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Juegos Olímpicos 1960: nace la leyenda de Alí, una mujer supera lo imposible y un etíope conquista Roma

Hoy se cumplen 60 años del final de los JJOO Roma ´60, que tuvo algunos hitos para el deporte mundial: primer título de Alí como Cassius Clay y las historias de Wilma Rudolph y Abebe Bikila.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Viernes 11 de septiembre | 16:00

🧗🏾JUEGOS OLÍMPICOS | 60 años de Roma 1960 - YouTube

Los Juegos Olímpicos de Roma 1960 fueron una especie de revancha para la capital italiana porque Roma iba a ser sede de los Juegos Olímpicos de 1908 pero la ciudad se vio obligada a abandonar la organización del evento porque Italia sufrió la erupción del volcán del monte Vesubio en 1906. Hay quienes creen que fue la venganza de Zeus porque los Juegos Olímpicos de la antigüedad fueron prohibidos en el año 393 por un emperador romano, Teodosio I (ya en la época en la que el Imperio Romano había asimilado al cristianismo y consideraba como “prácticas paganas” a cualquier otro tipo de culto). Pero una Italia resurgida después de los años del fascismo y de la Segunda Guerra Mundial organiza estos Juegos de Roma 1960 que fueron los primeros en ser televisados en directo.

El joven Cassius Clay comienza a construir la leyenda de Muhammad Alí

En Roma 1960 logra su primera conquista y se hace conocido mundialmente el boxeador más importante de todos los tiempos, en ese momento con el nombre de Cassius Clay y que más adelante pasaría a la historia como Muhammad Alí. Siendo todavía un pugilista amateur de apenas 18 años, ganó la medalla de oro en la categoría semi-pesado. Este logro le abrió las puertas del boxeo profesional, pero además hay un mito sobre esa famosa medalla de oro. Cuando el futuro Alí vuelve de Roma como campeón fue a un bar en Louisville (su pueblo natal) y sabiendo que era un bar donde no atendían a afroamericanos entró convencido de que lo iban a aceptar: “Soy Cassius Clay, campeón olímpico”, se presentó con su medalla dorado colgando a la altura del pecho. Pero el dueño del bar le respondió: “Me importa un carajo quién sos, acá no atendemos negros”.

De ese incidente todavía se cree que su reacción fue arrojar la medalla al río Ohio en señal de protesta, pero el mismo Alí lo desmintió en el año 1975 cuando publicó su autobiografía The Greatest. Simplemente no recordaba a dónde fue a parar su medalla, pero esa leyenda del río Ohio fue un triunfo de sus publicistas que lograron instalar el mito como verdad.

No obstante, la relevancia que sí tuvo ese hecho fue el comenzar a despertar conciencia en Cassius: por eso se transformó en un ícono de la cultura popular en los años ´60, tomó la bandera de la lucha contra el racismo y del orgullo afroamericano, se convirtió al Islam, se cambió el nombre por Muhammad Alí -porque no aceptaba su antiguo nombre de esclavo, Cassius Clay-, y en 1966 sufrió la prohibición de boxear como profesional porque se negó a ir a la guerra de Vietnam. Como resalta el periodista Ezequiel Fernández Moores, el gran mérito de Alí -que agigante su figura y su leyenda- radica en que después recuperó su condición de boxeador y su título en un ring, sin apelar a ningún tribunal o instancia judicial. Roma 1960 fue el primer episodio importante de la historia de uno de los personajes más importantes que dio el deporte del siglo XX.

Wilma Rudolph, la mujer que superó todos los obstáculos de la carrera de la vida

Otro hito importante: una mujer afroamericana se transformó en la primera deportista estadounidense en obtener 3 medallas de oro en una misma cita olímpica. ¿Dónde estaría el hito en esto? En que esta mujer llamada Wilma Rudolph sufrió neumonía, fiebre escarlata y poliomelitis a los 5 años, cuando era una nena. “Los médicos me dijeron que no iba a caminar nunca más. Mi mamá me dijo que sí y yo le creí a ella”, explicaba sobre su historia de vida cuando ya era una personalidad destacada del atletismo.

Wilma recién a los 11 años pudo volver a caminar sin aparatos, una historia que tal vez haya inspirado la del popular personaje ficticio Forrest Gump. En Roma Wilma Rudolph ganó la carrera de 100 metros, la de 200 metros y la carrera de postas 4x100: batió récords en las 3 competencias. En alguna entrevista Wilma Rudolph declaró: “Ganar es grandioso, pero si realmente vas a hacer algo en la vida, el secreto es aprender a perder. (…) Si podés recuperarte de una derrota aplastante y ganar nuevamente, algún día vas a ser campeón”.

Abebe Bikila: la venganza simbólica de Etiopía contra Mussolini

El gran hito de estos Juegos Olímpicos ocurridos hace 60 años sucedió en la maratón. Además de que significó la primera medalla de oro ganada por un atleta africano, este atleta era etíope y corrió descalzo. En una nota muy recomendable publicada en el diario Tiempo Argentino, el periodista Roberto Parrottino sostiene que fue un triunfo del “no marketing” porque en ese tiempo ya existía el patrocinio de las marcas, pero este campeón (Abebe Bikila) llegó a Roma con un problema en los pies y no podía usar calzado para correr.

Pero lo más importante de todo está en el contexto histórico: a principios del siglo XX, Etiopía era la única nación de África que nunca había sido colonizada. Por eso para el movimiento que inspiró al rastafarismo (impulsado por el predicador y periodista Marcus Garvey) y que propiciaba la idea de una repatriación, del regreso de todos los afroamericanos de América a Etiopía, era “la tierra prometida” porque fue la única que se mantuvo libre: por eso el reggae está identificado con los colores de la bandera de Etiopía (“Red, gold and green”, rojo, verde y oro). Pero en 1936 Etiopía fue invadida y ocupada por la Italia de Mussolini hasta 1941. Durante esa ocupación, Mussolini saqueó símbolos de valor histórico y cultural como el Obelisco de Aksum, una pieza de mucho valor arqueológico. Se la llevó a Italia y la instaló en Roma.

El Obelisco de Aksum fue devuelto por Italia y reinstalado en Etiopía en el año 2008.
El Obelisco de Aksum fue devuelto por Italia y reinstalado en Etiopía en el año 2008.

Según cuanta la leyenda, cuando Abebe Bikila -este atleta etíope, descalzo- pasó por el Obelisco de Aksum instalado en Roma en esa maratón de Roma 1960 fue el momento en el que aceleró y logró superar a un corredor marroquí que encabezaba la competencia. Desde ese instante fue Bikila el que quedó a la cabeza de la procesión olímpica hasta que pudo completar los 42 km de la maratón. Y eso no fue todo: Abebe Bikila ganó la medalla de oro alcanzando la meta que estaba ubicada en el Arco de Constantino, lugar desde el cual salieron las tropas fascistas que en 1935 viajaron a invadir Etiopía.

El deporte a veces tiene esa fuerza simbólica tan potente que logra imponer una justicia poética: hizo que un hombre de Etiopía nada menos que en Roma haya sido el primer atleta de la África negra que ganó una medalla olímpica. El “león conquistador” se diría en el vocabulario rastafari. Fue hace 60 años, en aquellos Juegos de Roma 1960.







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