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Editorial en PATEANDO EL TABLERO.El discurso del mérito y un régimen jujeño que no disimula los acomodos

Editorial en Pateando El Tablero, 101.7 Jujuy FM, miércoles de 13 a 15 horas.

Miércoles 7 de abril | Edición del día
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Con el adelantamiento de las elecciones provinciales impuesto por el Gobernador entraremos en un carrera electoral donde los discursos de campaña los vas a escuchar hasta el cansancio. Dentro de los sloganes que utilizan hay de todo. Recordemos “pobreza cero”, “el cambio de la matriz productiva”, “Jujuy para los jujeños”, entre tantos otros, que van y vienen.

Pero punto más o punto menos, lo que guía a estos mensajes es el discurso del mérito. Una especie de fórmula del progreso individual ante un día a día que para las amplias mayorías se hace cada vez más pesado. Más aún en una provincia que ocupó el segundo lugar en la pérdida de empleo registrado en 2020 y que tuvo al 25 % de su población percibiendo el Ingreso Familiar de Emergencia durante el primer año de la pandemia.

El emprendedor que hace emprendedurismo puede ser el caso de aquel que perdió el empleo en blanco y ahora “emprende” changas o la venta ambulante porque no le queda otra. O el del empleado municipal que complementa su jornada laboral vendiendo en la feria porque solo con el salario público no llega a fin de mes.

Es ante esta realidad que el Gobernador apela a ratificar que el rol del gobierno es brindar algunas herramientas para que cada uno se las arregle por sí solo y como pueda. Algún crédito, subsidio o ayudas públicas son la forma en que el Estado se hace presente ante la falta de trabajo genuino que es una marca registrada de los últimos 45 años.

A esto se suma el plan de construcción de escuelas que viene adosado a la promesa de que la educación permita el ascenso social. El problema claro está en que no solo el Gobernador pasa por alto todas las deficiencias del sistema educativo público actual (que no se resuelve solo con más edificios); si no que la falta de empleo genuino pone un límite estructural al acceso a ciertas condiciones de vida que superen la miseria misma. Dicho de otra forma, aún completando la educación secundaria no hay garantía alguna de conseguir empleo, incluso de hacerlo como indica la estadística oficial, el 90 % de los jóvenes de 18 a 24 años trabaja en negro en Jujuy.

Mérito, esfuerzo y educación con ciertas ayuditas del Estado son parte de un combo de la ideología neoliberal con la cual se hace de las víctimas sus victimarios. Acá resuena entonces la trillada frase, “No trabaja el que no quiere”. Pero la realidad es otra. Existe un sistema social que impide a las amplias mayorías tener siquiera el derecho a trabajar bajo relación de dependencia. O sea, el derecho a ser explotado por un patrón como es Ley en el capitalismo. El empleo registrado retrocedió a niveles de 2012, y la baja del desempleo es porque al no encontrarse empleo el desocupado deja de buscar. Estos son resultados de las propias crisis capitalistas, no una decisión individual de los trabajadores, como quieren hacernos creer.

A este discurso se suma el relato del empresario que encontramos en el titular del PJ jujeño. Quien también realza el mérito de haber realizado esfuerzos previos que lo han llevado a ser una suerte de benefactor que facilita trabajo para los que no tienen nada. Nuevamente un discurso que oculta que las fortunas acumuladas tienen una enorme ayudita del Estado que con este gobierno y los anteriores le ha facilitado todo tipo de negocios bajo su amparo.

Pero si hay un punto donde el relato del mérito muere es en el acomodo permanente de familiares de los partidos tradicionales en cargos públicos. El propio Morales batió el récord de ubicar a 25 familiares en distintos cargos y luego a quien se convirtiera en flamante primera dama. En menor cuantía lo hizo su vicegobernador otorgando a dos hermanas puestos de funcionarias; pero también el presidente del PJ acomodó a los suyos, al igual, que su hijo el intendente de Palpalá. No hay modo que no repliquen los mismos comportamientos propios de una casta que vive a expensas del Estado.

Son estas mismas familias y apellidos tradicionales los que predican al pueblo trabajador que se esfuercen y hagan mérito desde una absoluta zona de confort. Recordemos que Morales es el cuarto gobernador que más gana por mes, 330 mil pesos, ni más ni menos. Cuando el salario de bolsillo de una maestra con diez años de antigüedad percibe 32 mil. El esfuerzo lo tienen que hacer los otros, ellos resisten hasta la elemental medida que los funcionarios ganen como una maestra o un trabajador y sean revocables por el voto directo.

Entonces, ¿de qué mérito nos hablan? Esto así no va más. Invertir su fórmula del mérito por la de la solidaridad de los de abajo es lo que puede empezar a cambiar todo. Darle fuerza a quienes no se resignan y desafían los mandatos de los gobiernos solo puede ser tarea de la izquierda. A eso le temen, por eso vienen los ataques del régimen jujeño a los luchadores y al Frente de Izquierda lo proscriben. Pero como sostiene esa célebre frase de El Quijote, “Ladrán, Sancho, es señal que cabalgamos”.




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