Política

OPINION

Fernández Díaz editorializa desde arriba de una palmera

Jorge Fernández Díaz debe fruncir el ceño, como en la foto que acompaña sus notas, y teclear con la fuerza exagerada que ostentan los conversos. Él, que revistó en las filas de la “izquierda nacional”, ahora permuta pluma por sueldo en el diario insignia de la oligarquía argentina. Y miente y falsea para hablar de Guernica.

Domingo 8 de noviembre de 2020 | 17:01

LOS DUEÑOS DEL PAÍS, SUS PLANES Y SUS MIEDOS | Editorial - YouTube

Tapar el bosque de la emergencia de los oprimidos con la hoja de una rama de un árbol

Fernández Díaz se propone, sencillamente, explicar que la lucha de clases no existe, que es una puesta en escena. Que lo que pasó en Guernica es un ejercicio lúdico de jóvenes que odian sin saber porqué. Con la infinita desubicación la clase dominante sobre lo que pasa en los socavones sociales, Fernández Díaz se propone negar lo que estalló en Guernica, que es la pelea por la tierra, la demanda por una vivienda. Y algo más profundo: la emergencia social de trabajadores precarios y nuevos desocupados despojados durante décadas.

Fernández Díaz se habrá intoxicado con el recitado surrealista de los canales de noticia y él también nos viene con la aburrida cantinela de que en Guernica actuaron “agentes externos” que engañaron a sectores populares manipulables. Ese brulote parte de una premisa elitista y oligárquica. Que los pobres y los trabajadores no pueden levantarse y enfrentar su situación por la fuerza de su hartazgo y de sus aspiraciones de cambiar las cosas, si no son hipnotizados por elementos ajenos. Pero sí, toda esa década que Fernández Díaz ve con pavor, los setenta, así como cada rebelión y movilización actual nos confirman que trabajadores, jóvenes, minorías sexuales, razas oprimidos dicen “basta” cada tanto y actúan en consecuencia. Fernández Díaz debería acostumbrarse a que la lucha de los explotados y oprimidos se de más habitualmente. Guernica es la primera escena de una película que recién comienza.

Había estudiantes, claro

¿Había estudiantes como dice Fernández Díaz? Pues claro que sí y está muy bien que así sea. No estudiantes que “reemplazan” a los pobres del protagonismo de sus propias peleas, sino estudiantes con conciencia política, con solidaridad, con comprensión de que la pelea de los trabajadores y los “sin nada”, es una motivación suficiente y hermosa para estar ahí, para confraternizar, para madrugar y pasar frío con las familias de Guernica, buscando que esas luchas triunfen.

Ese “artefacto” no se inventó en el partido Presidente Perón ni nació en esta pandemia. Desde el Cordobazo la unidad entre estudiantes y sectores populares es una realidad, una bandera y un símbolo de una fuerza social poderosa para enfrentar gobiernos y empresarios.

Los trotskistas, que le avisamos a Fernández Díaz que son los que estaban en Guernica, defendemos esa práctica desde hace décadas. El trotskismo tiene una una enorme tradición nacional con autores como Liborio Justo, el hijo maldito del General prodigioso, Milcíades Peña, que reseñó los avatares de la decadencia nacional, o militantes como Nahuel Moreno, entre muchos otros, que le ponen nombre a una corriente que Fernández Díaz no se atreve a pronunciar.

Fernández Díaz podría consultar sobre esa tradición a Sebreli, al que menciona. Pero ni siquiera: él conoce esa tradición, ya que tuvo un paso por las ideas de la “izquierda nacional”, que buscó conciliar, como en el mito de Sísifo, las ideas de Trotsky con la doctrina peronista.

El trotskismo cuenta, efectivamente, con miles de estudiantes en la enorme mayoría de las facultades, escuelas terciarias y colegios de todo el país, que se sienten hermanados con los oprimidos en cada rincón del país y del planeta. Esos son los jóvenes que acompañaron a las familias en Guernica.

Ponele que son kirchneristas

Fernández Díaz, que probablemente sabe que los que estaban codo a codo con las mujeres, los jóvenes y los laburantes en Guernica eran trotskistas, afirma que el clima “setentista” estimulado por el kirchnerismo, propicia sucesos como las tomas de tierra en Guernica. Pero no hay nada más lejos del “clima” kirchnerista que la acción directa de trabajadores y trabajadoras. El kirchnerismo solidario con luchas de sectores populares, como quiere inventar Fernández Díaz, es un oximorón, un imposible absoluto.

De hecho las reprimen, las atacan con dureza, como se vio en Lear tantas veces, en Kraft, en las comunidades Qom. La persona que escribe el presente artículo fue reprimida por el kirchnerismo unos 8 veces en el Casino Flotante, probando los bastones y el calabozo de la Prefectura que supo integrar Feced. ¿De qué kirchnerismo setentista nos habla Fernández Díaz? ¿Cómo ubica, en ese relato de realismo mágico, el ataque de patotas como las que asesinaron a Mariano Ferreyra?

El fiscal que amaba a los perros policías

Fernández Díaz llega a emocionarnos en su nota, cuando habla del fiscal actuante en Guernica, el joven Condomí Alcorta: “El fiscal no milita en ningún partido ni profesa admiración por la doctrina Zaffaroni ; es un demócrata y un legalista absoluto de mediana edad”. Piel de gallina.

El fiscal Condomí Alcorta, en realidad, batió un récord olímpico en miseria humana y junto a los otros fiscales que actuaron en Guernica se sacaron una selfie con las casas quemadas, con familias corriendo de fondo. Como cazadores ostentando su presa.

Pero Condomí tiene todo un currículum así. En La Plata tuvo que apartarse de la causa por las inundaciones, luego de ser denunciado por haber autorizado la entrega de cuerpos a familiares sin el necesario trámite judicial, sin autopsia previa y sin dejar sentada la prohibición de cremación. Encubrió las consecuencias de ese brutal crimen social. Durante la ofensiva macrista en el Astillero Río Santiago, cuando Macri dijo que había que “dinamitarlo”, Condomí Alcorta realizó un pedido al Ministro de Seguridad Cristian Ritondo para militarizar la fábrica, contra la lucha de los obreros. Las organizaciones de mujeres también lo conocen bien: luego de dormir la causa por el femicidio de la migrante paraguaya Diana Colman, se apartó de la causa acusando a la madre de la mujer asesinada de estar rodeada de organizaciones violentas. Enemigo de las mujeres, de las familias trabajadoras, amigo del poder y de las injusticias.

Los dulces agentes de la Policía Bonaerense

Fernández Díaz habla de la Policía Bonaerense y si uno cierra los ojos, puede imaginar a los tiernos personajes de La Novicia Rebelde. El editorialista nos presenta una fuerza profesional, democrática. No es un grupo de coimeros, represores, amigos de los narcos y protectores de redes de tratas, sino un cándido conjunto de agentes del orden sobre un fino colchón de hojas verdes.
Fernández Díaz nos dice que la "setentización" “asimila automáticamente a la policía y a los militares actuales con aquellos seres siniestros que practicaron el terrorismo de Estado”. ¿Conocerá que esa fuerza brutal y despiadada fue formada por la doctrina de Ramón Camps? ¿Habrá llegado a su burbuja impermeable las noticias de la desaparición de Jorge Julio López, para beneficio de Etchecolatz? ¿Conocerá el caso Facundo Castro? ¿Sabrá quién es Luciano Arruga? Esas sutilezas no trepan la palmera de Fernández Díaz.

Lo que viene, lo que viene

Fernández Díaz nos habla de un kirchnerismo setentista que no existe, justo cuando el peronismo de conjunto se afeita y emprolija para gustarle más al poder, más cerca de Fernández Díaz de lo que a él le gustaría creer. No es casual que escriba eso luego de la batalla en Guernica. La crisis golpea y los trabajadores, la juventud y el pueblo empobrecido han comenzado a protagonizar las primeras peleas de una larga saga que recién comienza. Ahí estará el trotskismo, que seguramente aparezca con nombre propio en los próximos escritos de Fernández Díaz.







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