Géneros y Sexualidades

MEDIO ORIENTE

Las guerreras de Kobane

El pasado 26 de enero, el Estado Islámico (EI) fue expulsado de Kobane, ciudad próxima a la frontera de Siria y Turquía que durante cuatro meses se convirtió en el epicentro de la resistencia kurda. Las mujeres cobraron un gran protagonismo organizándose en milicias femeninas ligadas a una fracción radicalizada del movimiento nacional kurdo. “Hay un enemigo que ha venido a mi tierra / y me he visto forzada a acoger un arma y protegerla”, versaba uno de los cánticos de las combatientes, quienes libran una pelea que no terminó y no sólo involucra al EI.

Sábado 7 de febrero de 2015 | Edición del día

Mujeres en primera línea

Tierra seca y pastizal. Una ciudad marcada por el asedio. Con pañuelos en el cabello, pasos firmes y fusiles A-K 47 en los hombros, las mujeres kurdas sirias de Kobane se entregaron desde el 16 de septiembre del 2014 a una dura batalla contra la avanzada del Estado Islámico que busca extender su dominio en la región. Es indiscutible que en este reciente triunfo sobre el EI ellas se destacaron peleando y poniéndose al frente de las unidades.

"Yo era una estudiante. Cada vez que iba a la escuela, sentía mucho miedo. Así que la dejé para defender mi tierra y el país, para proteger a mis amigos y para ayudar a la gente a vivir en condiciones de seguridad. He sacrificado mi futuro para construir otra nación", declara Naline acompañada por dos compañeras -todas vestidas con uniforme militar- en una trinchera de Kobane. Su historia se repite en las miles de mujeres que se sumaron a la resistencia. Así lo evidencian las experiencias relevadas por un reciente artículo del diario The Guardian.

Por ejemplo la de Ruhan Hassan, una joven pobre de Kobane quien luego de dedicar años a militar por los derechos políticos de los kurdos en Siria e investigar sobre la situación de las mujeres, se sumó en 2013 a las Unidades de Defensa Femenina (YPJ)*. O la de Berivan Fahdil, quien afirmó a su madre “voy a unirme a los luchadores de Kobane y no hay fuerza en la tierra que pueda detenerme” previamente a tomar un arma y partir al frente.

Mustafa Taher relata la historia de su hermana Shireen de 22 años, quien perdió la vida en combate el año pasado durante una emboscada del EI. “Estamos orgullosos del sacrificio de ella y de todos sus amigos, que murieron para defender Kobane”, alega mientras levanta en alto una foto de la joven de penetrantes ojos color avellana tomada durante la batalla. Shireen había adquirido la decisión de pelear para defender su tierra tres años atrás cuando su profesora, militante por la liberación kurda, cayó en la guerra civil siria. Y fue finalmente con la muerte de su padre –quien la había exhortado a continuar la lucha- en manos del EI, que se sumaría a las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG) con las cuales pasó sus últimos días. “Si ella no se hubiera enrolado, yo lo hubiera hecho”, reflexiona Mustafa.

La cadena de silencios y un canto difícil de aplacar

Comienza el mes de febrero. Una cámara captura a veinte guerreras de Kobane con los dedos en “V”, apuntando al sol. El Estado Islámico emite un comunicado oficial aceptando que se retira de Kobane. Por supuesto, nada dice sobre el papel de las mujeres en su derrota. Poco más de tres meses pasaron desde que las tropas del EI se hubieran encargado de difundir una foto en la que aparecía decapitada la combatiente kurda de 28 años, Rehana, cuya imagen imponente en el frente de batalla había circulado por las redes sociales representando la resistencia de las mujeres kurdas.

En una entrevista para el diario El Mundo, Hasrad, enrolada en las YPJ, había proclamado: “Luchamos contra hombres que violan, que venden mujeres” y aseveraba que tanto ella como sus compañeras de batalla preferían suicidarse antes que convertirse en sus esclavas. Lo cierto es que a lo largo de estos cuatro meses, las combatientes –con la doble condición de ser mujeres y kurdas- no sólo se enfrentaron al Estado Islámico. En este sentido, no es casual el tratamiento que le dieron los grandes medios del mundo a su rol en esta victoria. La mayor parte de ellos hicieron caso omiso del mismo. Otros publicaron sus fotos como una noticia de color, casi anecdótica. Ninguno quiere mostrar que en Medio Oriente, en la frontera entre Siria y Turquía, con tantas guerras reaccionarias de trasfondo, hay mujeres que se organizan para pelear –y que pelean para organizarse. Reflejan, de esta forma, un punto en el que están de acuerdo tanto el imperialismo norteamericano como Turquía en su enfrentamiento contra el Estado Islámico: ninguno va a permitir que la cuestión nacional kurda (una diáspora de 30 millones de personas distribuidas entre Irak, Irán, Siria, Turquía y el resto de Europa) ni la de las mujeres se desarrolle. Por ello, para estas guerreras –que ya cargan con la experiencia de haberse armado y derrotado a las milicias del EI- la lucha recién comienza.

En un discurso reciente, Obama manifestó que su país está frenando el avance del EI, liderando la coalición y apoyando a la oposición moderada en Siria. En otro lado del mundo –que, sin embargo, le es tan cercano- Pervin Agri, una muchacha de 20 años que ya lleva dos enlistada en las milicias, explica: “Antes de lo de Kobane la gente no creía en nosotras, nos tomaba por inútiles. Pero las YPJ hemos demostrado, venciendo, que no era así. Las mujeres luchan y las mujeres protegen”.

*Las YPJ o Unidades de Defensa Femenina están ligadas a las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG), las milicias radicalizadas dirigidas por el Partido de la Unión Democrática sirio (PYD) relacionadas con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) turco.







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