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BASTA DE MISERIA Y HAMBRE

Inexistente: menos de un dólar mensual es el salario mínimo oficial en Venezuela

El salario mínimo en Venezuela, establecido en Bs 400.000, está liquidado literalmente. De acuerdo a la última cotización oficial se ha visto reducido a menos un dólar mensual. Esto no hace más que profundizar una situación más que catastrófica para las familias trabajadoras en medio de la pandemia que afronta el colapso de los servicios más elementales como el agua, gas, electricidad a lo que se le ha sumado la escasez de gasolina.

Miércoles 30 de septiembre | 20:27

La destrucción del salario de la clase trabajadora venezolana es uno de los hechos más drásticos, dramáticos y reaccionarios del actual colapso histórico del capitalismo venezolano, administrado por el chavismo en decadencia. Es uno de los indicadores más claros de quiénes están pagando la crisis: los trabajadores y las trabajadoras, los sectores populares.

El gobierno de Maduro viene imponiendo duros ataques sobre los trabajadores y el pueblo pobre, llevando a la población a niveles de extrema pobreza durante largos años, a lo que se le ha sumado para agravar aún más la dramática realidad las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos.

Es una verdadera hecatombe lo que ha ocurrido con el valor de la fuerza de trabajo, desde hace varios años no alcanza ni siquiera para la reproducción más elemental: comer todos los días y trasladarse al trabajo, por ejemplo, es algo que no se puede hacer de ninguna manera con el nivel que ha alcanzado, ni hablar de otras cuestiones básicas.

Es absolutamente claro que, menos que menos, se puede pensar en comprar algún medicamento básico con ese salario: algo para una fiebre, gripe, algún dolor, están totalmente fuera del alcance. Ni hablar de medicamentos más costosos y también necesarios, a veces de vida o muerte, como los antibióticos o los tratamientos permanentes de padecimientos comunes (la tensión, por ejemplo) o enfermedades crónicas.

El salario del trabajador y la trabajadora venezolana es, desde hace años, no solo un salario de hambre, sino un salario incluso de muerte: con ese salario, literalmente, no se puede sobrevivir, si alguien solo tiene ese salario, sencillamente se muere por falta de alimentación.

¿De qué viven los trabajadores y los sectores populares? Si los trabajadores no se extenuaran haciendo los más variados trabajos extras, elaborando y vendiendo lo que sea, o recibieran algo del salario de sus familiares emigrados, algunos ni siquiera podrían conseguir lo más elemental diario o ir al trabajo.

Políticos del PSUV, que luego de la represión contra el pueblo, han salido, con el más grandes de los descaros, a repartir mortadela, haciéndose filmar mientras entregan a algunas personas este producto. Es una verdadera burla al pueblo.

Es por eso que la población ya harta con todo esto ha salido a protestar en medio de esta situación de inclemencia para las grandes mayorías trabajadoras y populares. Al colapso del país se llega al colapso de las necesidades más elementales, como el acceso al agua, gas para cocinar (llegándose en lugares del interior a cocinar a leña), los constantes cortes de electricidad, y ni hablar de la salud en plena pandemia.

Protestas a las que el gobierno responde con más represión y metiendo en la cárcel a pobladores que se manifiestan frente a una situación que ya no se soporta. Así se ha visto cómo la Guardia Nacional y las policías en los distintos estados ha salido reprimir para buscar acallar la rabia popular.

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Mientras la dolarización de la economía continúa a paso acelerad, los productos de primera necesidad se venden o tasan sus precios en dólares, es cada día más cuesta arriba adquirir los productos. Artículos básicos para defenderse de la pandemia como jabón, alcohol o las mascarillas de uso obligatorio en las calles son realmente incomprables para la mayoría de las personas.

El Gobierno de Maduro es hambreador y antiobrero, ya que es el mismo quien garantiza que tengamos salarios que ya no son de hambre sino de muerte, además de ponerle en bandeja de plata a los empresarios altos niveles de explotación con un salario inexistente.

Esta catástrofe no puede seguir recayendo en la espalda de los y las trabajadoras y las grandes mayorías populares. Los focos de protesta de pican y se extienden en muchos estados del país (siendo que en algunas pequeñas ciudades como Urariche o Chivacoa, en Yaracuy, ha llegado a pequeñas pobladas) así como las protestas de trabajadores que se han venido desarrollando en los últimos meses, como la de los petroleros y lo de las industrias básicas entre otras, plantean con urgencia la necesidad de organizarnos para hacerle frente a toda esta arremetida antiobrera sin parangón en la historia del país.

Hemos visto en estos días cómo la derecha ha salido a hacer toda una demagogia con las necesidades del pueblo. No hay que dejarse embaucar por esta oposición que viene aplaudiendo las sanciones económicas e incluso exigen que se recrudezcan. Para hacerle frente a la política actual del gobierno antiobrera y antipopular, queda única y exclusivamente en manos de los propios trabajadores en alianza con los sectores populares.

Como hemos escrito recientemente: las protestas populares de tomarse con más fuerza y generalizada entre los trabajadores, pueden marcar el camino de retomar la lucha obrera y popular en las calles. Es necesario que el hartazgo se dote de organización y un programa de acción ante la catástrofe, un programa de emergencia obrero y popular, con medidas radicales, anticapitalistas y que apunten a posicionar a los trabajadores y sectores populares en el control de espacios claves de la producción y la distribución, la única vía para dar dejar de ser nosotros quienes paguemos esta feroz crisis que arrastra ya seis largos años.







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