Juventud

VILLA CONSTITUCIÓN

La “noche villense”: Berti y la juventud bajo control

A partir de las declaraciones del ex funcionario de la administración Berti, Ricardo Domínguez, se abre un debate sobre las posibilidades que tenemos los jóvenes de Villa Constitución a la hora de salir a divertirnos.

Miércoles 27 de julio de 2016 | Edición del día

Las declaraciones del ahora ex funcionario de la administración Berti, Ricardo Domínguez, en el diario local El Sur, abren un debate sobre las posibilidades con las que contamos los jóvenes de Villa Constitución a la hora de salir a divertirse y disfrutar del casi siempre escaso tiempo libre.

En sus recientes dichos hizo referencia a la labor que venía llevando a cabo como Secretario de Convivencia Ciudadana para controlar y ordenar la noche de Villa. Entre sus propuestas se encontraban los corredores seguros, una especie de camino preestablecido con vigilancia policial, los cuales se traducen en una mayor cantidad de policías a la salida de los bares y boliches, que con la excusa de ser “la seguridad”, hostigan y persiguen a los jóvenes por portación de cara o por llevar tal o cual ropa. Nada diferente a lo que parece ser la política general del intendente Jorge Berti.

Otra brillante idea que se intentó concretar desde el gobierno municipal fue la de obligar a los boliches a cerrar a una determinada hora, como forma de controlar la conducta de los jóvenes que salimos a disfrutar de la noche. Sin embargo, esta política de reducción de los horarios no ataca en nada a los empresarios de la noche, que compran policías, jueces e inspectores para obtener habilitaciones e impunidad. Solo afecta a la juventud que quiere divertirse.

El ex funcionario se olvidó de tener en cuenta que, para garantizar sus enormes ganancias, los empresarios de la noche cobran entradas exorbitantes y se aprovechan de la inexistencia de opciones de salidas “gasoleras” para vender cerveza como si fuera oro. Esta situación deja afuera a un sector muy grande de jóvenes trabajadores y estudiantes de la ciudad, que no podemos afrontar semejantes gastos en un fin de semana y no contamos con espacios alternativos para disfrutar no solo de la noche, sino de cualquier momento de ocio. Lejos de pensar en brindarnos alternativas, todas las vías de solución parecen conducir hacia el prohibicionismo y el control.

En ningún momento se cuestiona la mercantilización de nuestro tiempo libre y nuestra diversión, la conducta de los empresarios villenses no parece importar a la hora de plantear como eje central la “juventud perdida”.

Estas políticas no hacen más que profundizar la idea de que a los jóvenes es necesario controlarlos y meterles mano dura para mantener en orden la noche, como lo ejemplifica Domínguez en sus declaraciones, culpando a las familias por la educación y la vigilancia que ejercen sobre sus hijos.

El camino para garantizar la diversión y el esparcimiento plenos y libres de violencia para la juventud no parece venir de ninguna ordenanza municipal que regule horarios y controles de manos de la policía. Es importante que el estado garantice las condiciones necesarias para la proliferación de centros culturales y clubes sociales, que además de proporcionarnos espacios de ocio y sociabilización, nos facilite el acceso al arte y la posibilidad desplegar todas nuestras capacidades creativas durante nuestro tiempo libre.







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