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TRIBUNA ABIERTA

La FIFA y el gas pimienta

Una visión del negocio del fútbol bajo el capitalismo y del escándalo de la FIFA a partir de declaraciones de Javier Mascherano y de Sergio Berni.

Sábado 30 de mayo de 2015 | Edición del día

El 19 de mayo el diario La Nación publicó unas declaraciones de Mascherano sobre el Boca River jugado 5 días antes, bajo el título “Los valores que trajimos del mundial fueron un espejismo”. Del Mundial la AFA se trajo un subcampeonato. Los valores a que se refiere Mascherano deben ser las ganancias por las reventas de entradas que salpicaron a la AFA. Mascherano juega en un club sancionado por traficar con menores africanos. Mientras otros mueren en las balsas que intentan llegar a las costas europeas a algunos los traen sin sus familias para aprovechar futuras valorizaciones.

Sobre el mismo tema, el conductor de los gendarmes caranchos, el secretario de seguridad Berni, declara el mismo día al Diario Popular: “Hay que intervenir la AFA, que está toda podrida (…) esto se soluciona fácil” Obviamente que Berni no asume ninguna responsabilidad en los sucesos, aunque el problema se originó en el único lugar en el que se podía generar y ante la inoperancia de sus más de mil policías. Es más, reivindica el operativo que es como decir que un equipo jugó bien a pesar de haberse comido 5 goles. Afirmar que algo está bien hecho aunque no sirva a lo que único que tiene servir, en este caso los clubes le pagan mucho dinero a la policía para que no suceda lo que sucedió. Pero lo que no dice Berni es que la AFA podrida como está fue salvada por su gobierno hace 5 años a cambio de la exclusividad en el uso de la poderosa herramienta de propaganda que son las transmisiones de futbol. Que cuando los clubes y la AFA estaban apretados por deudas y contratos, en lugar de aprovechar para exigir federalización y democratización, se asoció con la AFA podrida y el estatuto del tiempo de López Rega (al fin y al cabo un estatuto de un gobierno peronista) y la ayudó a perdurar con su estructura de negocios y violencia.

Tan hipócrita es la postura de Berni como interesadamente ingenua la de Mascherano.
Sin embargo la realidad los deja expuestos a los pocos días de sus dichos, el miércoles 27 cuando fueron detenidos en Zurich, por pedido de las autoridades estadounidenses, siete responsables de la FIFA, sospechosos de corrupción. Diez de los catorce inculpados son latinoamericanos. Según el New York Times, las acusaciones se refieren a casos de corrupción en el curso de los últimos veinte años, en particular en las atribuciones de Mundiales, derechos de marketing y de televisión, así como fraude, estafa y lavado de dinero. Entre los muchachos complicados están: Eugenio Figueredo, vicepresidente ejecutivo de la FIFA, ex presidente de la Confederación Sudamericana (CONMEBOL) y de la Federación Uruguaya, Rafael Esquivel, miembro del comité ejecutivo de la CONMEBOL, presidente de la Federación Venezolana, José María Marín, antiguo presidente de la Confederación Brasileña (CBF). Los tres detenidos en Suiza. Y Nicolás Leoz de Paraguay, ex miembro del comité ejecutivo de la FIFA y antiguo presidente de la CONMEBOL. También están implicados directivos de empresas de marketing, como Alejandro Burzaco, y Hugo y Mariano Jinkis de Argentina, de Torneos y Competencias, y Full Play SA, A. Davidson, presidente de Traffic Sports USA y José Margulies de Valente Corp. y Somerton Ltd. de Brasil.

Hay cuatro versiones muy populares de lo que pasa en el fútbol y cada una es perceptible por las soluciones propuestas: La del ala carapintada del kirchnerismo que atribuye el problema a un grupo de corruptos que deben ser desalojados violentamente. Berni encuentra la misma solución para las huelgas industriales del cordón de la panamericana, para el entramado corrupto y violento del fútbol y para cualquier cosa que no le gusta: la inacción y la provocación primero, y la violencia después. La fracción más ultra kirchnerista propone lo de siempre y lo de ahora: seguir asociándose con lo peor: en YPF con Esquenazi antes y con Chevrón ahora, votar a Cariglino en Malvinas Argentinas, asociarse con Moyano antes y con Caló y Andrés Rodriguez ahora, sostener a Grondona en la AFA antes y a Segura ahora e ir preparando el cuatrienio sciolista. El sector más pequeño burgués de la sociedad argentina cree que los problemas del fútbol son nacionales, que no suceden en otros países, como quiere creer Mascherano. Que tenemos que tomar “ejemplo” (sic) del primer mundo. Esa misma visión pero invertida es la que sostiene que esta movida es para sacarle una plaza a Sudamérica en el mundial, una persecución del imperialismo hacia los países con gobiernos progresistas sudamericanos: Tenemos que negarnos a las maniobras geopolíticas de Platini y proponer a Maradona para la FIFA.

Y también se puede pensar que el negocio del fútbol es, cómo todo negocio importante, internacional: el fútbol es como la soja, los países que producen futbolistas no tiene la acumulación necesaria para utilizarlos rentablemente (la tan mentada primarización de la estructura productiva) y los venden al pequeño grupo de ligas dónde el negocio del fútbol es viable. La FIFA es como la OPEP, un cartel de productores que intenta que este negocio funcione con beneficios para la mayoría, sin negar la competencia pero sin dejarla desatarse de manera brutal. Es probable que no esté en juego la pérdida de una plaza para los mundiales, ni el destino personal de unos dirigentes octogenarios y reemplazables, sino la estructura del negocio a nivel planetario. La UEFA quiere abaratar costos. ¿Para qué realizar un mundial y ceder jugadores si es mejor que se juegue la Eurocopa? ¿Por qué no reconocer de una vez que las selecciones no son nacionales sino de las ligas (el escudo en el pecho de la camiseta nacional no es el argentino sino el de la AFA) y hacer que Messi, Suárez y Neymar jueguen para España y Tévez, Pereyra y Palacios para Italia? No sería más que repetir lo que sucede en las disciplinas artísticas, dónde Baremboim y Argerich “juegan” para Francia e Israel, y, a veces, nos visitan un rato, se juegan un amistoso por acá.

Fracturar la FIFA es una gran opción para algunos, mantener la actual estructura lo es para otros, el juego no gana nunca cuando el negocio crece. Cuanto más profesional, millonario y globalizado es el fútbol, menos generoso y lúdico puede ser. Mascherano llega a casi todas. Pero ésta, tan simple, le pasó por debajo de la suela.


Nota publicada originalmente en el blog del autor https://cochinaesperanza.wordpress.com/







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