Géneros y Sexualidades

El cuerpo, territorio de un escepticismo anacrónico

Andrea D'Atri

@andreadatri

Martes 16 de septiembre de 2014 | Edición del día

En el último año, tuvo mucha repercusión internacional el grupo FEMEN, por su novedoso método de denuncia: mujeres desnudas, con consignas pintadas en la piel, irrumpiendo en parlamentos, eventos y actos públicos. A esta forma pacífica de protesta, ellas mismas la denominan “sextremismo” y el lema de su agrupación es Mi cuerpo, mi manifiesto.

Así como FEMEN ha sido recibido con beneplácito por algunos sectores del feminismo, también le han llovido críticas desde otros, que sostienen que esta forma de protesta no hace más que reproducir la cosificación sexista que el patriarcado hace de los cuerpos femeninos. Pero las formas de protesta de FEMEN, reproducida en distintos lugares del mundo por otras jóvenes feministas, nos sugiere otras reflexiones.

El crítico Terry Eagleton escribía, irónicamente, que en las décadas del neoliberalismo, “la preocupación por el cuerpo” reemplazó al interés por la revolución: el cuerpo, desde esta mirada posmoderna, es libidinal, deseante, mutilado, regulado, prisionero de las instituciones y del lenguaje, campo de batalla de saberes e instituciones, un objeto expropiado por el discurso dominante. En este sentido, el sujeto se encuentra alienado en su propio cuerpo, del que necesita reapropiarse, para crear “el cuerpo propio”, deconstruyendo sentidos y transformándolo, libre e individualmente, en el cuerpo deseado, incluso, en arma de protesta.

La acción, no de los cuerpos, sino en el cuerpo, se concibe como una lucha solitaria, porque aunque se actúe junto a otras y otros, es una resistencia en la última trinchera posible, la de la propia piel, músculos, nervios. Pero cuando Eagleton se refería a esta “preocupación por el cuerpo” hablaba del neoliberalismo, es decir un tiempo en el que asistíamos a un triunfalismo desenfrenado e incuestionable del capital y la democracia imperialista, y de escepticismo universal de los derrotados.

Actualmente, cuando en muchos países las mujeres –especialmente una nueva generación de jóvenes- volvieron a las protestas callejeras y a la organización colectiva, como en los movimientos y luchas de Europa, EE.UU., Egipto, Brasil y, en Argentina aparecen los gérmenes de un nuevo feminismo obrero, ¿podemos darnos el lujo del escepticismo?







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