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TUCUMÁN

Infancias en la pelea por tierra y vivienda en Altos de Belgrano

Cuando llegas a la entrada del asentamiento Altos de Belgrano nunca se te cruzaría por la cabeza que en medio de todos esos matorrales hay 142 familias que pararon un par de palos para darle un techo a sus hijos.

Domingo 1ro de noviembre de 2020 | 16:10

José es un pibito menudito, de ojos grandes medio achinado, cabello negro y piel morena. Se acercó a mí, cuando acompañaba a los vecinos en la toma del barrio Altos de Belgrano. Sentados los dos, bajo la sombra de una gran mora, iniciamos una charla más que entretenida mientras esperábamos que el intendente Javier Noguera, que dijo que a las 13 iba a estar ahí, llegara con alguna respuesta para los vecinos.

—¿Cuantos años tenés?, le pregunté .

—¡Adivina!, me dijo.

—¿Ocho, nueve?

—No, siete

José me contó que tenía una hermana más grande que él, de 12 años. Me dijo que acompañaba a su papá de 29 años a cuidar el terreno de su casita. Me comentó también que su papá a veces no está porque va a trabajar en el arándano, ese fruto que él conoce muy bien y que le gusta un montón pero más le gusta la mermelada que su abuela hace porque su “abuelita sabe hacer de todo”.

Sobre su vida en casa de su abuela hablamos bastante, él sabe perfectamente que cuando tienen dinero pueden hasta comer pescado y cuando no, solo con el té y el pan pueden pasar el día. Me dijo que cuando volviera me iba a hacer probar esa nueva gaseosa que descubrió hace poco.

Eran las 14 y la única novedad era que el intendente iba a llegar cuando él se desocupara, como si el problema de falta de vivienda de los vecinos que hace dos meses que estaban en la toma no fuera urgente, ni tuviese prioridad para resolverse.

Una hora más tarde llega, se baja de su Hilux, con el rostro y la ropa impoluta se dispone a hablar en una ronda improvisada. Aquella imagen contrasta con la cara de todos los laburantes que estuvieron ahí dos horas esperándolo, en medio del tierral, improvisando un almuerzo a las apuradas. El intendente de Tafí Viejo se apersonó porque no le quedaba otra pero no dijo nada diferente de la propuesta que ya habían recibido los vecinos por parte de sus funcionarios: solo promesas que juegan con la ilusión de cientos de familias que piden un techo donde vivir.

Esa mañana del viernes también pude charlar con dos niñitas, inseparables desde que las vi, casi del mismo tamaño. Hubiese jurado que eran hermanas, pero no, eran primas las dos. Una iba a segundo grado, la otra a cuarto, me dicen que las clases eran prácticamente por WhatsApp y que extrañaban a sus amigos de la escuela. La mayor de ellas me dijo que tiene una hermana y que no estaba ahí porque se había ido a trabajar en el arándano, como el padre de José.

Les niñes no son para nada ajenos a la situación en la que sus familias son sumergidas producto de la crisis que está atravesando el país. A nivel nacional, según datos del Indec, un 56,3 % de los niños entre 0 y 14 años viven en la pobreza. Mientras que durante el primer trimestre se registraron 373.000 pobres e indigentes en el conglomerado urbano de Tucumán, dato que explica en parte por qué cientos de familias tuvieron que salir a buscar un lugar donde poder vivir.

Sus vidas transcurren ahí, entre la improvisación de los juegos y su afán por colaborar como sea con sus padres, ya sea ayudando a traer agua o haciendo compañía cuando es necesario. Ningún padre de las tomas quiere que su hijo esté viviendo en esas condiciones pero tampoco soportarían decirle que esta noche no van a tener un techo donde dormir. Al igual que en las tomas de Guernica, Jujuy, Rio Negro y Rosario, los vecinos de Altos de Belgrano solo buscan tierra para vivir, tierra para sus hijos.

Este año se vio en las calles a los trabajadores de la salud salir por insumos para enfrentar la pandemia, a los trabajadores de comidas rápidas imponerse en las redes haciendo eco por los descuentos salariales que sufrieron, a los empleados de transporte y call center hacer paro, a los temporarios del limón pelear por el aumento en el interzafra. Toda una fuerza que si la unimos también la tenemos que poner a disposición de pelear por una vivienda digna para quienes no tienen techo.

Y no solo eso, porque cuando el pobre se levanta, cuando está harto de tantos atropellos, cuando se cansa de creer en las promesas de serviles funcionarios que están al servicio de resolver primero las necesidades de los ricos, cuando entiende que el problema no es su infortunio de haber nacido en una familia sin recursos sino que hay un sistema, el capitalismo, que permite perpetuar las desigualdades dejando que empresarios como los Lucci acumulen 700 millones de dólares mientras paga 12 pesos por el cajón de limón embalado a sus empleados.

Entonces es ahí cuando los olvidados del sistema toman su destino en sus manos para salir de la miseria porque saben que es posible, saben que vivir y disfrutar de las maravillas de la vida no es solo un lujo de ricos sino un derecho de todes.

Con esta perspectiva, desde la Red de Trabajadores Precarizadxs nos ponemos al servicio de las familias del Altos de Belgrano, llamando también a una asamblea para este 8 de noviembre, donde vamos a buscar las vías para pelear por aumento salarial, IFE de $ 30.000, contra los despidos y el apoyo a las familias sin techo.







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