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Trabajos esenciales: la primera linea de contagio en trabajos precarios

La juventud que salió a la calle en octubre es también la que deja la vida en los trabajos esenciales donde no hay garantías ni condiciones mínimas de higiene y seguridad.

Lorena Gjik

Estudiante de licenciatura en música UA

Domingo 17 de mayo | 05:23

Los sectores esenciales son los que deben seguir funcionando durante la pandemia porque cumplen necesidades de orden vital, como las áreas de salud y de comercio, en especial la de distribución de alimentacion. Es de ellos y de ellas de quienes queremos hablar.

Primero, cuando hablamos de estos sectores, nos referimos a los trabajadores de los supermercados, las farmacias, restaurantes, centros de almacenamiento de alimentos y por supuesto, también hablamos de los trabajadores de delivery y apps.

Por una impronta general podemos decir que estos en trabajos encontramos tres sectores fuertemente golpeados por la precarización: ancianos, mujeres y jóvenes. Cuando hablamos de ellos, pensamos en las cajeras, en los reponedores part time, en los adultos mayores que vemos en la sección del pan, y no podemos dejar de pensar en los cientos de jóvenes que no han dejado de pedalear por las calles del país repartiendo comida a domicilio.

En el caso de la tercera edad, la mayoría no ha continuado en sus trabajos por ser parte de un sector de alto riesgo, por lo mismo hoy se encuentran en su mayoría suspendidos o bien despedidos. Entonces quedan trabajando la juventud y las mujeres.

La juventud en los trabajos esenciales

En Chile, según cifras entregadas por la OCDE y la encuesta CASEN, solo el 28% de la población entre 15 y 25 años trabaja, de este porcentaje existe un 9% que lo hace para costear estudios y la vida, y, en ocasiones, inclusive se trata de estudiantes que buscan ayudar a sus familias.

El bajo porcentaje de ocupación se explica por las dificultades que afronta la juventud a la hora de buscar trabajo: 1 de cada 5 jóvenes que busca trabajo no encuentra (OIT, 2019). Dentro de este panorama hay una cantidad importante de jóvenes que trabaja en comercio (supermercados, retail, estaciones de servicios, entre otros), pues del total de jóvenes ocupados un 21,8% lo hace en este sector productivo.

Otro sector importante es el delivery, de apps como Rappi, Pedidos ya y Ubereats, que están dentro de los trabajos informales. En el país el empleo informal ha subido un 40% lo que se condice con los más de 15 mil repartidores activos en el país hasta la fecha.

Durante esta última semana en La Izquierda Diario, y también otros medios, han replicado denuncias de trabajadores de delivery que cuentan cómo es trabajar sin implementos de higiene y seguridad, donde además debes comprar personalmente todos tus implementos de trabajo antes de iniciar labores ya que de no ser así te congelan la cuenta, quedando imposibilitado de trabajar.

Por lo mismo hemos escuchado como en estos rubros de alimentación y reparto los trabajadores tienen que reutilizar las mascarillas de papel, no cuentan con agua para lavarse las manos e hidratarse ni mucho menos con alcohol gel para toda la jornada laboral.

La juventud hoy día vive el riesgo de contagio y la precarización laboral abierta.

La primera línea contra la represión y la primera línea de contagio en los trabajos precarios

En octubre del año pasado la juventud fue la chispa que desencadenó el descontento de la población contra los 30 años de Chile neoliberal: estudiantes secundarios y trabajadores jóvenes de entre 18 y 35 años engrosaban las multitudinarias marchas donde después se enfrentaban a la represión asesina del gobierno de Sebastián Piñera esa misma que realizó cientos de mutilaciones oculares.

Hoy día, esa misma juventud que gritaba “¡Fuera Piñera!” es la que ha engrosado los indicadores de precarización laboral, empleos informales, desempleo, salarios irregulares, entre otros. También es la que está más presente en los trabajos derivados de los servicios alimenticios y de comercio general, enfrentando al desnudo las posibilidades de contagio al trabajar sin implementos mínimos de higiene y de protección contra el virus.

Lo que demostró la juventud durante la revuelta popular no fue solo su enorme descontento con el sistema. Demostró que es capaz de organizarse: la primera línea demostraba en los hechos como la experiencia con la represión los hacía actuar distinto, pensando e ideando formas para enfrentarse a las FFEE, durante las marchas estaban quienes eran parte de las comisiones de auxilios, estudiantes y trabajadores de la salud que se disponían a ayudar a los heridos.

Al mismo tiempo que se tejía una prensa independiente conformada por estudiantes, pobladores y trabajadores que, usando sus celulares, buscaban difundir lo que la tele quería ocultar. También tuvimos ejemplos acá en Antofagasta como la formación de El Comité de Emergencia y Resguardo que, con abogados, trabajadores de la salud, de servicios, industria y estudiantes, se organizaban para enfrentar y denunciar la represión.

Hoy día los trabajadores y trabajadoras de alimentos y comercio tienen que enfrentarse a la precarización que los lleva al contagio y los despidos que los empujan al hambre. Ante esto debemos organizarnos para levantar un gran movimiento de mujeres, estudiante y el conjunto de los trabajadores en contra de los despidos y la precarización, en contra de los ataques empresariales, que hacen posible el salvataje de sus bolsillos a costa de nuestra muerte y hambre.

Ante esto es necesario decir que la chispa de esa juventud que sacó a la calle a miles es crucial para organizar la resistencia contra este gobierno tirano de empresarios que sin ninguna vergüenza manda a morir a miles. Pues es también esa energía, que inundó las calles de Chile -cuando la CUT y la CONFECh se mantenian pasivos-, la que puede irradiar esa combatividad al resto de las familias trabajadoras, llenando de solidaridad las luchas que están despertando como lo es la huelga de los Mineros de Guanacos, repudiando los despidos en LATAM y exigiendo una respuesta por parte de la CUT, que están en cuarentena mientras todo esto sucede, rehusandose a llamar a un plan para doblarle la mano a los empresarios.

Debemos enfrentar este escenario acabando con la precariedad, luchando por un sueldo de emergencia de 500 mil pesos para todos, con impuestos progresivos a las grandes fortunas para así paliar la crisis, como una vía para que el estado pueda garantizar lo mínimo que nos permita poder resguardarnos de la pandemia mundial del Covid 19.







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