Cultura

ANIVERSARIO

Final del juego: El eterno retorno a la infancia

Al leer a Julio Cortázar son sus personajes los que ocupan su lugar en la historia y despiertan las más profundas emociones; Leticia, Holanda y su prima forman parte de ellos.

Liliana Vera Ibáñez

Delegada Suteba La Matanza | @liluzlisam

Sábado 27 de agosto de 2016 | Edición del día

"Con Leticia y Holanda íbamos a jugar a las vías del Central Argentino los días de calor" narra el cuento Final del Juego, y sin perder tiempo la imagen de unos sauces verdes, resolana, el resplandor de las vías del tren y hasta ese zumbido a siesta nos inunda. La asociación inconsciente con los juegos que de niños inventamos con algún hermano, primo o vecinito a escondidas de nuestros papás aparece.

La narradora cuenta que cerca de las vía, ahí estaba la capital del reino, la ciudad silvestre que componen el escenario de la historia. El juego marcaba dos formas: estatua y actitudes. Las actitudes no requerían ornamentos pero sí mucha expresividad; y las estatuas disfraces originales en cada oportunidad.
Así como estas niñas jugaban a escondidas y se escabullían "esperando que mamá y tía Ruth empezaran su siesta para escaparnos por la puerta blanca" pues " si llegaban a enterarse del juego se iba a armar una meresunda increíble"; así con cierta nostalgia un adulto recuerda las travesuras a escondidas de mayores con cierto escalofrío en la espalda, porque eran verdaderos secretos.

Del mismo modo, algunas sentencias de las que parecía imposible escapar si se desobedece a los padres. "Acabarán en la calle, estas mal nacidas" decía tía Ruth del mundo de Cortázar. Y detrás de estas letras, las voces a lo lejos los reclamos de devoción, sacrificio malamente recompensados, el amontonamiento de invocaciones a los castigos más célebres, para rematar con el anuncio de nuestro destino terribles e incorregibles. Sentencias que el propio narrador ridiculiza quitándole el dramatismo a los dichos de sus personajes. Porque sus características están muy marcadas transformando en iniciadores de emociones entre los lectores.

¿Quién no se ha imaginado de niño o niña se ha disfrazado a escondidas de los adultos, porque el simple hecho de hacerlo de ese modo transformaba al asunto es peligroso y único?.

Leer Final del juego, contrariamente al titulo que pretende mostrar como tres niñas crecen rápidamente tras una experiencia compartida, no es un final. Para lectores sensibles, que gustan de dejar volar su imaginación asociándolos con sus propias experiencias más o menos gratas, la frase de Holanda "vas a ver que mañana se acaba el juego" no significa mucho.

Ariel, tía Ruth, mamá, el gato José, las de Loza, continúan apareciendo cada tanto en nuestras vidas en el cuerpo de aquellos con quienes compartimos el día a día, si se les permite entrar y ser parte activa del mundo fantástico en el mundo real.

Leticia, Holanda y la narradora invitan a dedicarles veinte minutos de alguna tarde y comenzar el juego una y otra vez. "Hasta siempre" fueron las palabras del único niño de la historia. Porque cada vez que nuevos ojos intrigados repasan sus historias, el juego vuelve a empezar.







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