Política Estado Español

PROPUESTA CUP 14F

La propuesta de la CUP no es alternativa, necesitamos un frente anticapitalista y de independencia de clase

La CUP presenta “Un Nou Cicle”, su propuesta política para las elecciones del 14F. Se mantiene la búsqueda de la “unidad estratégica” con la burguesía independentista, las ilusiones en la comunidad internacional, la movilización social como presión para forzar una negociación con el Estado y un programa social limitado a lo “posible” en los marcos legales vigentes. Es urgente poner en pie una alternativa anticapitalista y de independencia de clases.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 3 de diciembre de 2020 | Edición del día

A finales del mes de noviembre la CUP daba por finalizado el proceso de debate sobre la propuesta política con la que se presentarán a las elecciones autonómicas del 14F. Varios meses de intercambios y discusión dentro de la izquierda independentista y con otras organizaciones anticapitalista, entre ellas la CRT. El resultado ha sido presentado públicamente este jueves en un acto en el recinto de la antigua fábrica Fabra i Coats, en Barcelona, bajo el título “Un Nou Cicle”.

Adelantamos en este artículo la visión de nuestra organización sobre algunas de las líneas maestras con las que la CUP concurrirá a las elecciones y que nos han llevado a la decisión de no ser parte de sus candidaturas y proponer a otros grupos de la izquierda revolucionaria en Catalunya conformar un frente anticapitalista y de independencia de clase.

Movilización social, nuevas alianzas con la burguesía independentista y la búsqueda del respaldo de potencias imperialistas ¿Es esta la “hoja de ruta” alternativa al procesismo?

La propuesta política de la CUP plantea continuar la lucha por el derecho a decidir impulsando un nuevo referéndum antes de 2025. Se propone reactivar el movimiento democrático catalán en base a tres grandes ejes: desarrollar todos los frentes posibles de la lucha de clases, trabajar para recuperar la unidad estratégica del independentismo en clave rupturista y buscar los apoyos internacionales a la causa catalana que faltaron en 2017.

Los tres ejes parten de elementos de balance de 2017 con los que coincidimos parcialmente, como cuando denuncian la “gran traición” de la dirección procesista después del 1-O o el rol reaccionario de la UE como soporte al Estado español y su cruzada liberticida. Sin embargo, de estos mismos elementos no sacamos las mismas conclusiones.

Para la CRT, el rol de los partidos de la burguesía independentista no fue un resultado inesperado, sino la crónica de una “gran traición” anunciada contra la que la política de “unidad estratégica” con el independentismo, o “mano extendida”, no solo no se preparó, sino que le fue muy útil.

Desde 2012 nuestra organización ha mantenido una posición muy crítica con la CUP y esta política de conciliación de clases. Una visión etapista que contempla como imprescindible la alianza con la burguesía independentista para la ruptura con el Régimen del 78 y la conquista del derecho a la autodeterminación.

La “gran traición” del 2017 fue la consumación de su papel de desvío, y sobre todo de dique de contención, para que este movimiento democrático se mantuviera al margen del resto de reivindicaciones y movilizaciones sociales que atravesaron Catalunya en la última década.

Te puede interesar: Catalunya elecciones 14F: la izquierda revolucionaria tenemos que construir una alternativa de independencia de clase

La “unidad estratégica” llevada adelante por la CUP en el punto democrático llevó a que el “puño cerrado contra los recortes”,como lo definió David Fernández en su primer discurso en el Parlament, quedara completamente subordinado a la “mano extendida en la autodeterminación”. Si la CUP lo desarrollaba, esa unidad corría el riesgo de resquebrajarse. El momento culmen de esta dinámica lo vimos en 2017, cuando la CUP dio su apoyo a los Presupuestos neoliberales de JxSí a cambio de la convocatoria del referéndum.

Así pues, la izquierda independentista no fue capaz en 5 años de procés -si tomamos desde la Diada de 2012 al referéndum de 2017- de desarrollar un polo de la clase trabajadora y los sectores populares, que luchara por el derecho a la autodeterminación de forma indivisible de la lucha contra las políticas neoliberales del gobierno central y el catalán, y por un programa anticapitalista frente a la crisis social. Consecuentemente llegó al 2017 sin alternativa ninguna a la “gran traición”.

Este elemento crítico de balance es asumido a su manera por la misma CUP en la propuesta política presentada y otros documentos anteriores. De hecho, constituye uno de los retos más reseñados en su propuesta política: como insertarse y desarrollar todos los frentes de la lucha de clases, vinculando las demandas democráticas con las sociales.

Sin embargo, no hay explicación de por qué no fue capaz de hacerlo hasta ahora. No se señala la relación entre este déficit estratégico y su apuesta por la unidad en lo nacional con los verdugos de la clase trabajadora y los sectores populares, y de hecho se vuelve a proponer ahora en otros términos ese mismo binomio.

La aprobación de un programa económico y social, con el que polemizamos en otros artículos, centrado en reformas “posibles” dentro del marco legal capitalista e incluso las limitadas competencias autonómicas y municipales, es parte de esta búsqueda de la unidad.

Una fuerza que propusiera abiertamente la nacionalización de la banca y no la creación de una banca pública que entre en el mercado; la expropiación de las grandes empresas estratégicas y no la creación de una eléctrica pública que compita con los grandes monopolios privados; o la expropiación de toda fábrica que cierre o despida, y no planes de rescate con condiciones o nacionalizaciones sujetas a derecho, sería mucho menos digerible para conformar grandes acuerdos de país y recrear la “unidad independentista” perdida.

En la misma línea la CUP acepta la participación en los frentes de conciliación de clase con los partidos procesistas que ya existen, como el Consell de la República, y propone construir otros nuevos, como el Acuerdo Nacional por la Autodeterminación. Ni siquiera se definen claramente en torno al siguiente gobierno, dejando la puerta abierta a dar su apoyo a un siguiente ejecutivo si está comprometido con el derecho de autodeterminación.

Sobre el rol de la reaccionaria UE la alternativa que se proponen es una versión igualmente ilusoria y reaccionaria, la búsqueda de aliados a la causa catalana entre otras potencias entre las que incluyen a los EEUU -el principal país imperialista del mundo-, China o Rusia.

No habrá república catalana si no es conquistada por la clase trabajadora y los sectores populares

Tal y como hemos planteado en contribuciones e intervenciones durante estos meses, la apuesta por el desarrollo de una movilización obrera y popular capaz de imponer el derecho a decidir, debe partir de la absoluta independencia política con quienes hoy gestionan la pandemia y las políticas de descarga de esta nueva crisis sobre las mayorías sociales.

Desde la CRT hemos defendido la necesidad de no reeditar los acuerdos de la “unidad estratégica” del independentismo, para trabajar por una reemergencia del movimiento democrático sobre nuevas bases. Con una participación central de la clase trabajadora que le dispute la hegemonía del movimiento a los partidos históricos de la burguesía catalana. Que genere las formas de autoorganización en centros de trabajo, estudio y barrios desde donde poder deliberar y dirigir democráticamente el movimiento y su contenido, y no desde Palau o las reuniones a puerta cerrada en el Parlament.

Que ponga las bases para que un nuevo envite no sea tutelado ni por las viejas instituciones catalanas, ni por ninguna “comunidad internacional”, o un diálogo con el Estado, sino que el pueblo catalán, con la clase trabajadora al frente, pueda imponer realmente un proceso constituyente libre y soberano donde definir no sólo su relación con el resto del Estado, sino el contenido social de una futura república catalana.

Una estrategia de independencia de clase y con centro de gravedad en la lucha y autoorganización, clave para que esta lucha democrática y su justa reivindicación de autodeterminación sea conquistada de forma íntegra. Es decir, que pueda ser en el próximo período la palanca de un proceso revolucionario que ayude a tumbar el Régimen del 78 y construir una república socialista.

Sin embargo, la propuesta política de la CUP reproduce el mismo esquema del procesismo del que fueron parte, aunque fuera como su ala izquierda, de desarrollo de movilización por abajo -aún con un nivel de intensidad y contenido social más profundo- pero con el liderazgo y dirección política que se sigue entendiendo como algo delegado a los posibles acuerdos con el resto de fuerzas burguesas y pequeñoburguesas del independentismo y las instituciones municipales o la autonómica.

Su objetivo es volver a generar un momento político como el que significó el 1 y 3 de octubre de 2017. Un proceso que catalogan como “insurrección democrática”, pero que en el contenido reproduce los mismos elementos del fallido procés: movilización social como presión, desobediencia institucional e intermediación de la comunidad internacional, para forzar al Estado español a sentarse a negociar una salida acordada que incluya el referéndum y la amnistía.

La necesidad de impulsar un frente anticapitalista y de independencia de clase en las próximas elecciones catalanas

Después de 2017 en el debate de balance que se abrió en la izquierda independentista surgieron algunas reflexiones críticas cuestionando el procesismo y la incapacidad de la CUP de presentar una alternativa. Sobre esta base desde la CRT iniciamos conversaciones bilaterales y como parte de estas, en los últimos meses, hemos intercambiado y explorado la posibilidad de conformar un frente político-electoral.

Sin embargo, el resultado de este proceso se aleja a nuestro entender de lo que consideramos es una necesidad urgente, más aún en un momento como el actual. Por un lado, con un movimiento democrático debilitado y desactivado por la combinación de represión y la política claudicante de la dirección procesista. Por el otro en medio de una crisis sanitaria, económica y social que augura enormes padecimientos para las mayorías sociales, y la posibilidad de que se abran nuevos envites que busquen realmente “cambiarlo todo”, en un mundo más convulso y con nuevos episodios importantes de la lucha de clases.

No seremos parte por lo tanto de las candidaturas de la CUP para las elecciones del 14F, lo cual no quita para que en todos aquellos frentes de lucha en los que podamos coincidir estemos abiertos a la colaboración y el frente único. Un ejemplo de ello es la movilización que la izquierda independentista prepara para mediados de diciembre en favor de un plan de emergencia para que las consecuencias de crisis las paguen los capitalistas.

A su vez, hay otras organizaciones de la izquierda revolucionaria, como Lluita Internacionalista o el grupo Socialismo y Libertad, que también han sido parte de este debate, en el que hemos coincidido en algunas de las principales críticas a la propuesta política y, en particular con LI, a la moderación del programa social que conlleva.

En Catalunya tenemos presencia organizaciones que han sido parte de las candidaturas impulsadas por la CUP en diferentes momentos, como LI o Corrent Roig, otras que no y hemos pedido un voto crítico en momentos en que mantenían una ubicación política más de izquierda -como hicimos desde la CRT en las últimas elecciones generales-. Asimismo, existen muchos militantes, simpatizantes y activistas que se han referenciado en la CUP en los últimos años y que ahora miran con desconfianza este curso.

Anticapitalistes, por su parte, rompieron hace un año con el espacio de los Comunes y aún no han definido su política de cara al 14F. Con ellos mantenemos un debate abierto sobre el balance de su experiencia en esta formación que cogobierna hoy con el PSC en Barcelona y con el PSOE en la Moncloa. Recientemente en medios como VilaWeb se publicaban noticias sobre unas posibles negociaciones entre esta formación, la CUP, Comunistes de Catalunya y algunas candidaturas municipalistas de Guanyem. De confirmarse estas informaciones -sobre las que oficialmente aún no se conoce posición-, los “anticapitalistas” de Podemos reditarían a la catalana su papel fundacional en una nueva formación de la izquierda reformista con una ubicación similar a la que está jugando EH-Bildu en Euskal Herria.

Te puede interesar: ¿Qué hay a la izquierda de la CUP? Por un frente anticapitalista y de independencia de clase

Desde la CRT creemos que es el momento de dar un paso adelante en construir una alternativa revolucionaria. Por eso venimos planteando a los compañeros y compañeras de Lluita Internacionalista, Corrent Roig, Socialismo y Libertad, y otras organizaciones de la izquierda anticapitalista y revolucionaria catalana que coincidan en esta necesidad, así como a todas aquellas militantes y simpatizantes de la izquierda independentista que no comparten este retorno a la “mano extendida”, y a la juventud y las y los trabajadores que rechazan cualquier unidad con los verdugos de los ajustes y recortes de los últimos años, conformar un frente de la izquierda anticapitalista y por la independencia de clase para las elecciones catalanas del 14F.

Un frente que defienda la total independencia política tanto de los partidos del procesismo como del eje “progresista” que hoy quieren encarnar los Comunes y ERC. Que pelee por un programa anticapitalista que aborde la resolución de los problemas sociales expropiando la gran propiedad capitalista y ligue indisolublemente esto a la lucha contra el régimen, única perspectiva realista para conquistar el derecho a decidir.

Como planteábamos hace unas semanas en nuestra declaración ante las elecciones del 14F: “La actual situación hace imprescindible una izquierda que defienda medidas como la nacionalización sin indemnización y bajo control de sus trabajadores de los sectores estratégicos, aquellas empresas que cierren o despidan y el conjunto del sistema financiero, de todos los pisos vacíos de los grandes tenedores y especuladores o de toda la sanidad y laboratorios privados. Que ligue estas demandas tanto a la denuncia de los diferentes gobiernos capitalistas, como a la denuncia y pelea contra la burocracia sindical. Que desarrolle la movilización y autoorganización de la clase trabajadora y los sectores populares. Que trabaje para disponer estas fuerzas sociales hacia una lucha contra el régimen, que imponga procesos constituyentes libres y soberanos sobre sus ruinas, en la perspectiva de conquistar repúblicas de trabajadores que puedan federarse libremente”.







Comentarios

DEJAR COMENTARIO