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La campaña ideológica de Coto

La cadena de supermercados conocida por la precarización laboral y el maltrato lanza una campaña gráfica para “concientizar” y evitar accidentes laborales. Buscan responsabilizar a los trabajadores e invisibilizar las condiciones de trabajo.

Martes 2 de agosto de 2016 | Edición del día

Suena el despertador, la música me exalta, no entiendo si es una llamada o que. Abro los ojos, mejor dicho intento abrirlos pero no quieren despegarse.

Odio al mundo, al tiempo, al reloj. ¿La espalda? Mejor, por lo menos el dolor fuerte ya no está.

Me ata a la cama un abrazo seductor del acolchado, pero la tiranía de la fichada es más fuerte.

Salgo a la calle y una cachetada helada me despabila. Veo como Buenos Aires se despierta cuando todavía no sale el sol.

Llego 15 minutos antes, con una voz rasposa saludo a los de siempre, me devuelven un “buen día” tan amanecido como el mío. Camino, me apuro, paso rápido al baño. Me cambio mientras me acuerdo de la suspensión que me comí por intentar “ser vivo” y venir con la ropa del laburo ya puesta.

Arranca el día, me pregunto cuál es, entre horarios rotativos y extras que no puedo elegir no sé ni donde estoy parado.

Me apuro a ver mis horarios de esta semana, no me vaya a pasar como a José que por pelearse con el jefe ni se los dicen y termina laburando un franco el cual nunca le van a pagar. Después de todo ya nos acostumbramos que cada tanto nos hacen esa. Quizás es verdad lo que dice el cartelito que está al lado del fichero, “si fichas bien, cobras bien. Si fichas mal, cobras mal” y es responsabilidad de cada uno.

Mientras los palets van entrando, el día se convierte en una repetición del anterior y un eco del que vendrá, hasta irme o hasta que mi espalda diga “no juego más”.

Agarro una cuna para arrancar con los faltantes, la única forma llenarla es haciendo fuerza con la espalda. Un chiste del turco me hace ver lo ridículo que es el cartel que te enseña a levantar las cajas, mientras te dan herramientas que la única forma de usarlas es justamente haciendo lo que no se debe.

Busco una escalera para alcanzar la caja que me falta. La encuentro, la miro, me mira. Decido dejarla tranquila en su letargo, llena de óxido, partes desoldadas y promesas de un futuro accidente.

Me termino trepando. Como cualquiera de nosotros, que de tanto hacerlo parecemos spiderman.

Irónicamente la semana que viene es el próximo curso de seguridad e higiene. Si no voy, la ART no me cubre, pero si me lastimo por no usar la escalera tampoco lo va a querer hacer. Pero bueno de la muerte y la hernia de disco nadie se escapa.

Pasan las horas, la cartelería, los cambios de precio, los faltantes. Pica el bagre, hora del desayuno.

Entre facturas feas, y un café fríamente agrio, me apuro así disfruto los 15 minutos de felicidad.

Mi mirada se pierde, se cuelga, se choca con esas imágenes que mando a poner Alfredo (COTO). Lo pienso, lo repienso, los mastico, me atraganto, lo escupo. No lo trago, nadie se traga sus mandamientos:

Si cobro mal, es porque fiche mal.
Si no me cubre la ART es porque yo no me cuide.
Si me corto la mano es culpa mía.

Salgo por el pasillo y el primer comentario que escucho de alguien de RRHH humanos es: “no importa que tenés que hacer. Vos sos responsable de tu sector, si te caes a la picadora tenés que seguir y terminar tu trabajo”.

Así nos tratan, para ellos eso somos. Así nos ven. Como herramientas desechables. Piezas reemplazables. O tan solo como la carne picada que le da sus ganancias.
Buscan sacarnos hasta la última gota de líquido sinovial de nuestras columnas, y después pasa el que sigue. Mientas tanto te bombardean con imágenes donde te marcan que la responsabilidad de los descuentos, de los accidentes son por culpa de uno. Pero con salarios miserables, con horarios rotativos, con herramientas que no son más que augurios de accidentes completamente evitables y con maltrato constante, no hacen q empujarte día a día dentro de esa “picadora”.

Buscan crear un sentido común para invisibilizar su responsabilidad, para que en el próximo accidente el primer reflejo sea agachar la cabeza y seguir laburando. Pero es claro. Es muy claro.

“Coto, el responsable de esos accidentes, no soy yo. Sos vos“.







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