Las aguas bajan turbias

La provisión de agua potable del AMBA se encuentra amenazada por contaminación

Últimamente aparecieron afloramientos de cianobacterias en el río Paraná y su delta y el Río de la Plata. Afectan a Tigre, San Fernando, San Isidro y puertos de CABA. De los niveles alarmantes de contaminación de la mayor cuenca del país, ni el gobierno ni la prensa de los empresarios quieren hablar.

Natalia Gomiz

Bióloga | Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional de General Sarmiento - ISFD 174 de San Martín @noctilucaz

Viernes 4 de diciembre de 2020 | 19:43

Llama la atención la presencia de colores verde azulado o verde brillante en las aguas del Delta de la provincia de Buenos Aires, usualmente de un pardo translúcido. Son cianobacterias, microorganismos similares a bacterias, pero fotosintéticos. Sus colores se deben a los pigmentos que presentan en sus células procariotas.

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Aunque las cianobacterias están presentes naturalmente en las aguas, semejantes floraciones (crecimientos acelerados) son anómalas. Plantas como camalotes, repollitos y lentejas de agua en el río son propias del ecosistema y aunque lleguen a formar verdaderas islas flotantes, son parte de un proceso natural; sin embargo, no lo son los afloramientos de cianobacterias.

El gran problema es que las cianobacterias, en esa densidad, pueden ser altamente tóxicas, y algunas son hepatotóxicas. Las toxinas que liberan se encuentran en el agua y en animales de río, por lo que una persona puede ingerirlas en contacto con el agua o por consumo de peces o mejillones. Pueden provocar falla hepática o tumores al acumularse gradualmente en el organismo por exposición crónica.

Además, algunas especies son neurotóxicas, mientras que otras pueden generar diversidad de síntomas epidérmicos, fiebre, neumonía, o síntomas gastrointestinales, por contacto o inhalación accidental al bañarse en aguas con afloramientos.

Aunque las cianobacterias son microorganismos importantes desde el punto de vista ecológico, cuando aparecen en afloramientos que crecen de manera desequilibrada, son un gran peligro para la salud de las personas, los animales y el ambiente en general, ya que no se puede utilizar el agua.

En el Delta hay poblaciones que dependen del agua del río para beber y para uso cotidiano. Las toxinas en el agua no desaparecen por ebullición y necesitan un tratamiento especial para utilizarla. Los afloramientos del Delta se deben principalmente a la especie Microcystis aeruginosa que es hepatotóxica.

Las causas

Las causas que provocan los afloramientos son varias. Se trata de un efecto sinérgico entre el uso de fertilizantes, agrotóxicos y efluentes cloacales. El hecho de que este año sea inusualmente seco, el bajo nivel del río, poca corriente de agua, las represas río arriba que contribuyen a la baja irrigación y al estancamiento de las aguas, el relleno de humedales y las altas temperaturas por culpa del cambio climático son parte de los factores.

En el caso de los efluentes contaminantes, el río recibe agua proveniente de napas que pasan bajo cultivos con grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas como el glifosato, que presenta fósforo. Las sustancias añadidas en los cultivos intensivos por parte del agronegocio, saturan el suelo de fósforo y nitrógeno y generan eutrofización en donde descargan sus efluentes.

El vuelco de materia orgánica como los efluentes cloacales también provoca eutrofización. En consecuencia, ciertas poblaciones de microorganismos crecen de manera exponencial como las cianobacterias que provocan toxicidad y descomponedores que bajan el nivel de oxígeno del agua. Ambos casos son fatales para los peces y otros animales acuáticos.

Por otro lado, las construcciones como embalses y diques hacen que la corriente del río se enlentezca, propiciando la aparición de afloramientos.

También está el extensivo relleno de humedales por parte de los “emprendimientos inmobiliarios” para construir countries. Los humedales actúan a modo de esponja o filtro, los microorganismos de los suelos, las plantas, utilizan el exceso de nutrientes y permiten que no llegue una concentración tan alta a los ríos y arroyos.

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El año inusualmente seco y la alta temperatura son fenómenos asociados al calentamiento global. Se prolongan los períodos cálidos y se incrementa la intensidad y frecuencia de las sequías. El río Paraná está en sus niveles mínimos desde hace meses. Esto también se ve agravado por el desmonte e incendios en Brasil, Argentina y demás países que comparten la cuenca. La deforestación de selvas y bosques nativos disminuye la cantidad de lluvias, agravando el efecto de las represas y el cambio climático.

Todas estas condiciones, la presencia de contaminación en el agua, las altas temperaturas, buena luz y lentificación del curso del agua, permiten estos crecimientos masivos de cianobacterias.

Las altas temperaturas, mayor insolación y sequías son problemas con los que nos enfrentaremos con mayor frecuencia en el futuro debido al cambio climático que está afectando a todo el globo. Los afloramientos de cianobacterias son un fenómeno asociado a estos cambios y se repite en varios lugares del mundo. Este problema recién empieza.

Según Inés O’farrell, (investigadora UBA/CONICET) una de las referentes nacionales en el tema “El equipo científico sugiere las medidas a tomar en la extensa cuenca del Paraná. “En algunos lugares, a las personas se les deberá llevar agua potable para beber o cocinar. Para otros usos, como lavar la ropa o bañarse, conviene sacar agua del medio del cauce del río que, al ser más turbulento, contiene menos cantidad de cianobacterias, o de la orilla contraria a donde está la mancha verde”. Aconseja, al tiempo que aclara, “No usar lavandina para potabilizar el agua porque no sirve. El cloro potencia esto y genera un componente secundario, que a veces es más tóxico todavía que la microcistina”.

El hecho de no poder utilizar el agua del río choca frontalmente con la realidad de la población isleña, que depende exclusivamente de esa fuente de agua para higiene, riego y demás usos domésticos. En las islas, el Estado no ha garantizado el acceso a otras fuentes de agua segura, con la excepción del reparto de agua para beber, limitado a un área que no alcanza a toda la población.

La realidad es que una pequeña minoría que logra afrontar los costos de instalación de nuevos sistemas de tratamiento se encuentra invirtiendo en ello para proteger su salud y la de sus niñes. Pero la amplia mayoría ha tenido que continuar utilizando el agua contaminada con cianobacterias y absorber en sus cuerpos y vidas el impacto a la salud que ello ocasiona.

El pescado, uno de los alimentos principales en la dieta de los isleños desde hace generaciones, también se ve afectado por la contaminación con cianobacterias y la acumula en sus tejidos, por lo cual, las alternativas se van agotando y, como ocurre con el agua de río, tampoco es una alternativa para la población dejar de consumirlo, ya que forma parte fundamental de su alimentación y su cultura.

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Los datos de especialistas muestran que el estado ambiental en Argentina es gravísimo. El 74,5% de los sistemas acuáticos estudiados presentó más de 100 mil células de cianobacterias por mililitro de agua, lo que excede por mucho los niveles de alerta más altos establecidos por la Organización Mundial de la Salud.

En Argentina, no existe regulación sobre las toxinas de cianobacterias. Esto lo viene advirtiendo el equipo de especialistas de la Facultad de Ciencias Exactas - UBA, dirigido por la doctora O´Farrell, desde los afloramientos a raíz de la contaminación por las pasteras sobre el río Uruguay.

No hay una solución inmediata para este problema, sí medidas de prevención que el Estado debería implementar ya. Lamentablemente los meteorólogos prevén que no lloverá considerablemente río arriba del Paraná hasta finales del verano, así que las cianobacterias permanecerán hasta que un caudal importante las desplace. Y no es solo este verano, los especialistas creen que si no se disminuye la contaminación en los efluentes y protegen los humedales, esto seguirá sucediendo.

Ley de humedales

El extractivismo

El extractivismo que despoja a Latinoamérica y deja territorios arrasados, áreas de sacrificio, funciona así. Tampoco hay políticas en las empresas para tratar los efluentes, y en la mayor parte de los casos son descargados directamente a ríos y arroyos. Las empresas podrían tratar sus propios efluentes de manera biológica y la contaminación se reduciría en gran medida, además este tipo de tratamiento, daría trabajo a muchos, ya que se necesitan especialistas que controlen los organismos utilizados y su hábitat. Sin embargo, es un costo que los empresarios no están dispuestos a pagar, ya que necesitan abaratar costos y así obtener ventaja competitiva en el mercado global. Esto con el aval de los gobiernos, ante la necesidad de recaudar para cubrir la deuda externa, a costa de nuestra salud y la del medio ambiente.

Si la legislación provincial (resolución 336 de la autoridad del agua) donde establece los límites químicos, físicos y biológicos para la descarga de estas aguas se cumpliera de principio a fin, en gran medida se mitigaría la contaminación de los ríos. Pero hay complicidad entre las industrias y los organismos estatales que regulan estos aspectos.

También como hay fábricas más chicas que “no pueden costear estos arreglos”, muchos proponen como solución “subsidios verdes” para que las empresas hagan o adecúen las plantas de tratamiento de efluentes en sus fábricas. Sin embargo, las empresas no lo hacen o lo hacen de manera inadecuada, por lo que no podemos confiar que estos subsidios arreglen algo, solo terminan engordando los bolsillos de las empresas.

Hoy más que nunca es indispensable, regular el tratamiento de las aguas cloacales e industriales, la agricultura, la ganadería, la construcción de infraestructura. No se puede confiar en manos privadas cuyo único fin es el lucro, para regular nuestra salud y el medio ambiente ni en los gobiernos que lo avalan. Tienen que ser los propios trabajadores, las poblaciones y los usuarios quienes controlen y gestionen la indispensable construcción de instalaciones adecuadas.

Desde el Observatorio de Humedales Delta, que se formó a partir de la lucha de la Cooperativa Isla Esperanza, que resistió a la destrucción de cientos de hectáreas de humedales, recientemente han manifestado que “La salud del humedal y la humana son una sola. Nos mantenemos en estado de alerta. ¡Paren de fumigar! ¡Paren de desmontar! ¡Paren de incendiar! ¡Paren de rellenar! ¡Paren de contaminar!”. Vienen reclamando acciones para una solución integral y urgente a la contaminación del mayor sistema hídrico de nuestro país. “El agua vale más que la soja ¡El Paraná dice Basta! #Ley de Humedales Ya”

Estos cambios que nos beneficiarían deben hacerse de manera pública y abierta a las poblaciones locales, a los propios trabajadores y a la comunidad científica, con participación directa, peleando por una gestión de los propios interesados.
Es la única manera de llegar a un equilibrio con nuestro entorno.

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