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Red Internacional

OPINIÓN // #MISERIASDELCAPITALISMO.El fracaso del capitalismo

Cuando según el calendario vigente, el año está a punto de concluir, una merma o pausa en nuestras actividades emerge. Con ese cambio en nuestras rutinas, viene de la mano un cambio de estación climática; entonces, el cuerpo siente esa mudanza, y necesariamente surge la idea de un balance, de una reflexión personal, y quizás también la toma de decisiones postergadas.

Raquel Barbieri VidalLingüista y Régisseur @RaquelaGabriela

Martes 31 de diciembre de 2019 | 11:49

Nunca me gustaron las fiestas navideñas y de fin de año. Siempre me sentí fuera de foco, como si me uniera a celebrar algo para contentar a otras personas (de hecho, es lo que hice muchas veces). Por lo menos, me daba alegría que mis familiares disfrutaran de mi pan de atún. También asistí a la iglesia hasta los diecinueve años para no defraudar a mi tío, hasta que un día, me fui.

Yo no creo en la Navidad, simplemente eso, lo cual no cambia el rumbo del mundo, sólo el rumbo de mi propio mundo. Ni siquiera creo que el año termine el 31 de diciembre. Son convenciones, sólo eso, pero aún así existen para poner un orden en nuestras vidas (me refiero a fechas y horas).

Los chinos y los hebreos se guían por otros calendarios, otros años, otros hitos. Y todos habitamos el mismo planeta.

Entonces, mi reflexión permanente está centrada en estas tradiciones, que según mi punto de vista, no hacen sino contribuir a la explotación laboral durante estas fiestas de fin de año, cuando la gente está vulnerable porque viene cansada de todo el año, y se ve obligada a consumir, lo cual produce más estrés todavía. Veo gente resignada, otra también desesperada (uso el adjetivo exprofeso) por la comida y la bebida que hay que comprar, los regalos, la ropa… y en no pocos casos, por tener que pasar estas fechas con personas con quienes no se reunirían de no existir estos compromisos culposos.

Las tradiciones unen, y asimismo atan. No permiten que cada quien haga lo que quiere sin pagar consecuencias. Es como comer pan dulce solamente porque es época de Navidad y fin de año, cuando lo mismo puede hacerse en cualquier momento del año.

Las tradiciones mantienen a las personas atadas a una idea de que “eso” no puede ser modificado, ni siquiera cuestionado. Nos quitan libertad, tras que tenemos poca; no la libertad que proviene de nuestro mundo interior, sino la que depende del mundo exterior y estará dada por la situación económica de cada cual.

No se puede hablar de libertad cuando una familia no tiene comida, o tiene poca, de mala calidad, o está llena de deudas.
Tampoco es libre quien dando abasto a las necesidades básicas, se somete a un mandato ajeno. Hilando fino, los ricos tampoco son libres porque viven con miedo de que les hagan daño, de que les quiten algo, de que los roce la desgracia, aunque tengan lo suficiente como para vivir diez o cincuenta vidas sin trabajar.

Ellos tienen miedo de ser pobres.

El Capitalismo—mejor dicho, los capitalistas—nos quieren hacer creer que vivimos en libertad, pero ésa es una gran mentira. No es libre quien padece largas jornadas laborales para no llegar a fin de mes, cuando otros nadan en la opulencia. Y quienes nadan en la opulencia no se preocupan por aquellas personas que trabajan el 24, 25 y 31 de diciembre y el 1º de enero. Viven (como) en otro planeta.
Recién pasé con mis perros por un lugar aquí a la vuelta de casa que abre hasta el 1º de Mayo: Segafredo.

El Capitalismo es un fracaso. Me pregunto quién puede ser tan necio para no ver que un mundo regido por el Capitalismo es el mundo en donde se cuestiona la Villa 31, pero no Nordelta.

Ambos son asentamientos, uno de pobres y otro de ricos. Las tierras de ambos barrios son del Estado; la diferencia radica en el poder adquisitivo de los habitantes de cada lugar… y en la estética.

En la Villa, me atrevo a decir que hay más gente trabajadora que en Nordelta. Y en Nordelta, estimo que hay más droga que en la Villa.

Sucede que si algún villero se droga con Paco para matar el hambre; entonces es culpable y objeto del oprobio. En cambio el rico se droga con cocaína y metanfetaminas de máxima pureza, es un excéntrico, moderno… entra en otra categoría y se le tapa, se le defiende porque tiene un Audi, un Mercedes o un Alfa Romeo. Es una persona exitosa sólo porque tiene plata.

Redefinamos lo que es el “éxito” porque si nos basamos en la definición acuñada por los liberales, estaremos aceptando su imposición.

El Capitalismo ha fracasado

Entre los trolls de las redes sociales, siempre leo esas frases clichés (no pueden más que eso, evidentemente, aunque se esfuercen) como que “el Socialismo fracasó”… No, no fue el Socialismo el que fracasó. Ya un director de cine argentino, Damián Szifrón, lo explicó en forma muy sencilla haciendo analogía con el teatro. La obra Romeo y Julieta puede haber tenido malas puestas en escena, pero no por eso la obra es mala. Falta una puesta mejor, y para eso una dirección mejor.

Hay más gente sumida en la extrema pobreza, directamente en la miseria, en condiciones paupérrimas de vida, que personas con un vivir digno.

El Capitalismo no ha hecho más que fracasar. Que permanezca en vigencia no significa que haya triunfado. Si es por durar, tantas cosas duran y no sirven para nada…

Mientras algunos tiran comida a la basura, otros intentan recoger comida de la basura. Mientras los trolls intentan ofender a quienes les rompen las estructuras mentales vetustas, hay personas padeciendo las consecuencias de ese capitalismo tan defendido hasta por sus propias víctimas. Para ilustrar esta idea, se me ocurre la imagen de un caballo de Troya invadiendo el aparato psíquico de la mayoría votante hasta el punto de no poder percibir la realidad tal cual se presenta… y mientras ellos defienden este sistema siniestro y egoísta, un niño muere de hambre, otro de frío, otro por enfermedades asociadas a la vida precaria; hay mucha tristeza y frustración.

Navidades… son las de los ricos

Al mismo tiempo que las minorías compran regalos, la mayoría se pregunta por qué el arbolito de navidad de los ricos es tan hermoso y está cargado de regalos caros, cuando el de un niño pobre es casi siempre inexistente o tiene un regalito humilde.

Dios debe amar más a los ricos, seguramente, ya que los premia.

El Capitalismo es un sistema basado en la explotación del trabajo ajeno que bajo la consigna del libre mercado, no ha hecho más que fomentar el surgimiento de los abusadores que con vía libre para actuar, han amasado y multiplicado sus fortunas a expensas de la mayoría de los habitantes del mundo.

Algunos de los defensores del Capitalismo pertenecen al grupo de los privilegiados que carecen de la visión periférica y del grado necesario de empatía hacia el resto de los mortales para darse cuenta de que este sistema sólo los beneficia a ellos.
Otros, en su culpa, regalan las sobras al portero, a la empleada doméstica, al cartonero… a un amigo más pobre.
Equidad social e igualdad de oportunidades, jamás.

El Capitalismo ha fracasado, ya que la mayor parte de la población mundial no es feliz.




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