SEMANARIO

“En mayo del 37 los trabajadores se encontraban luchando contra sus propios dirigentes”

ENTREVISTA A AGUSTÍN GUILLAMÓN

“En mayo del 37 los trabajadores se encontraban luchando contra sus propios dirigentes”

Santiago Lupe

Ideas de Izquierda

Entrevistamos a Agustín Guillamón, editor de la revista Balance y uno de los investigadores que más conoce de la Revolución española, los hechos de mayo del 37 y del ala izquierda del movimiento libertario ibérico de los años 30.

Santiago Lupe: Se conmemoran en estos días 85 años de los llamados hechos de mayo, la insurrección de la clase trabajadora de Barcelona que se levantó en defensa de la revolución social iniciada tras la derrota del golpe fascista de 1936. Diez meses más tarde del 19 de julio esta revolución se veía amenazada por el Estado republicano y el estalinismo que quería terminar con ella ¿Cómo se llegó a esta situación?

Agustín Guillamón: Para explicar los Hechos de mayo del 37 hay que remontarse a la victoria de la insurrección de julio de 1936, casi un año antes, por la propia naturaleza de la revolución social del 36 y la dicotomía de lo que pasaba en las calles, las fábricas y el frente y la política de los líderes de la CNT.

Entre el 19 y el 20 de julio los comités de defensa de la CNT derrotaron el golpe de Estado. Pero esto no sucede espontáneamente, con un “click”. Hay una preparación desde el año 31 muy rigurosa y seria. Estos comités son unos 20 mil militantes anarcosindicalistas organizados en un ejército revolucionario que logran derrotar a un ejército profesional muy preparado.

Pero al día siguiente de haber vencido al Ejército se deja al Estado burgués en pie. Companys sigue siendo el presidente de la Generalitat. Es una diferencia brutal con el bolchevique Antonov Ovseenko, que cuando toma el Palacio de Invierno se sube a la mesa y detiene a todo el gobierno de Kerensky. Aquí no, aquí se va al Palau de la Generalitat y se pacta una unidad antifascista con los partidos burgueses y los estalinistas.

Se crea el llamado Comité Central de Milicias Antifascistas, que no es un gobierno revolucionario, sino un organismo de colaboración de clases que después de nueve semanas y media de existencia logra una reconstrucción importante del Estado. Además, las bases de la contrarrevolución son fuertes. La insurrección de julio del 36 ha derrotado al Ejército pero la Guardia Civil y la Guardia de Asalto no han sido disueltas, sino que quedan armados y acuartelados.

La dirección de la CNT, como la del POUM, deciden entrar al gobierno catalán en septiembre de 1936 y más tarde, en noviembre, al gobierno republicano ¿Cómo actúa el Estado republicano y la Generalitat para desmantelar la revolución social en los 10 meses que van hasta mayo del 37?

El Comité Central de Milicias se disuelve en octubre porque unas semanas antes se había formado el primer gobierno de coalición con consellers de la CNT y del POUM. Este gobierno institucionalizaba y proseguía la labor de fortalecimiento del aparato estatal y el avance de la contrarrevolución. El 24 de octubre el gobierno catalán aprueba dos decretos contra la revolución: el de colectivizaciones y el de militarización de las milicias.

El primero supone detener las colectivizaciones en marcha y limitarlas solo a las empresas de más de 100 trabajadores. Es un decreto obra del conseller de Economía Joan Pau Fábregas, de la CNT. Pero en la remodelación del gobierno del 17 de diciembre de 1936, Nin y Fábregas salen del mismo. Por lo tanto quien desarrolla este decreto es Tarradellas, que en enero de 1937 aprueba 58 decretos en S’Agaró que consiguen controlar financieramente a los ayuntamientos y las empresas colectivizadas para imponer interventores de la Generalitat que sustituyan a los comités obreros. Los que no se sometieran quedaban sin divisas para comprar materias primas, pagar los salarios y poder funcionar.

Sobre la militarización de las milicias se trataba de convertir estos cuerpos de voluntarios en un ejército regular regido por el Código de Justicia Militar de la monarquía. Durruti y muchos otros no lo aceptan. Pero esta oposición solo consigue retrasar su aplicación. Finalmente, ante la presión de que las columnas que no la aceptasen serían disueltas, no les pagarían la soldada o no se les proveería de armas y municiones, entre el 5 y el 8 de febrero en un pleno de milicias confederales se termina aceptando la militarización.

Además, a primeros de diciembre del 36 en una reunión del comité regional de la CNT, este se enfrenta a los comités revolucionarios de barrio para hacer cumplir una decisión del gobierno de la Generalitat. Este había acordado desarmarlos para enviar todas las armas al frente, pero los comités de barrio responden que no devolverían las armas que conquistaron al Ejército en la calle porque eran la única garantía de la revolución y que, si quieren armas, que envíen las de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto, acuarteladas en la retaguardia. Ante esta negativa el comité regional “hiberna” a los comités de barrio, les da la orden de no actuar: dicen que es suficiente con las Patrullas de Control, policía antifascista constituida por aproximadamente una mitad de cenetistas y la otra mitad de gente de ERC, PSUC y POUM.

Sin embargo, al mismo tiempo en estos meses de avance de la contrarrevolución a base de decretos también se van gestando las fuerzas sociales que terminarán haciéndole frente al golpe de mayo de 37. ¿Cómo es ese proceso?

Por ejemplo, en la primavera del 37 en muchas fábricas de Barcelona se hacen asambleas de trabajadores rodeadas por la policía en la que se votaba entre colectivización, es decir aceptar el marco del decreto de la Generalitat, o socialización, que todo el ramo industrial quedara bajo control del sindicato. Esta última opción es la que sale adelante en casi todas las asambleas. Esta es una cuestión clave, fíjate que los hechos de mayo comienzan cuando la Generalitat intenta imponer por la fuerza un interventor en la Telefónica.

Sobre las milicias, la cuarta agrupación de Gelsa de la Columna Durruti fue la única que se opuso a la militarización en el pleno de febrero, aunque no les dejaron intervenir en el debate con excusas burocráticas. Estaba al frente Pablo Ruiz y a lo largo de febrero 800 milicianos bajaron a Barcelona armados y serán los que funden, junto con Balius y la corriente anticolaboracionista de la CNT, la agrupación Amigos de Durruti, que en mayo ya había emitido 5.000 carnés.

Las deserciones hacia Barcelona de otros grupos de milicianos en las semanas previas a la insurrección de mayo son también un goteo constante. Por ejemplo, Máximo Franco, delegado de la Roja y Negra, consiguió llegar a Barcelona como observador, y en las luchas de mayo del 37 consiguió agrupar a una treintena de milicianos revolucionarios desertores del frente de Aragón, que combatieron en el Paralelo.

Por último los comités de barrio, que habían sido prácticamente desmantelados por el comité regional con esa “hibernación” de diciembre, el 4 de marzo de 1937 se reactivan. La Generalitat, que ha ido recuperando sus funciones, aprueba dos decretos y varias órdenes para crear un Cuerpo Único de Seguridad (que unifica Guardia Civil y Guardia de Asalto al servicio de la Generalirar). Esto pone de nuevo en alerta a los sindicatos, que reactivan los comités de defensa de los barrios porque saben que ese cuerpo unificado se crea para disolver las patrullas de control, una fuerza formada por militantes obreros, y a los propios comités.

Denuncias en toda tu obra la responsabilidad de la dirección cenetista en este debilitamiento de la revolución, la reconstrucción del Estado que se convertiría en su sepulturero y en la derrota de la insurrección de mayo, de la que dices que fue derrotada desde la radio, en referencia a los discursos de Oliver y Montseny llamando a detener los combates ¿Cual fue el papel y la responsabilidad de la dirección de la CNT?

En julio de 1936 los trabajadores, organizados en los comités de defensa, habían protagonizado una de las mayores revoluciones de la historia. Diez meses después, en mayo de 1937, se encontraban luchando contra sus propios dirigentes. El instinto revolucionario, formado por 70 años de propaganda anarquista, extendió y profundizó una de las revoluciones sociales más radicales de la historia, expropiando fábricas y cuarteles, formando milicias para enfrentarse al fascismo que definieron el frente de Aragón, gestionando una ciudad de un millón de habitantes, materializando la utopía y sustituyendo las funciones estatales en todos los ámbitos. Pero a partir de un determinando momento, ante el avance de la contrarrevolución y el fortalecimiento del Estado, gracias a la participación de los comités superiores cenetistas en esa sagrada unión antifascista ese instinto dejó de ser suficiente. Es entonces cuando surgen Los Amigos de Durruti.

Los comités superiores de la CNT no quisieron profundizar y coordinar la revolución social que había en la calle, renunciaron a sus propios principios ácratas y adoptaron la ideología antifascista de colaboración de clases. Esa dejación de sus principios libertarios suponía la adopción del programa de la democracia burguesa. Algunos lo padecieron con grandes contradicciones personales, y no les fue fácil renunciar a sus propios principios revolucionarios, pero lo hicieron porque consideraban que la ideología de unidad antifascista era la única vía que conducía a la victoria sobre el fascismo.. Colaboraban con estalinistas, con partidos burgueses o la Generalitat, y se enfrentaban con los comités revolucionarios de base en los barrios. Al punto que los comités superiores en mayo del 37 ya estaban del otro lado de la barricada.

El 3 de mayo, tras el intento de asalto de la Telefónica, en apenas 2 horas, los comités de defensa de la CNT controlaban toda la ciudad excepto algunas partes del centro donde estaban las sedes de los partidos del gobierno. Los comités de barrio levantan barricadas, pero no es algo improvisado. Manuel Escorza, que dirigía el comité de información de la CNT, les había advertido de que se preparaba el golpe tras el asesinato del líder anarquista Antonio Martín en la Cerdanya el 27 de abril.

La CNT, en la reunión del comité regional del 4 de mayo, promueve un comité insurreccional dirigido por Julián Merino con dos comisiones para extender la lucha en la avenida del Paralelo y en plaza de España. Mientras tanto, también nombra una delegación para negociar con la Generalitat encabezada por Abad de Santillán. Juega con una doble baraja, la insurreccional y la negociadora.

La insurrección estaba prácticamente ganada. Companys llega a ordenar, sin lograr que los oficiales le obedezcan, que se bombardeen los edificios bajo control de la CNT tras la muerte del dirigente de la UGT, Antonio Sesé, recién nombrado conseller, al saltarse un control de barricada. Esto es así hasta que vienen García Oliver y Federica Montseny desde Valencia y hacen sus discursos en la radio. Sobre todo “el discurso del beso” de Oliver en el que decía que besaba por igual a los guardia civiles y los camaradas cenetistas caídos en la calle. En las barricadas algunos insurrectos cenetistas dispararon al aparato de radio como respuesta al discurso de García Oliver.

A la altura de mayo del 37 el POUM ya llevaba meses fuera del gobierno de la Generalitat. Sin embargo, tampoco jugó un papel de dirección alternativa al colaboracionismo de clases de la dirección cenetista. ¿Cuál fue para ti el rol del partido de Nin en estos meses previos a mayo y durante la misma insurrección?

Lo que diga yo no importa tanto, es más interesante lo que decía un militante del POUM como Josep Rebull, del ala izquierda de este partido , que criticó muy duramente la política del Comité Ejecutivo y al propio Andreu Nin. Sostenía que no se podía criticar al gobierno y participar en el gobierno, y con él otros muchos militantes. Además Nin, Andrade y la mayoría de los dirigentes del POUM tenían una política completamente seguidista respecto a la dirección de la CNT, nunca la criticaba ni lanzaba propuestas revolucionarias que chocasen con ella.

El diario “Avant” del POUM en julio del 36, cuando una insurrección obrera victoriosa planteaba en la calle y en las fábricas la cuestión del poder, lanzaba reivindicaciones menores de aumento de salarios, reducción de horas de trabajo… en lugar de dar respuesta a esa cuestión fundamental de la toma del poder. El POUM, en esa situación de una revolución enorme por abajo y unos dirigentes cenetistas que estaban pactando con los estalinistas y la burguesía, pedía que el pago de las jornadas de trabajo perdidos en hacer la revolución. Un partido marxista que no plantea el problema del poder en un momento así… no sé qué hacía, casi parece que “pasaba por allí” y aquello no iba con ellos...

En mayo del 37 sucede algo parecido, tampoco planteó la cuestión del poder y se sumará a los llamamientos a la calma de la dirección de la CNT. Aunque hay muchos militantes del POUM que combaten en las barricadas. Ese mes se iba a realizar el Congreso del POUM, por eso mismo había muchos militantes en Barcelona. Rebull y otros muchos criticaron a la dirección de su partido por no plantear la cuestión del poder.

Eres probablemente uno de los investigadores que más conoce la experiencia de Los Amigos de Durruti, una agrupación surgida a pocas semanas de la insurrección de mayo en oposición a toda esta línea de la dirección anarcosindicalista. Ligándolo a esa falta de una dirección revolucionaria: ¿la fundación de los Amigos de Durruti es un intento tardío de intentar poner en pie esta alternativa de dirección a la de la CNT?

La solución no radicaba en sustituir una “mala” dirección por una “buena” dirección, sino en asumir y poner en práctica el programa revolucionario del proletariado: socialización de la economía gestionada por los sindicatos, dirección obrera de la guerra, autonomía del proletariado, destrucción del Estado y sus sustitución por los comités revolucionarios, etcétera…

Los Amigos de Durruti surgieron de forma tardía, porque fueron fruto de la experiencia histórica vivida, a veces muy trágicamente. Su nacimiento se produjo en marzo del 37, como remate de uno de los ejemplos de derrotismo revolucionario más hermosos en la historia del movimiento obrero. La cuarta agrupación de Gelsa de la Columna Durruti, liderada por Pablo Ruiz, promovió la deserción revolucionaria en el frente de Aragón. Abandonaron el frente, armados, para defender en Barcelona la revolución. Una previsión que se materializó solo dos meses después de tal deserción… Una vez aquí confluyen con sectores de la Juventudes Libertarias, el Sindicato de la Madera y toda una corriente de opinión muy amplia que criticaba la colaboración con el gobierno burgués y estalinista.

A finales de abril de 1937 sacaron un cartel, que pegaron por toda la ciudad, donde llamaban a sustituir la Generalitat por una Junta Revolucionaria. Planteaban cuestiones como la socialización de la economía controlada por los sindicatos. Ese mismo programa lo plantearon días después en una octavilla repartida en las barricadas levantadas en mayo..

Después de mayo del 37 comenzaron la publicación de su diario “El Amigo del Pueblo”, el 19 de mayo. Aquí desarrollan la reflexión acerca de la consigna de Junta Revolucionaria, son gente que ha aprendido en medio de la lucha las lecciones de lo ocurrido y reconocen que lo hecho en julio de 1936 era todo lo contrario de lo que debía haberse hecho.

Sostienen que el Comité Central de Milicias fue un error, porque era un organismo de colaboración de clases. En julio de 1936 debería haberse constituido una Junta Revolucionaria, formada por representantes de las fábricas, las milicias… excluyendo a los partidos burgueses, a los estalinistas y a la Generalitat. Es decir, un gobierno autónomo de los trabajadores revolucionarios.

Este concepto de la Junta Revolucionaria no deja de ser una consigna de poder obrero. Que sectores libertarios plantearan una suerte de gobierno obrero, ¿no suponía una ruptura con el rechazo al poder del anarquismo?

El poder es el poder de hacer las cosas. Un poder de decisión sobre tu vida. Este poder lo tienes que tener tú. No puedes dejarlo en manos del enemigo de clase, porque te aplastará. Esa es una importante enseñanza que aprendieron en la propia lucha. Hay que construir ese poder, un organismo propio, una sociedad en la que la gente pueda realmente decidir. En el caso de la revolución del 36 los comités tenían ese poder, pero era un poder atomizado, que no se contrapuso lo suficiente al poder del Estado, el cual se fue recomponiendo hasta que logró imponerse mediante una represión coordinada entre la burguesía, el estalinismo y los comités superiores de la CNT.

León Trotsky escribe y polemiza muy duramente con la dirección anarcosindicalista y también con Nin y el POUM por su negativa a adoptar una política independiente de las direcciones de la CNT que se ligara a los sectores más avanzados de los obreros anarquistas y tratara de ofrecer una alternativa de dirección para la victoria de la revolución. En Barcelona en ese momento los trotskistas eran solo unas decenas de militantes, con muy poca incidencia en los acontecimientos, pero que coincidieron en el programa de acción con sectores como los Amigos de Durruti. ¿Qué nos puedes contar de ellos?

Grupos trotskistas había dos. Uno era la Sección Bolchevique Leninista de España, dirigida por Munis, y el otro el grupo dirigido por Fosco que editaban en francés “Le Soviet”. Los segundos eran algo testimonial, una sucursal del partido francés, unos 8 militantes, con un diario muy interesante pero con una influencia nula: era un diario barcelonés redactado en francés.

El grupo de Munis eran una treintena de militantes en su mayoría extranjeros. Intentaron contactar con un grupo de milicianos alemanes, pero les infiltraron espías soviéticos y fueron detenidos en febrero de 1938 y quedaron disueltos. En mayo del 37 Munis y Peret habían marchado a París a contactar con el grupo francés. Aun así fueron los únicos, junto a los Amigos de Durruti, que lanzaron una octavilla en las barricadas para tratar de ofrecer una perspectiva revolucionaria a la lucha. Para Munis, como escribió en su diario “La Voz Leninista”, la Junta era una expresión española de la idea de los soviets revolucionarios de 1917 (no de los soviets estalinizados posteriormente).

El POUM en general no respondió a las críticas de Trotsky y los trotskistas. Nin solamente lo hizo en vísperas de su secuestro en un artículo publicado en “Juillet”, la revista internacional del POUM. El artículo estudiaba los órganos de poder en la revolución española. Ahí Nin sostiene que no había existido una situación de doble poder y justificaba su participación en los gobiernos de coalición y que en el caso español no era necesarios desarrollar organismo del tipo soviético o consejista por la fortaleza misma de los sindicatos.

Para concluir, la Revolución española es la historia de una de las mayores revoluciones obreras de la historia. Una historia que acabó en derrota pero que dejó un rico legado de enseñanzas ¿Cuáles son para ti las principales lecciones para que en las revoluciones del futuro la victoria sea posible?

Creo que las principales lecciones son parte de los aportes teóricos que hicieron sectores como los Amigos de Durruti, que las sacaron en mitad de los combates y en base a una dura experiencia de lucha, de caída de sus compañeros…

En primer lugar, la necesidad de un programa revolucionario, claro y preciso, que debe ser defendido por las armas y que debe defenderse y reprimir los intentos de ser aplastada por la contrarrevolución.

En segundo lugar que todo el poder económico debe estar controlado por los sindicatos, por la clase trabajadora. Aunque no basta con controlar o gestionar la economía. Por eso la idea de que la revolución debe ser totalitaria, en el sentido de total, de no detenerse en el control de las empresas y la economía como sucedió aquí, sino abarcar el resto de órdenes sociales y culturales… esto es, de abarcar la totalidad de la experiencia humana.

Para ello la inevitable necesidad de una dirección revolucionaria durante la insurrección y en la primera fase del proceso revolucionario. Algo que sin duda faltó, aunque hubiera intentos muy valiosos de construirla tardíamente.

Por último la necesidad de destruir el Estado, que en el caso de la revolución del 36 pasaba por desarrollar y coordinar los comités para destruirlo. En este caso se trataba de sustituir al Estado, la Generalitat, por una Junta Revolucionaria, un organismo de poder unitario de toda la clase trabajadora. Algo completamente opuesto a la línea de colaboración con la burguesía y su aparato estatal.

Como he escrito en alguno de mis prólogos, mis investigaciones tienen la vocación de que sirvan para no volver a cometer los mismos errores del pasado, pensar la revolución para estar preparados para volver a hacerla algún día. El anarquismo revolucionario sucumbió ante la represión, pero nos legó el ejemplo, la reflexión y el combate de algunas minorías, como Los Amigos de Durruti, las Juventudes Libertarias, determinados grupos de la Federación Local de Barcelona, el grupo que editó el periódico clandestino “Alerta”, que nos permiten teorizar sus experiencias, aprender de sus errores y reivindicar su lucha y su historia.


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Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.