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Fútbol en crisis: el jugador que se mudó con un hincha por no poder pagar alquiler

La trastienda de la huelga de futbolistas: desde jugadores que no pueden pagar un viaje para entrenar hasta hinchas que les dan albergue para que no los desalojen. Historias menos conocidas que las discusiones entre Agremiados y AFA.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Martes 7 de marzo de 2017 | Edición del día

Foto: sitio de Diario Popular.

Sucedió el año pasado, pero es la muestra de la profundidad de la crisis en la que está sumido el fútbol; crisis que pagan quienes no la generaron: sus protagonistas, los jugadores. Un delantero de Quilmes –sí, de un club de Primera División, no de la C o de la D- había dejado de pagar el alquiler y, pese a cierta flexibilidad del dueño del departamento, se vio obligado a mudarse. Un hincha del club cervecero le ofreció albergarlo en su casa. En mayo de 2016, el delantero se fue a vivir con la familia de uno de los que alienta desde el otro lado del alambrado.

De historias como la de Sergio Hipperdinger, un joven chaqueño de 24 años que jugó en Quilmes desde las divisiones inferiores, está plagado lo que se conceptualiza fríamente como la “crisis del fútbol”. Lejos del estrellato, de los contratos millonarios por publicidades, de videojuegos como el PES o el FIFA, el fútbol nacional está motorizado por futbolistas de carne y hueso para quienes jugar al fútbol es su trabajo. El combustible del actual paro de jugadores son historias como esta, por eso el paro se impone a pesar de las presiones de la dirigencia y de los titubeos de Sergio Marchi y Futbolistas Argentinos Agremiados.

“El dueño me había bancando ya siete u ocho meses, no le puedo decir nada. Estoy viviendo en lo de un hincha”, relataba el jugador en junio de 2016 a la radio FM Sur. “Como al mediodía en el club porque no me alcanza para las dos comidas. (…) Mis compañeros me prestan plata”, completaba. Por esta situación, Hipperdinger se vio obligado a emigrar del club que lo vio nacer como futbolista: actualmente juega en el club Freamunde, de la Segunda División de Portugal.

Aunque Sergio Hipperdinger pudo zafar, Quilmes Atlético Club sigue siendo una de las instituciones de Primera con mayores deudas con su plantel: lleva 4 meses, que se agregan a los graves inconvenientes económicos que sufren sus jugadores desde fines de 2015. El locuaz Aníbal Fernández, tan afecto a los micrófonos y las declaraciones rimbombantes, no emite palabra sobre el club que comenzó a hundirse en el pantano cuando él era presidente del “cervecero”.

La difícil situación de los futbolistas en el Ascenso

Y si ese es el panorama en uno de los clubes más antiguos de Primera División, no es difícil imaginar cómo se profundiza esta crisis en el Ascenso. En el Club San Telmo, que milita en la Primera B Metropolitana, hay al menos tres jugadores juveniles que “dejaron de venir porque no tienen ni para viajar. Los padres perdieron el laburo y no tienen oportunidad económica de nada”, explica Jorge Franzoni, DT del equipo candombero. “Un goleador que trajimos de Arsenal, donde salió goleador en la cuarta con veintipico de goles, no puede venir más porque no tiene para viajar”, se lamenta el entrenador.

“No llevamos plata a casa para vivir y se complica. Gracias a Dios, no me da vergüenza decirlo, no tengo trabajo extra y mi mujer busca la comida en un comedor cerca de casa al mediodía, y a la noche la rebuscamos para conseguir o hacer algo”, explica Alberto Martínez –volante y referente de San Telmo- al sitio Sólo Ascenso. “Si a ellos (los dirigentes) en su laburo les deberían meses como a nosotros o a cualquier trabajador le daría bronca y reclamaría como lo hicimos ahora porque ya no podemos vivir así”, asegura justificando el paro de futbolistas por el cual no hubo fútbol el pasado fin de semana.

“Un goleador que trajimos de Arsenal (...) no puede venir más porque no tiene para viajar”, se lamenta el DT de San Telmo

¿Jugar para vivir o vivir para jugar?

Para algunos jugadores se plantea una disyuntiva: si mantenerse en la actividad como profesionales o dedicarse a otra cosa para vivir. “Yo estoy pensando en si sigo jugando o me pongo a laburar de lleno en lo mío que es lo que me está manteniendo en esta situación.”, cuenta Gerardo Gordillo (delantero de J.J. Urquiza, de la Primera D). “A la gran mayoría se le debe tres meses además no todo el mundo tiene un trabajo aparte”, comenta Gordillo. Por lo general, en clubes de la C y la D algunos pocos jugadores cobran algo en concepto de viáticos.

“En lo económico, ésta a la vista de todos y es de público conocimiento el mal manejo de todas las categorías del fútbol argentino, pero los jugadores del ascenso y en especial de la D tenemos la situación más precaria del fútbol argentino partiendo de la base que no vivimos con lo que cobramos, que no tenemos contrato ni obra social. A nosotros nos cuesta todo el doble. La mayoría trabaja el resto del día para solventar los gastos y llegar a fin de mes y ni hablar del que tiene que mantener una familia, se rompe el lomo entrenando y deja la vida en el laburo por darle de comer a su familia, pagar el alquiler y ve que no llega a fin de mes y tiene que pedir prestado a un familiar, amigo, compañero, esas situaciones son las que se viven en el ascenso.”, relata el arquero Federico Ricciardelli de General Lamadrid al sitio Vermouth Deportivo. “No puede pasar más de que le falten el respeto a los jugadores.”, concluye su compañero, el delantero Daniel Pastrana.

"Los jugadores del ascenso y en especial de la D tenemos la situación más precaria del fútbol argentino partiendo de la base que no vivimos con lo que cobramos, que no tenemos contrato ni obra social", cuenta un jugador de Lamadrid.

Esa disyuntiva se resolvió amargamente para un histórico jugador de Acassuso: Alejandro Firedrich tenía contrato hasta fin de año con el club “quemero” pero tras conversar con su familia decidió alejarse de la actividad profesional. En un fútbol que se hunde prefirió refugiarse en sus seres queridos.

Ramiro Montenegro, quien le diera a Excursionistas la alegría del gol que le valió al club “villero” el ascenso de la Primera C a la B Metropolitana, graficó en Twitter: “Mientras otros se pelean (por) quien quiere ser presidente de AFA, yo peleo por buscar la comida de mis hijos”.

El defensor de Excursio se dedica a la pintura y la albañilería, las “changas” a las que recurre para menguar la mala situación económica que atraviesa. “Se me hace muy difícil, termino demasiado cansado. Del plantel el único que salió a buscar desesperadamente un trabajo fui yo, porque tengo tres hijos que mantener”, explicó Montenegro en una entrevista en Clarín.

Y no sólo los jugadores son los que sufren la “malaria” originada en los desfalcos dirigenciales. Los propios clubes se tienen que arreglar con lo que puedan: en Yupanqui no les queda otra alternativa para entrar en calor que utilizar pelotas de las que regalan en los concursos de las estaciones de servicio YPF. El diario Olé toma nota de la situación con un dejo de pedantería.

Algún día volverá el fútbol grande, los partidos por TV y las cargadas en los lugares de trabajo. En algún momento se levantará el paro de futbolistas. También habrá nuevo presidente de AFA (este miércoles se definen los candidatos, paradójicamente con “Chiqui” Tapia del Ascenso como principal contendiente). La crisis del fútbol seguirá. Seguirá armando y desarmando ilusiones y dificultando la planificación de las vidas de muchas personas para las que el fútbol es su trabajo y su vida.







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