presidente Julio Maria Sanguinetti quien apeló a una frase de Octavio Paz para destacar precisamente que aunque “enemigos” en el pasado; la jornada de ayer en el Parlamento representaba “una hora de conciliación, de reafirmación democrática”, destacando la importancia de los partidos políticos del régimen que “son los que encauzan, orientan, vertebran, articulan, y eso es fundamental”.

El líder colorado en su discurso no dejó pasar la oportunidad de repetir que “un día perdimos la libertad porque antes habíamos perdido la tolerancia”, una forma sutil de insinuar que la feroz dictadura militar fue simplemente consecuencia de la “intolerancia” de gente como Mujica que con la lucha armada no respetó las instituciones democráticas.

“En mi jardín no cultivo el odio”

Previamente fue el líder tupamaro José Mujica el que se esmeró en su discurso por dar fe de total integración y defensa de esta democracia para ricos heredera del Pacto del Club Naval, en el que se negoció la transición hacia la democracia en los años 80 y se comenzó a pactar la impunidad para los torturadores y genocidas.

Mujica en su último día como senador volvió a subrayar su postura de “dar vuelta la página” en relación a los crímenes de la dictadura.

Luego de recordar las atroces torturas sufridas remarcó que él no odia a nadie y que “el odio termina estupidizando”.

No debe ser casual que Mujica plantee el tema de la justicia para los hechos de la dictadura en términos de odio; es la misma argumentación que recientemente utilizó Manini para deslegitimar la lucha de Familiares (“son prisioneros del odio”).

Una vez más vemos como el líder del MLN arenga por la reconciliación y el perdón para los militares descalificando a los que reclaman por verdad y justicia (terminan estupidizados según él).

Mujica no solo coincide con Manini, sino que además se abraza con el artífice de la impunidad que fue Sanguinetti. El mismo que además se enorgullecía de no haber perdido una sola huelga durante su presidencia, es decir de haber derrotado siempre al movimiento obrero.

Previamente, y de manera coincidente, fue el frenteamplista Enrique Rubio quien también le agradeció a Sanguinetti por la restauración de la democracia.

Nada más lejos de la realidad; claramente fue la lucha popular la que logró terminar con la dictadura, y en todo caso el rol de Sanguinetti y su partido en los 70, tuvo más que ver con la represión ilegal y los acuerdos con las Fuerzas Armadas golpistas.

Mujica no solo se refirió a la dictadura, sino que se encargó de remarcar que “este país… siendo pequeño tiene que huir de las grietas y lograr una medida de cosa común que se mantenga en el tiempo”.

En el mismo sentido fue su recuerdo para Alejandro Atchugarry, el Ministro de Economía que tuvo un importante papel en la crisis del 2002. No debería haber nada para reivindicar de un plan económico que hundió en la miseria a los trabajadores y sectores populares, sin embargo como bien señala Mujica, las medidas de Atchugarry contaron en su momento con los votos del propio Frente Amplio.

Por otra parte en su periodo como presidente, al igual que en las presidencias de Vázquez, el Frente Amplio se preocupó por cuidar el relacionamiento con el capital transnacional garantizando sus ganancias y sus inversiones.

El “legado” que quiso trasmitir el lider del MLN fue muy claro: integración, gobernabilidad y defensa absoluta de esta democracia para ricos y estabilidad para sus instituciones.

De Sanguinetti no podíamos esperar algo muy distinto, toda su vida política fue una consecuente defensa del régimen burgués; más triste e indignante es el papel de Mujica.

El abrazo con Sanguinetti lo dice todo.







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