Juventud

PANDEMIA Y PRECARIZACIÓN

Hipocresía de La Nación: hablar de repartidores “héroes” y no denunciar la precarización

Trabajadores y trabajadoras de apps nos organizamos para poner en pie comisiones de seguridad y prevención sanitaria. Contamos con medios como este diario, no con empresas miserables como La Nación.

Damián Zarate

Trabajador de Rappi CABA

Jueves 9 de abril de 2020 | 21:44

Hay medios y medios. Este jueves, la realidad de trabajadores de apps de delivery apareció en la escena mediática. Por un lado, el diario La Nación publicó una nota en la que nos trata como “héroes”. Por otro lado, el periodista Alejandro Bercovich habló sobre el mismo tema en un editorial de su programa “Pasaron cosas”.

El diario mitrista, representante mediático de la peor oligarquía de nuestro país, sabemos que cae en el cinismo una y otra vez, cuando se trata de la vida de la clase trabajadora. Sabemos también que los y las periodistas que trabajan en estas empresas, no son libres de plantear los temas sobre los que escriben como les gustaría. El problema es la línea editorial de las grandes empresas de comunicación, muchas veces bancadas con la publicidad de otras empresas a las que buscan lavarlas la cara. El título del artículo que leímos no dice una mentira: “Los repartidores y el coronavirus: ‘Salvamos vidas haciendo las compras’". Sin embargo, lo que no denuncia La Nación, es que así como nosotros y nosotras salvamos vidas, las multinacionales precarizadoras nos obligan a arriesgar peligrosamente la nuestra. Y no se hacen cargo de nada.

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La Nación reproduce el testimonio de un trabajador que dice que la empresa le dio barbijos y guantes y que siempre anda con alcohol en gel en la mochila. Sin poner en duda la palabra de un trabajador del rubro, la realidad es que miles de nosotros y nosotras, que trabajamos en Rappi como el caso de este cronista, no hemos recibido nada de la empresa. Al contrario, cerraron las oficinas y nos vimos.

Así como las multinacionales de deliverys no se han hecho cargo de nuestras condiciones de trabajo, tampoco lo hacen otras empresas que se sirven de nuestro esfuerzo para hacer funcionar sus negocios a través del e-commerce. El caso de Farmacity por ejemplo u otras farmacias. Ni bien se decretó la cuarentena, muchas empresas empezaron a reforzar las publicidades para que sus clientes no dejen de comprarles, sino que usen las apps para que les llevemos las cosas a sus casas.

Por otra parte, escuchamos el programa de Ale Bercovich en Radio con Vos. El periodista nos dedicó un sentido mensaje, en el que le pide a la población que nos tenga en cuenta en los aplausos de las 21. En este caso, sentimos la reivindicación pero también nos sentimos acompañados y acompañadas en nuestra denuncia.

La información periodística se centró en las condiciones deplorables en las que ya trabajábamos desde antes. Sí, es increíble que ahora se hable de nosotros y nosotras como “esenciales”, después de tanto tiempo de sometimiento a condiciones en las que permanentemente arriesgamos nuestras vidas. ¿Qué podemos esperar, en el marco de esta pandemia, de empresas como Rappi, que despidió pibes y pibas cuando se organizaron para exigir cosas tan elementales como cascos? ¿qué podemos esperar de empresas que, cuando nos accidentamos en la calle, están más preocupadas por los pedidos y las demoras que de nuestras vidas?

Nada podemos esperar de estas empresas multinacionales. Ni de este gobierno, que mientras permite que sigamos trabajando en estas condiciones, solo destinó para los y las monotributistas, un ingreso de unos míseros 10 mil pesos por única vez, que no alcanzan para nada.

Como trabajadores y trabajadoras de aplicaciones, estamos organizándonos para poner en pie comisiones de seguridad y prevención sanitaria, porque sabemos que solamente con la organización podemos garantizarnos condiciones de trabajo que no pongan en riesgo nuestra vida. Sabemos que somos esenciales y así exigimos que se nos trate. Además, venimos solidarizándonos con trabajadores de casas de comida rápida, la juventud reventada en el mundo precario de la gastronomía. Ellos y ellas rompieron el silencio ante la estafa de las cadenas que no les pagan los salarios como corresponde. Padecen el mismo desprecio que padecemos de parte de las mismas multinacionales. Es una postal que se puede ver en las grandes ciudades de todo el mundo: pibes y pibas laburando a dos manos en las cocinas de McDonald’s, mientras decenas de repartidores aguardan en la puerta esperando para salir con la comida chatarra para todos lados.

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Queremos que la juventud precarizada se organice y se ponga en movimiento para darle una salida diferente a esta crisis, sin pagarla con enfermedad o con hambre. ¿Qué pasaría si nos organizáramos con la juventud que trabaja en las cocinas, para poner en pie por ejemplo, un servicio de viandas para la población de riesgo? Nosotros y nosotras brindamos un servicio esencial. Las empresas que hoy nos tratan como material descartable, mientras siguen haciendo jugosos negocios con nuestro trabajo ultra precario, son las que sobran.

Del otro lado de La Nación, por supuesto, está La Izquierda Diario: un medio militante, hecho contra los miserables, por y para los esenciales. Siempre al servicio de la difusión de las denuncias y de la lucha de la juventud precarizada.







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