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INFANCIAS – VIVIENDAS

Ella ya tiene su sillita: la solidaridad crece en Cipolletti

“Me llevaron mi sillita de madera, no me tiren mi casita” decía Araceli, la pequeña de Cipolletti que el pasado miércoles veía como las máquinas destruían sus pertenencias en un intento de desalojo. La solidaridad no se hizo esperar y ella hoy tiene su sillita.

Miércoles 21 de octubre | 15:15

El Miércoles un operativo de desalojo irrumpía ilegal y violentamente en el asentamiento 21 de septiembre. Araceli se encontraba durmiendo junto a Benjamín, su hermanito y su mamá Romina cuando el brutal operativo al mando del Fiscal Gustavo Herrera, irrumpía en la tranquila mañana, arrasando y quemando las precarias casillas con retroexcavadoras municipales. “Yo me levante y una cavadora paso a romper casi todas las casas y casi paso a morir un bebé y encima que me llevaron mi sillita de madera”. Descargaba Araceli frente a una cámara entre sollozos. “Y también la quemaron”, agregaba Benjamín.

Su imagen y voz se viralizó en ciudad y la solidaridad de las organizaciones y vecinos no se hizo esperar. La agrupación de mujeres Pan y Rosas le entrego el sábado sillitas y juguetes que habían sido donados a la colecta que vienen impulsando. “La sillita la guarde, pero algunos juguetes los dejo para que los agarren otros”, decía Araceli, mientras jugaba junto a otres niñes del asentamiento, disfrutando de una tarde de juegos, chocolatada y risas.

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La crisis social, económica y sanitaria en curso desenmascarada por el avance de la pandemia, viene a lo largo y ancho del país mostrando la cara más brutal del capitalismo que avanza profundizando las desigualdades sociales a la par que aumenta el desempleo y la pobreza. En los últimos meses la lucha por el acceso a la vivienda y de las infancias sin techo de los sectores más postergados se ha convertido en una demanda elemental para las grandes mayorías. Al mismo tiempo que la doctrina de la mano dura, la criminalización y el punitivismo del Estado avanza con toda su artillería sobre las familias trabajadoras descargando su odio con desalojos y persecuciones.

Es por eso que las iniciativas como la jornada solidaria por las infancias y el derecho a la vivienda deben ser tomadas en nuestras manos y replicarse por miles de trabajadores y trabajadores, en los sindicatos: que abran sus locales para organizar la solidaridad y un plan de lucha por todas las demandas, laborales y sociales. Por infancias con techo y juguetes, por educación y salud, por las futuras generaciones, que hoy están marcando el camino de resistencia frente a la crisis.







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