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Red Internacional

Frente de Todos.Un acto en una empresa explotadora ocultando que ganan los bancos y pierden los jubilados

Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Sergio Massa y otros funcionarios y dirigentes anunciaron los candidatos del Frente de Todos. Un símbolo: lanzamiento de campaña en una empresa que explota y despide. La clave del discurso: que la pandemia les impidió cumplir sus promesas electorales pero ahora sí podrán hacerlo. Pero los hechos demuestran que hay ajuste y desmienten el relato.

Sábado 24 de julio | 18:59

El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner anunciaron este sábado las listas del Frente de Todos para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de la Ciudad de Buenos Aires y la provincia.

Del acto, que se realizó en la fábrica Queruclor del partido bonaerense de Escobar, participaron también el intendente Ariel Sujarchuk, el gobernador Axel Kicillof, el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa y los precandidatos Victoria Tolosa Paz, Daniel Gollán, Leandro Santoro y Gisela Marziotta. Llamativamente (o no tanto), quienes encabezarán las listas no hicieron uso de la palabra.

El lugar elegido para el acto es un gran símbolo. Todos los oradores revindicaron al empresario Walter López: cabe recordar que en 2019, durante el proceso de compra de la empresa por parte de este hombre a la estadounidense Exal Packaging, se despidió a 66 de los 90 trabajadores que tenía la planta.

Sin embargo, no fue el único gesto en ese sentido. En su discurso, la vicepresidenta Cristina Kirchner también reivindicó a Lukas Menoyo, otro empresario ultra explotador. Si por algo se caracteriza su empresa es por turnos laborales de 24 horas, obreros sin comedor que tenían que tomar agua de una manguera y despidos arbitrarios. Una familia que hizo una fortuna en base a la superexplotación y a créditos del Estado.

Esos datos apuntan al corazón de uno de los ejes del acto: la sistemática reivindicación de una alianza entre empresarios y trabajadores, en la que supuestamente ganarían todos. Pero los datos y la historia demuestran con contundencia que esto no es así.

Durante el largo acto, otro importante eje discursivo estuvo puesto en el hecho de que no pudieron ocultar que las expectativas con las que millones los votaron en 2019 fueron frustradas. En palabras de Sergio Massa, en estas elecciones "vamos a elegir diputados para ayudar a nuestro presidente a ratificar un contrato que firmamos en 2019 con la ciudadanía pero que la pandemia puso en pausa".

Sin embargo, este relato, repetido con distintas palabras por otros de los oradores, es algo que se da de frente con la realidad, que indica que durante el año y medio del Gobierno del Frente de Todos se siguieron pagando miles de millones de dólares de deuda mientras la pobreza alcanzó el 42 %. Que los bancos siguieron ganando y los jubilados siguieron perdiendo. Que la desocupación continuó aumentando mientras los terratenientes hicieron ganancias inéditas. La culpa no es del virus, sino de las decisiones que se tomaron y los intereses que se representan.

Por dar solo algunos ejemplos, en los últimos doce meses las ganancias netas acumuladas de la banca privada alcanzaron los 141.945 millones de pesos. Los pagos de deuda alcanzaron los U$S 6.500 millones durante el Gobierno de Alberto Fernández, que fueron a las manos de organismos internacionales de crédito, incluyendo el FMI. Y en palabras de Alfredo Zaiat, editorialista de Página 12 a quien citó Cristina Kirchner hace pocos días, los "productores bonaerenses de soja, maíz y girasol nunca registraron una rentabilidad tan importante en los últimos veinte años”.

Contra el discurso del "estado presente" (reivindicaron los IFE y los ATP), estos y otros datos demuestran que no se invirtieron las prioridades después del desastre macrista, sino que los poderosos siguen ganando. En el presupuesto 2021 hasta el IFE fue eliminado y el presupuesto de salud recortado, a pedido del ajuste fiscal que exige el FMI.

Cabe destacar el aspecto de la salud, porque candidaturas como la de Gollán apuntan hacia una reivindicación del manejo de la pandemia en la cual no solo se ajustaron las partidas de salud, como dijimos, sino que también hubo escándalos como el de las vacunas VIP que le costó el puesto a Ginés González García, y promesas incumplidas respecto de llegadas de vacunas. De fondo, estuvo siempre la ganancia empresaria por sobre la vida, como se vio en la negativa a declarar de utilidad pública el laboratorio de Hugo Sigman, con lo cual se habría podido vacunar mucho antes a la población, salvando miles de vidas.

Pasado y presente se entrelazan, porque en el relato para autojustificar cómo llegamos a una crisis de la actual magnitud se siembra la base de un discurso electoral de futuro. Pero ese futuro no verá realizarse las promesas de recuperación del empleo y el salario que se dijeron en el acto, sino que en el próximo acuerdo con el FMI se encuentra la prolongación de la larga decadencia argentina que pagan las grandes mayorías.

En este sentido, durante su alocución, Cristina Kirchner dijo una gran verdad combinada con una mentira: en estas elecciones se presentan fuerzas políticas que ya todas gobernaron. Si bien ignoró a la izquierda que plantea una alternativa distinta, sí es real que el peronismo, el macrismo y el radicalismo son los que gobernaron en las últimas décadas y los responsables del hundimiento del país. En esas opciones no hay salida para los sectores obreros y populares del país.

Para ese discurso, Cristina Kirchner tuvo no solo que ocultar su propio pasado (que la encontró apoyando al menemismo durante sus primeros años) sino también distorsionar temas centrales como el de la deuda. En este punto nodal, una vez más, presentó una versión que no se condice con los hechos: como ella misma decía años atrás, los gobiernos kirchneristas fueron siempre pagadores seriales de deuda externa. Fueron más de 200.000 millones de dólares, cifras fenomenales que no fueron al desarrollo del país, ni a educación, salud, o jubilaciones, sino a las arcas de los especuladores, legitimando así no solo un mecanismo de saqueo del país sino también una deuda que es ilegal, ilegítima y fraudulenta.

Si algo caracteriza a la sucesión de gobiernos peronistas, macristas o radicales, es la negativa a cortar de raíz la dependencia con el imperialismo o cuestionar la apropiación privada de los recursos estratégicos del país. Herencias neoliberales como la precarización laboral son también pilares que todos dejan intactos.

Mención aparte en esta historia merecen las candidaturas de burócratas sindicales como Sergio Palazzo. Más allá de sus intentos de diferenciarse de los "gordos" de la CGT, es parte histórica de las centrales sindicales que históricamente dejaron pasar uno tras otro los planes de ajuste que llevaron a la actual situación.

Contra tantas promesas e intentos de engaños del discurso surge una tarea: sobre la realidad de que macristas, peronistas y radicales ya gobernaron, se impone la necesidad de construir una tercera fuerza desde abajo y a la izquierda, para dar vuelta la historia. Con ese desafío, hoy se presentaron las listas del Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad.




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