Sociedad

OPINIÓN

El mundo poscuarentena: ¿volver a la normalidad o construir una nueva realidad?

En tiempos de cuarentena surgen muchas miserias. La falta de socialización y como volver a la rutina de siempre son preocupaciones de cientos de miles. Con la recesión económica a la vuelta de la esquina, la crisis climática, los despidos y suspensiones de millones de trabajadores, se hace necesario enfrentar “la vuelta a la normalidad” que nos proponen los gobiernos y empresarios para aumentar sus ganancias.

Cristian Joubert

Estudiante de Historia en la UNCo

Domingo 3 de mayo | 19:40

Nadie se imaginó que una enfermedad generada en el otro extremo del planeta se fuera a convertir en pandemia. Y que está provocaría que muchos gobiernos tuvieran que decretar cuarentenas. Las particularidades del capitalismo permitieron el avance del COVID19 a través de sus venas. El circuito del capital y la producción global como señala Kim Moody en Como el capitalismo just in time propago el Covid 19 (artículo originalmente publicado en Spectre Journal en inglés y replicado en español por el Semanario Ideas de Izquierda).

No es una catástrofe natural, o al menos su propagación no se dio por un “ajuste de cuentas” de la naturaleza. No se puede explicar por medio de conspiraciones, ni predicciones ancestrales de la futurología. Moody explica muy bien como el funcionamiento productivo de la sociedad fue clave. Sujeta a la dirección que le dan a la economía los que tienen el control de los medios de producción y el liderazgo político del mundo: explotadores y opresores de distintos orígenes pero con mismos intereses que proponen una relación irracional con la naturaleza con la extracción descomunal de los recursos naturales y destrucción del planeta.

La coronacrisis, así como el virus, está mutando constantemente. De sanitaria a económica llegando a expresarse en lo social. Aunque sería injusto aplicarle todo el peso de la crisis al virus. Las contradicciones dentro de la situación mundial venían de arrastre previo y con marcadas responsabilidades políticas. La crisis sanitaria, como se ha dicho muchas veces, desnuda al capitalismo y nos lo muestra más crudamente. La “solución” de despedir a trabajadores solo busca proteger la ganancia de los empresarios. Como lo hizo Paolo Rocca, un tipo con U$S 8.000 millones en su haber, con los 1500 trabajadores de Techint. La crisis la tienen que pagar ellos y no quienes no tenemos nada que ver con su origen.

La baja del precio del petróleo impacto en la “tierra de las oportunidades” que macristas y peronistas veían con Vaca Muerta. Se volvió infértil y desvalorizada. La reducciones de salarios al 50% pactadas por la burocracia con los magnates de las empresas deja al desnudo que lo visto como “solido” económicamente, para ellos, se desvanece entre sus dedos ¿Cómo podríamos volver a esa susodicha “normalidad”?

La “normalidad” para los capitalistas

Nos proponen volver a la normalidad. Si tenías un laburo, cumplías un rol dentro del circuito productivo y si podías estudiar, era para prepararse para cumplir algún rol en ese circuito. Esto se modificó y quedaron recluidas millones de personas impidiendo circulación en los dos ámbitos. La falta de trabajo y la deserción en las universidades se disparan en solo un mes. Las desigualdades, también.

La virtualidad creciente en nuestras vidas, se plantea para el dictado de clases que se viene imponiendo en ámbitos educativos. Una modalidad excluyente, debido a la falta de medios informáticos o internet, la precariedad económica de muchas familias y la ausencia de un espacio de aprendizaje entre pares como lo es el aula. Sin aumento de recursos solo hay sobre carga de trabajo para las y los docentes y exclusión de una gran parte de niñas y niños.

Las dificultades para que todas y todos puedan laburar desde sus casas son lógicas porque hay sectores “esenciales” que si cumplen la cuarentena se caería a pedazos la situación: enfermería, medicina, producción de alimentos, servicio de recolección de basura, transporte público, servicios públicos, etc.

Esta situación de demagogia provoca irritación e impotencia. Mucha bronca de parte de las y los “esenciales”, que en muchos casos, venían trabajando en condiciones paupérrimas, con salarios de miseria que no se han tocado más que por algunas bonificaciones únicas por sector específico. Mientras tanto siguen exponiendo sus vidas en la cuarentena. Las y los tercerizados de limpieza, repositores, cajeros de supermercados, repartidores de empresas como Rappi, Glovo y Pedidos Ya pueden dar cuenta de ello.

En nuestro país, ha habido cientos de despidos de trabajadores informales, con suspensiones y rebajas insólitas de salario. Si estas “en negro”, como se conoce de manera infame a esta condición de ilegalidad, el DNU emitido por el presidente no te contempla. Pero este si habilitó las rebajas salariales que han despedazado los ingresos de familias enteras, sometiéndolas a la miseria. No habrá vuelta a la “normalidad” para millones de trabajadores y sus familias.

¿A qué sociedad “vamos a volver” después de la cuarentena?

Son tiempos valiosos de todas maneras, la relativa calma antecede al huracán. Comienza a ser un debate cada vez más presente en nuestra sociedad que partes de la normalidad nos llevaron al desastre. La devastadora relación que tiene el sistema con nuestro planeta es un punto clave. Como plantea Michael Roberts en su blog al respecto de la visión de Engels sobre la relación entre la naturaleza y la humanidad guiada por la burguesía.

“A medida que experimentamos otra pandemia, sabemos que fue el impulso del capitalismo en la industrialización de la agricultura y la usurpación de las tierras vírgenes que quedan lo que ha llevado a la naturaleza a contraatacar, ya que los humanos entran en contacto con más patógenos para los que no tienen inmunidad, al igual que los nativos americanos en el siglo XVI.”

En un sistema donde la actividad productiva se organiza en torno a las ganancias, aberraciones como el hacinamiento de animales para la producción de alimentos genera no solo efectos nocivos en el ambiente con gases, sino una especie de incubadora de nuevos virus producto de las condiciones insalubres. En la agricultura el uso de productos como el glifosato u otros agro tóxicos traen aparejadas otras destructivas consecuencias para el suelo y nuestros cuerpos. De ahí a la industria farmacéutica pensada en detrimento de medicinas probadas ancestralmente pero poco rentables para empresarios como Roemmers y sus laboratorios. Engels en Dialéctica de la naturaleza, a propósito de los aprendizajes que hemos recolectado como humanidad y a raíz de desastres naturales producidos gracias a la relación que se ha tenido con el medio ambiente planteaba que:

[…] también en este campo aprendemos gradualmente, a través de una larga y a menudo dura experiencia, y mediante la compilación y el estudio del material histórico, a comprender los efectos sociales indirectos, más distantes, de nuestra actividad productiva, y de este modo se nos da la oportunidad de controlar y regular estos efectos.”

A esto Engels le sumaba, con mucha actualidad y claridad para nuestra época, algo muy importante para la regulación de nuestro impacto en la naturaleza:

“Hace falta algo más para lograr esta regulación que el mero conocimiento. Se requiere de una revolución completa de nuestro modo de producción dominante hasta hoy y, con ello, de todo nuestro orden social actual.”

Retenciones de salarios, muerte de niños por el hambre, abusos policiales, solo por nombrar tres ejemplos, ya venían ocurriendo antes, solo se han recrudecido y amplificado. De igual manera hacia dentro de algunos hogares donde las mujeres conviven obligadamente con el infierno de la violencia machista o el maltrato infantil, problemas a los que responden desde los distintos gobierno volviendo a instalar las desfinanciadas líneas de ayuda telefónica como medida de contención.

En este marco, la vuelta a la normalidad parece una utopía enorme y una falacia, ya que la crisis es más profunda de lo que muchos temen discutir seriamente en medios hegemónicos de comunicación. La “normalidad” de la maximización de ganancias no puede volver a imponerse sobre las bases paupérrimas en las que dejan a las grandes mayorías.

Construir una nueva realidad. Paso a la clase trabajadora

Hay pequeños ejemplos de enorme importancia que muestran otra alternativa. Las y los trabajadores de salud, proclamados por la coyuntura como “héroes” de la primera línea de combate de la pandemia, denuncian la demagogia de los gobiernos y la falta de insumos básicos de higiene para su propio cuidado junto a testeos. Pasando por trabajadores precarizados de multinacionales como McDonald’s que denunciaron enormes rebajas y están peleando por no pagar los platos rotos de empresas que facturaron millones por día durante décadas.

Hemos llegando incluso a ver de qué lado se pone el gobierno en casos donde no quedan más vías que salir a las calles para exigir que les paguen lo que les corresponde como pasó el frigorífico Penta, donde los trabajadores fueron brutalmente reprimidos y acusados de cometer un delito mientras la empresa sigue impune al día de hoy, dejando personas en la calle.

Estas resistencias de las y los trabajadores han mostrado la organización y predisposición a pelear contra la pandemia, la crisis y las estafas de los poderosos. Es la solidaridad obrera la que rompe con el habitual egoísmo que nos quieren hacer creer que tenemos. Las denuncias y reclamos por la escasez de productos básicos o abusos de precios, las faltas de pagos a jubilados o su maltrato constante, junto a la producción de artefactos innecesarios en esta situación, ponen en cuestión la irracionalidad del sistema.

¿Qué pasaría si se les impusiera a las grandes empresas productoras de electrónica o automotores a que reconviertan su producción para la producción de camas y respiradores o cualquier insumo necesario? Con impuestos a las grandes fortunas que vayan a los sectores más vulnerables de la sociedad y no al pago de una deuda a los conglomerados de especuladores financieros.

Se vienen tiempos convulsivos pero de mucho interés para el futuro de las grandes mayorías en el próximo tiempo. Las contradicciones de intereses se marcan cada vez más y el regreso de la lucha de clases que se dio en 2019 podría encontrarse con nuevas gestas junto a una mayor vigencia para luchar por un mundo pos cuarentena en el que la normalidad sea la que discutan las grandes mayorías y no una casta de funcionarios al servicio de una minoría. Una relación armónica con la naturaleza, sin la desigualdad imperante, libre de opresión y explotación es posible, por ello vale la pena pelear.







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