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PARTICULARIDADES BAHIENSES (I)

Los Midget, el Supermercado Burgos y la clase trabajadora

Bahía Blanca es la capital del básquet, “orgullo” remachado mil veces por el diario militarista La Nueva Provincia. Pero también tiene a los Midget, una pasión de multitudes, donde parecen unirse deseos de niños, jóvenes, trabajadores, amas de casa, cuentapropistas y algunos empresarios bien bahienses…

Miércoles 6 de julio de 2016 | Edición del día

Foto: sitio lanueva.com

Bahía tiene salitrales, por eso lo de “Blanca”. Por décadas se mantuvo incólume como capital nacional del Báquet. Ginóbili, Pepe Sánchez, el “Loco” Montenegro: ¿te suenan?. Pero los deseos y placeres deportivos de la población local se reparten entre otras disciplinas. Infaltable, el fútbol: no por algo la comandancia peronista y sindical está metida hasta los tuétanos en la Liga del Sur. Pero hay otro deporte que fecha a fecha llena su estadio: los Midget. Una particularidad bien bahiense…

Los Midget son unos bólidos de chasis tubulares que “largan” un ruido infernal, mientras circulan “coleando” por un óvalo de tierra. Invento estadounidense por excelencia, como el básquet, lo particular es que en Bahía creció y creció hasta convertirse en una expresión genuina del ocio cultural y la recreación de la población. Viernes a la noche en verano, domingo al mediodía en Invierno: “¿Vamos a los Midget?”, es propuesta para toda la familia.

El automovilismo es el segundo deporte más popular del país. Ir a los Midget es parte de lo cotidiano: saludás desde la tribuna a tu piloto favorito; arrancás los mates mientras ves pasar por el pasillo del alambrado a un compañero de trabajo; por acá y allá las nenas y nenes corriendo por debajo de la tribuna, el policía mirando el celular mientras espera para patrullar los baños de caballeros nuevamente. En fin…

Toda la paleta de colores se ve también en los autos: ¡el plotteo llegó para quedarse! El “monito” del cabildense Pérez, la “cotorrita” de Martín, la “Penélope Glamour” de Leiza Grill. Así sí dan ganas de hacer una bandera y colgarla más alta que la de los que están al lado: “Potro Altamirano, pise por afuera”. Y las publicidades abundan: por todos lados se lee “Repuestos Tato”, “Repuestos Vieytes”, “UTA”, “URGARA”, “Sindicato de Químicos y Petroquímicos”. Todos se anotan, incluido “Supermercado Burgos”.

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Construir un Midget, con el esfuerzo ajeno

Hacer un Midget no cuesta lo mismo que un Fórmula 1, ni siquiera que un Turismo Nacional. En los Midget se mezclan algunos pilotos que son obreros petroquímicos, choferes de larga distancia, vendedores de concesionarias y algunos empresarios “pequeños”. Si querés correr, con esfuerzo y una peña que te banque, al menos podés salir a rodar algunas fechas. Pero si querés ser un piloto de punta, algunos morlacos tenés que mover. Estamos hablando de decenas de miles para construirlo, y varios por carrera. Es casi una cuestión de pertenencia de clase: el obrero nunca será como el patrón; pero tiene su orgullo, su hinchada y por qué no, su calidad conductiva. En los Midget se puede percibir fácilmente quién puede comprar neumáticos, quien no; quien cambia repuestos todas las fechas y quien hace lo que puede.

“Seba” Burgos fue el campeón de la temporada 2011/2012. Es el sobrino del viejo Burgos, dueño de una cadena de supermercados de la ciudad. El “Supermercado Burgos”, que lucía orgulloso como publicidad en el Midget del sobrino, es tan autóctonamente bahiense como el Básquet y los Midget. Es claro que había banca para tener un Midget de competición.

Este empresario tenía unas cuantas sucursales. Aún mantiene algunas, pero claro, el “esfuerzo” por mantener el negocio sucumbe ante las primeras manifestaciones de ajuste del gobierno de Cambiemos. Y si antes el señor aparecía como en la ya legendaria propaganda de “Don Carlos” para explicar que “por fin van a estar en blanco” (eso sí, la mitad de la jornada); hoy por hoy el patroncito se tiene que esconder entre excusas bancarias y de acreedores para comenzar un vaciamiento de la empresa, con perspectiva de cerrar las tiendas y despedir a más de 70 trabajadores y trabajadoras. Es decir, mientras le iba bien negreaba a sus empleados, sin hacer los aportes correspondientes; y ahora, con otras tramoyas a diestra y siniestra, no hay justicia que le impida desviar capitales a otros negocios. Eso es lo que denuncian desde hace unas semanas sus empleados.

Hoy ya no se ve la leyenda de “Supermercado Burgos” en el Midget de su sobrino; y al propio piloto la suerte le es esquiva. Pero de todo esto se puede aprender una lección: no es lo mismo un simple trabajador en la tribuna, hinchando por un piloto al grito de “pise por afuera, Potro!!”; que ese mismo trabajador en las calles protestando contra los despidos del auspiciante de uno de esos pilotos, familiar de nuestro querido empresario.

Y así es como entre expresiones deportivas de por medio, la clase trabajadora bahiense va sacando sus conclusiones de quienes son amigos y quienes son enemigos de su causa, que es la del pueblo entero. Ya habrá tiempos para volver a hacer la peña y salir a probar un Midget por aquellos salitrales, antes de que empiece el próximo torneo invernal. Pero ahora de lo que se trata, es de gritar: “Familias en la calle, nunca más”.







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