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Este martes el Concejo Municipal de Lobos debatirá la regulación de agrotóxicos

El Círculo de Ingenieros Agrónomos presentó un controvertido proyecto de ordenanza para regular la aplicación de agrotóxicos. El Colectivo por la Agroecología y la Soberanía Alimentaria, junto a otras agrupaciones, alerta sobre su aprobación y presenta otro proyecto.

Sábado 10 de octubre | 22:32

El pasado martes 6, el Círculo de Ingenieros Agrónomos de Lobos (CIAL) elevó dos proyectos de ordenanza para su tratamiento por el Concejo Deliberante municipal. Uno de ellos se refiere al “Manejo y aplicación de fitosanitarios en el Partido de Lobos”, el otro al “Fomento de la producción agroecológica rural y urbana”.

Las organizaciones ambientalistas de dicha ciudad vieron con preocupación las implicancias de la aprobación del primer proyecto, que regula las aplicaciones de agrotóxicos en todo el territorio lobense. Por este motivo, en la tarde del día viernes, el Colectivo por la Agroecología y la Soberanía Alimentaria (COPLASA) junto a Fuerza Ecológica, Nave Tierra, productores locales y vecinos autoconvocados presentaron un proyecto alternativo sobre la misma temática. Ambos proyectos se discutirán en la próxima sesión del Concejo Deliberante de este martes 12.

Proyecto del CIAL

Uno de los principales puntos del debate es el relacionado a las distancias de aplicación de los denominados fitosanitarios (nombre general que se utiliza para todo herbicida, insecticida, bactericida, y cualquier sustancia de acción química y/o biológica que se utilice en el control de plagas). Estos agrotóxicos se dividen según su peligrosidad siguiendo la clasificación utilizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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Fitosanitarias clasificados según sus riesgos
Fitosanitarias clasificados según sus riesgos

El proyecto de ordenanza del CIAL contempla el uso terrestre de productos de bandas azul o verde en las llamadas zonas de amortiguación. Entre estos productos se encuentra por ejemplo el glifosato (banda azul), y la regulación que proponen establece que las zonas de amortiguación comiencen tan solo a 50 metros de los Límites de las Áreas Urbanas. Es decir, se pretende autorizar el uso de herbicidas como el glifosato, prohibido en varios países, a tan solo media cuadra de las casas más periféricas de las localidades del Partido de Lobos.

Límite de aplicación para la localidad de Lobos, Partido de Lobos

Para las zonas rurales, reservas y áreas protegidas ni siquiera se establece zona de exclusión, y a un radio de 100 metros a su alrededor no solo se contemplan los productos de banda verde y azul sino también los de banda amarilla y roja. Para la Laguna de Lobos, importante humedal de la ciudad, la zona de exclusión pretendida es de tan solo 20 metros.

Párrafo aparte merecen las escuelas rurales. Para las mismas se contempla una distancia de 50 metros a su alrededor, similar a la zona de exclusión periférica de la zona urbana, con el desafío extra de no verse ninguneadas por las autoridades, cuando en el mismo mapa del proyecto falta la escuela Nº 36.

Efectivamente, la modalidad elegida para sancionar el incumplimiento de estas medidas extremadamente mínimas es otro debate importante. El cobro de multas si se advierte la trasgresión suele ser un vuelto para quienes se benefician del uso indiscriminado de agrotóxicos.

El último punto importante a considerar es el referido a las fumigaciones aéreas. Este proyecto admite las mismas a partir de un radio de 2000 metros de distancia desde poblaciones consolidadas y “espacios determinados” sin especificar. Esto abre una incógnita para las ya mencionadas escuelas rurales, pero además es una práctica especialmente peligrosa por el fenómeno conocido como “deriva”, es decir, “el desplazamiento de la aspersión (del plaguicida) fuera del blanco, determinado por transporte de masas de aire o por falta de adherencia”.

Proyecto de COPLASA

COPLASA, Fuerza ecológica, Nave Tierra, productores locales y vecinos autoconvocados presentaron un proyecto con diferencias importantes en los puntos antes señalados.

Su propuesta es similar en cuanto a los usos de agrotóxicos, prohibidos en zonas urbanas y en la zona de exclusión y habilitados los de banda verde y azul para la zona de amortiguación, pero difiere en las distancias establecidas para cada zona.

Las distancias establecidas por este proyecto son de 1095 metros a partir de los límites de las Áreas Urbanas donde están prohibidos los fitosanitarios y 2000 metros de zona de amortiguación. Con el fin de lograr los 1095 metros de zona de exclusión, se propone una modalidad progresiva, con el objetivo de alcanzar dicho límite en un plazo de 5 años.

Para las escuelas rurales la distancia se extiende a 100 metros a su alrededor, con 200 metros de zona de amortiguación, el doble de lo que propone el proyecto del CIAL. Para la Laguna de Lobos se propone 100 metros de zona de exclusión y 200 de zona de amortiguamiento.

Este punto es debil en ambos proyectos, puesto que según sugiere la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, la distancia mínima para fumigaciones terrestres debe ser de 1000 metros. En octubre de 2018, la Corte Suprema de Entre Ríos falló a favor de la Asociación Gremial del Magisterio de esta provincia y del Foro Ecologista de Paraná que reclamaban la prohibición de las fumigaciones terrestres en un radio de mil metros alrededor de las escuelas rurales.

En cuanto al polémico uso de las fumigaciones aéreas, este proyecto las prohíbe para todo el partido de Lobos, aunque "excepcionalmente podrán realizarse aplicaciones aéreas ante circunstancias de fuerza mayor". Las encargadas de estudiar y autorizar estas excepciones serán "Secretaría de Desarrollo Social, Secretaría de Hacienda y Producción y Dirección de Políticas Ambientales".

La importancia de la participación popular

El debate por la utilización de productos químicos que afectan a la salud compete a toda la población lobense. Las formas de producir y de utilizar el suelo, qué se elige producir y para qué, también son parte de esta discusión.

El segundo proyecto presentado por el CIAL para la producción agroecológica, propone justamente una transición a formas de cultivo más amigables con el ambiente y la salud humana, pero lo hace a condición de que gran parte del territorio siga bajo el paradigma del agronegocio, en detrimento del bienestar general y de la transición misma.

La agroecología no puede ser un caballo de troya para que se aprueben la utilización de agrotóxicos que afectan a las grandes mayorías y que llenan los bolsillos de unos pocos. La agroecología, planificada por los propios productores y vecinos, tiene que ser una verdadera alternativa, para producir alimento saludable para la población y sin los riesgos del agronegocio.

Los sindicatos docentes debieran ponerse a la cabeza en defensa de las escuelas rurales. La participación popular en estas decisiones es fundamental para expresar los intereses de las mayorías y de los sectores más expuestos.







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