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EN MEMORIA DE LOS CAÍDOS EN EL “PARTIDO DE LA MUERTE”

El equipo que derrotó a los nazis: la vida por los colores

Martes 16 de diciembre de 2014 | Edición del día

Quizá al lector le zumbe en el oído esta historia, que se las ha rebuscado para eternizarse, pese a que casi todos sus protagonistas fueron asesinados o desaparecidos. Es que el “boca en boca” es un modus operandi que tienen los pueblos para hacer correr la máxima de que “la historia la escriben los que ganan”. Aunque, si de fútbol hablamos, la contienda que vamos a recordar, la ganaron ellos.

Estamos hablando del “Partido de la Muerte”, que se jugó el 9 de agosto de 1942 en Kiev. Pero la historia comienza mucho antes. El 19 de septiembre de 1941, Ucrania -que pertenecía a la URSS- es ocupada por los nazis. El ejército de ocupación marcaba el pulso de una ciudad devastada, hundida en la guerra y la miseria. El campeonato de fútbol oficial, donde jugaba el Dinamo Kiev -equipo más popular de la ciudad al día de hoy- había sido suspendido. Muchos de los jugadores profesionales vagaban por las calles, buscando comida, trabajo o algo que hacer.

El pleno infierno, el panadero Josef Kordik llevaba la suerte en su ADN con descendencia alemana, que lo eximía del hostigamiento nazi. No corría la misma suerte Nikolai Trusevich, que había trocado su destino de arquero estrella del Dinamo a indigente de rumbo errante. Pero Kordik, fanático del equipo de Kiev, se lo cruzó en la calle y le ofreció trabajo en su panadería. Y la pasión por el fútbol hizo el resto. Se dice que los buenos equipos se arman de atrás para adelante, y cubierta la valla, sólo faltaba el resto. Trusevich y Kordik salieron a la búsqueda y completaron el plantel de empleados de la panadería con siete ex jugadores del Dinamo (Mikhail Svyridovskiy, Mykola Korotkykh, Oleksiy Klimenko, Fedir Tyutchev, Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko), y tres del otro equipo de la ciudad, el Lokomotiv Kiev (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Mielnizhuk).

Así nació el FC Start, que jugó su primer partido el 7 de junio de 1942, goleando por 7 a 2 a un equipo de una liga formada por guarniciones militares, pese a que los jugadores habían trabajado toda la noche en la panadería, y estaban mal vestidos y mal comidos. El Start fue ganándose reputación entre las tropas invasoras. Ocho partidos, ocho victorias en dos meses. El MSG, equipo de la guarnición de invasión húngara, quiso frenar a los panaderos, que le propinaron una goleada de 5 a 1 en la ida, y 3 a 2 en la vuelta.

El rumor de un imbatible equipo de trabajadores panaderos locales llegó a los oídos de los altos oficiales nazis, que temían que la pasión por el fútbol sea un canal para desatar las fuerzas morales del pueblo trabajador ucraniano. Y comenzaron a preparar el fin de la epopeya.

El 6 de agosto de 1942, el Start derrotó 5 a 1 al Flakelf, equipo formado por milicias de élite de la aviación alemana. Los nazis pidieron revancha. Reforzaron el equipo con los mejores jugadores dentro de las Wehrmacht (fuerzas armadas unificadas de Alemania) y algunos jugadores profesionales traídos de Baviera. El “Partido de la muerte” tenía fecha.

El 9 de agosto, en un Zenit Stadium de Kiev repleto por militares nazis, el FC Start salió a jugarse la vida en el campo de juego. Antes de comenzar el partido, los panaderos se negaron a realizar el saludo nazi con el brazo en alto, pese a la exigencia del árbitro, que era un oficial de las SS. Prefirieron cambiar el grito de “Heil, Hitler” por el de “Fizculthura”, lema soviético que significaba “larga vida al deporte”. Los alemanes comenzaron ganando: con una fuerte patada en la cabeza, tumbaron al arquero Tursevich, metieron la pelota en el arco y el árbitro convalidó el gol. Pero el Start se recompuso y lo dio vuelta 2 a 1 antes del entretiempo. En el descanso, un oficial alemán visitó a los panaderos en el vestuario y, arma en mano, les advirtió de las consecuencias de una posible victoria. Pero la decisión estaba tomada; los jugadores del Start salieron a ganar, y lo hicieron con un 5 a 3 final. Cuenta la leyenda que el jugador Klimenko, con el partido definido, se pasó a todos los alemanes, incluso al arquero, y llegó con la pelota a la línea de gol, para arrojarla finalmente fuera del campo de juego en un gesto de humillación, desprecio y superioridad futbolística por el baile que le estaban pegando los panaderos a los nazis. El FC Start hizo rugir de orgullo y alegría a un pueblo ucraniano abatido por la ocupación militar.

Ese día, los jugadores pudieron irse de la cancha a sus casas, y hasta disputaron otro partido, días después, donde le ganaron por 8 a 0 a un equipo local, el Rukh. Pero finalmente, la Gestapo allanó la panadería y arrestó a los jugadores del Start, acusándolos de ser miembros de la NKVD (órgano de inteligencia de la Unión Soviética). Fueron enviados al Campo de Concentración en Sirets, próximo a Kiev. Korotkykh fue el primero en morir torturado. Luego asesinaron a Kuzmenko, a Klimenko y al arquero Trusevich. Sólo dos jugadores del Starts sobrevivieron; Goncharenko y Svyridovskiy, tuvieron la suerte de no estar en la panadería cuando cayó la Gestapo. El resto de aquellos gladiadores que le pintaron la cara a los nazis fueron torturados hasta morir.

Obviamente, el “Partido de la Muerte” no es reconocido como “oficial” por la FIFA. Pero la historia quedó grabada en el pueblo ucraniano; El Estadio Zenit de Kiev pasó a llamarse, desde 1981, Estadio Start, en honor a los panaderos que dejaron la vida en la cancha. Allí luce un monumento en su homenaje, y quienes todavía poseen una entrada de ese partido del 9 de agosto de 1942, tienen pase gratis de por vida para ver al Dinamo.

Esta hermosa y terrible historia fue llevada al cine por los soviéticos, con “Tercer Tiempo” y “El Partido de la Muerte”. Pero, paradojas del destino, el mito se hizo conocido (aunque de forma tergiversada y degradada) a nivel mundial gracias a la maquinita hollywoodense. “Victory” (o “Escape a la Victoria”) -protagonizada por Sylvester Stallone, acompañado por estrellas del fútbol como Pelé, Bobby Moore o el argentino Osvaldo Ardiles, entre otros- está inspirada en la odisea futbolística de los panaderos del FC Starts.

“No tenemos armas, pero venceremos en la cancha a los fascistas bajo los colores de nuestra bandera”, arengó Nikolai Trusevich. Gloria a ellos con este humilde homenaje desde La Izquierda Diario.







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