Política Venezuela

DECLARACIÓN POLÍTICA

LTS: “Repudiamos y condenamos incursión de mercenarios yanquis y militares disidentes”

Entre el domingo y el día de ayer se fueron conociendo y aclarando los hechos sobre los intentos de incursión armada en las costas venezolanas de la llamada “Operación Gedeón”, organizada al calor de las políticas injerencistas de EE.UU. (y Colombia). Publicamos la declaración al respecto de la Liga de Trabajadores por el Socialismo.

Martes 5 de mayo | Edición del día

Repudiamos y condenamos incursión de mercenarios yanquis y militares disidentes

Se conoció que en la madrugada del domingo 03 de mayo un bote fue interceptado en La Guaira por el Gobierno nacional, resultando muertos 8 de sus tripulantes, desertores del ejército venezolano. Hoy 4 de mayo, otro bote fue interceptado en la costa del estado Aragua y sus tripulantes, también 8, capturados, entre ellos dos mercenarios estadounidenses, ex boinas verdes, dependientes de la compañía de mercenarios, eufemísticamente llamadas “contratistas”, Silvercorp USA.

Entre los detenidos en Chuao (Aragua) se encuentra también Josnar Adolfo Baduel, hijo del general Raúl Baduel, quien como se sabe, fue figura clave entre los militares que pugnaron por el retorno de Chávez a la presidencia luego del golpe del 11-A 2002, cayendo sin embargo en desgracia años más tarde, acusado de “corrupción” y luego de “conspirar” contra el gobierno, estando encarcelado desde hace varios años.

Circuló la noche del domingo un video en el que un militar disidente de nombre Javier Nieto Quintero, junto a Jordan Goudreau, presentado como “miembro de las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos”, y dueño de la empresa en cuestión, se dirigen a los militares venezolanos y al país asumiendo la autoría de las incursiones y solicitando el apoyo para la que llaman “gesta libertaria”. Según Nieto Quintero, la acción militar junto a la compañía de mercenarios gringos se fundamenta en “la Constitución nacional y los tribunales internacionales”, es decir, los tribunales de los Estados Unidos y su instrumentalización política como “justicia” extraterritorial al servicio de las pretensiones neocoloniales del imperialismo.

Desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo, condenamos total y absolutamente esta aventura militar financiada por los Estados Unidos y armada al amparo de la política intervencionista norteamericana en nuestro país. Como socialistas revolucionarios, que enfrentamos las políticas antiobreras y represivas del gobierno de Maduro y las FFAA, somos al mismo tiempo férreamente defensores de la soberanía nacional contra las agresiones del imperialismo estadounidense, máximo representante de la reacción capitalista, la rapiña imperialista y los intentos de sometimiento de naciones y pueblos enteros.

El gobierno de Maduro aseguró que habían decomisado fusiles de asalto y equipamiento táctico. Uno de los atacantes muertos en la primera incursión era el conocido como “alias Pantera”, colaborador del Mayor General (r) Cliver Alcalá, señalado en anteriores intentonas desarticuladas denunciadas por el gobierno, y quien fuera hecho preso meses atrás en Colombia por parte de los Estados Unidos, luego de haber estado allí protegido durante largo tiempo por el gobierno colombiano y el estadounidense.

Según se trascendió, tanto por informaciones de prensa, como por declaraciones previas de algunos de los involucrados y videos que habrían sido grabados por los asaltantes ayer mismos al momento de la incursión, se trataría de unos 60 desertores de las FANB, que habrían estado entrenando en campamentos de la zona fronteriza de Colombia con Venezuela bajo el liderazgo de Cliver Alcalá y el apoyo de Goudreau y su compañía.

Entrevistado en el programa de Patricia Poleo, periodista de derecha radicada en Estados Unidos, el mercenario Goudreau dio a conocer un contrato celebrado con Juan Guaidó y su principal asesor político, J.J. Rendón, para financiamiento y apoyo a la incursión. Asegura que Guaidó y el gobierno de Colombia incumplieron el contrato y no dieron la millonaria suma de dólares que se habían comprometido a desembolsar. Todo indica que se trata del mismo contrato al que hizo alusión Clíver Alcalá, al día siguiente que fuera incluido en la lista de “buscables” por los que el gobierno de Trump ofrecía millonarias recompensas, incluyendo a Maduro.

Goudreau asegura que sigue en marcha el operativo “por la liberación de Venezuela” y que ya tiene hombres dentro del territorio nacional. Lo mismo afirma el militar golpista del 2002, Molina Tamayo, entrevistado por Napoleón Bravo, otro de los periodistas abiertamente progolpistas en abril de 2002.

No es la primera intentona dirigida por el grupo de Alcalá y organizada desde Colombia. Militares desertores en Colombia se han atribuido el intento de magnicidio con drones del 2018, así como otros golpes desarticulados por el gobierno nacional. Que presuntamente no contaron ni con el aval ni el apoyo expreso de EE.UU. ni del conjunto de la oposición venezolana.

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El 23 de febrero de 2019, en medio de la provocación de la entrada de “ayuda humanitaria” por las fronteras de Colombia y Brasil, con las que buscaban el “quiebre” de las FFAA para deponer a Maduro, Alcalá lideró a un grupo de 200 desertores con intenciones de desencadenar una escaramuza armada con las fuerzas venezolanas en la frontera con Colombia. La policía de Colombia frenó la operación, temiendo que desencadenara un conflicto mayor entre ambos países.

El antecedente más reciente de la agresión estadounidense sobre Venezuela, es el anuncio de un amplio despliegue de buques y aviones en el Caribe, cerca de las costas venezolanas, con la excusa del narcotráfico. Son este tipo de acciones las que abonan todo tipo de acciones como la de este grupo. De hecho, uno de los argumentos de la “Operación Gedeón” son las acusaciones en los tribunales estadounidenses por “narcotráfico” contra Manduro y otros altos funcionarios del Gobierno.

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Juan Guaidó y la oposición afirman que la acción de estos días se trata de un “pote de humo” del gobierno para distraer. Niegan la existencia del contrato con los mercenarios y las afirmaciones de Goudreau y Alcalá. Un sector ultraderechista e intervencionista, sin embargo, reivindica las incursiones. Más allá de las fisuras, matices y choques entre Guaidó, el gobierno colombiano, la administración Trump y la fuerza golpista anteriormente liderada por Alcalá, lo cierto es que todos conforman una misma alianza política proimperialista y golpista: Colombia se ofreció como plataforma para todas las intentonas (las “oficiales” y las “irregulares”), Alcalá brindó su apoyo a Guaidó tras su autoproclamación y se sumó a su llamado a las FANB a derrocar a Maduro, siendo la principal figura de peso hacia el Ejército, al tratarse de un militar del 4-F devenido proimperialista, todo en medio del chantaje imperial.

Los contratistas mercenarios ofrecieron sus “servicios” al “gobierno interino” desde febrero de 2019, manejando la seguridad del concierto “Venezuela Live Aid” en Cúcuta, que era la cobertura “cultural” de la provocación con aspiraciones golpistas e injerencistas. No está de más señalar que los dineros que usa Guaidó para este tipo de contratos son, en gran medida, provenientes de los recursos que el gobierno de Trump le ha confiscado al país y ha puesto en manos de sus aliados de la oposición de derecha; recursos inmersos ya, además, en más de un escándalo de malversación, amiguismo y corrupción.

Todo apunta a que se trata de un grupo de militares desertores, tanto por cuenta propia como producto del trabajo, chantajes y ofrecimientos de los Estados Unidos sobre las FFAA venezolanas, que junto a esta compañía privada de mercenarios, luego de pasar largo tiempo bajo el amparo del gobierno estadounidense y sus aliados (como el gobierno colombiano), habiendo tenido estrechos lazos con Guaidó y sus planes, llegando incluso a firmar contratos para sus operaciones, se han distanciado y continuaron adelante por su cuenta con los planes. Independientemente de estas fricciones y diferencias entre estos, se trata de fricciones entre reaccionarios que comparten el hecho común de ser piezas de una política de injerencia imperialista sobre Venezuela.

Sin descartarse de plano que, incluso, los organismos militares y de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos, aún sin comprometerse oficialmente, dejaran correr estos planes y esperar a ver sus resultados, tomando cartas en el asunto si fueren satisfactorios.

Como lo hemos mantenido en ocasiones similares, el rechazo a estas acciones y pretensiones imperialistas no implica algún apoyo político al gobierno cuasidictatorial de Maduro, implica al contrario la certeza de que la oposición de derecha golpista y el gobierno de Trump no son en modo alguno amigos del pueblo venezolano, que sus intereses son diametralmente opuestos a los de la clase trabajadores y sectores populares del país, y que por lo tanto no son en modo alguno ninguna alternativa progresiva ni deseable, más al contrario, son nuestros enemigos. Implica la certeza de que enfrentar al gobierno de Maduro debe ir de la mano de enfrentar también las pretensiones neocoloniales de los Estados Unidos.

Las cuentas que haya que ajustar con el régimen de Maduro y las FFAA, ¡que las hay!, solo corresponden al pueblo trabajador venezolano, no a Trump, su gobierno imperial ni sus mercenarios. Cuentas que también habrá que ajustar con Guaidó y compañía, que han sido pieza de las agresiones al país como la confiscación de empresas, retención de pagos y recursos, bloqueo petrolero y en general sanciones que profundizan los sufrimientos del pueblo.

Este tipo de acciones y las respuestas del Gobierno tienden a profundizar el rol de los militares como “árbitros” de la situación nacional. Es bastante probable que Maduro y las FFAA se sirvan de tales hechos para profundizar la negación de derechos democráticos del pueblo trabajador, como el derecho a la protesta, a asambleas en los lugares de trabajo, denunciar irregularidades, etc., cuestión que rechazamos. Precisamente lo más reciente que hemos tenido son las protestas y pequeños estallidos por recrudecimiento del hambre, y han sido respondidos con la dura represión gubernamental, que ya se cobró un muerto y decenas de encarcelados. Alertamos que pueden ser usados como excusa para dar más libertad de acción a los grupos parapoliciales que, con el argumento de “enfrentar las amenazas imperialistas”, en realidad solo funcionan como mecanismos de intimidación a los sectores populares.

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Ante estas incursiones, rechazamos totalmente que el país sea objeto de la acción de estas excrecencias de la política imperialista estadounidense, como son las “contratistas”, que no son sino compañías privadas para hacer negocios con las guerras de invasión de Estados Unidos y lucrarse con la sangre de los pueblos sobre los que el imperialismo yanqui pone el ojo. Es al amparo de las invasiones y guerras que Estados Unidos le impone a otros pueblos, dejado a su paso devastación y muerte en masa, que se desarrollan estos perros de la guerra.

Llamamos a la clase obrera y el pueblo venezolano, que padecen y repudian al gobierno de Maduro, que padecen las consecuencias de las agresiones y sanciones imperialistas, a rechazar rotundamente también que nuestro país sea usado como botín de guerra, o que las vidas y sangre del pueblo venezolano sean tomados como simples oportunidades de negocios de esta clase de mercenarios y quienes desde el país los apoyan. Más aún, más allá de las fronteras venezolanas, es del interés del conjunto de los trabajadores y pueblos de América Latina repudiar y derrotar todos los intentos de injerencia y agresión imperialistas contra cualquiera de nuestros países.

Lunes 4 de mayo de 2020

Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)







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