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Los Superamigos (del patrón): el “partido sindical” y las paritarias estatales en Córdoba

En estos días se cerraron los acuerdos salariales de los estatales cordobeses. Las conducción de UEPC y SEP, firmes aliados del gobierno de De la Sota.

Guillermo Torrent

Asesor legislativo FIT - Córdoba @Guillotadas

Martes 3 de marzo de 2015 | Edición del día

Como dijera el fallecido fiscal Strassera, para titular esta nota renunciamos a toda pretensión de originalidad. El diario Alfil, no precisamente opositor al gobierno provincial, el día miércoles ilustró su tapa con una caricatura de los Secretarios Generales de los principales sindicatos estatales de la provincia (SEP y UEPC) yendo al rescate del gobernador De la Sota en la discusión paritaria. El título de la ilustración era justamente “Súperamigos”. Sobran las palabras.

Se señalan como virtudes, por un lado la moderación en los reclamos de los líderes sindicales y la pericia del Gobernador en comandar el mismo las negociaciones, contrastándola con la actitud pasiva del mismo durante el acuartelamiento de diciembre de 2013.

El descontento en las bases es enorme, inclusive para hacerlo pasar el SEP de Pihen (empleados públicos) hizo una burda operación de prensa señalando que el aumento era de 38,55%, algo desmentido posteriormente por el mismo gobierno quien afirmaba que el aumento era sólo del 31%.

Lo cierto es que esta negociación a la baja (10% debajo de la inflación) no es una casualidad, ni mucho menos una mesura eventual. Nos referimos a la participación orgánica del “Partido sindical” en el gobierno provincial. El tributo de la burocracia sindical con legisladores y ministros es un clásico del régimen cordobés, y a la vez un reconocimiento del mismo al peso importante que mantiene el movimiento obrero (aunque deformado por la burocracia) en la superestructura política.

Lo novedoso en este caso pasa por dos aspectos, primero el haber utilizado a la Guardia de Infantería y al Grupo ETER en la represión a los docentes que se manifestaban en contra del acuerdo. Convengamos que tiene poco de “libre” una paritaria que tiene que sellar los acuerdos con el poder coercitivo del Estado (a la vez patrón y parte más que interesada en este caso). La única legisladora que repudió este hecho fue Laura Vilches del Frente de Izquierda.

El segundo aspecto novedoso y en este caso positivo pasa por las enormes movilizaciones de repudio, cubiertas por La Izquierda Diario, tanto al fraude con el que intentan hacer pasar el acuerdo como a la represión y detención de los docentes. Lo que pasa por arriba, en las calles, tiene su correlato por abajo con decenas de anécdotas de docentes que volviendo a las aulas cuentan las asambleas espontáneas que se realizan o donde los delegados de la burocracia se tienen que ir a los gritos ante los reclamos de los docentes por la traición.

La tarea de recuperar los sindicatos en Córdoba tiene un valor estratégico aún más claro que en otras provincias. Su peso político es enorme. Lo demostró en esta paritaria donde un gobierno al que le saltan crisis por todos lados, contó con la garantía de la burocracia para intentar que pase lo más rápido posible. Esta burocracia también es la garante que los jubilados provinciales cobren los aumentos recién 6 meses después que los activos. Las fracciones clasistas pueden jugar un rol importante si dirigen su fuerza a organizar el descontento del conjunto de los trabajadores estatales.

Mientras tanto, por arriba siguen las internas del oficialismo y de la oposición. No hay fecha de elecciones y el crimen social de las inundaciones llamó a los partidos patronales a un prudente silencio. Los burócratas esperan y ven, aunque ya suenan las tratativas de quienes van a ser los hombre que ubicaran en el próximo gobierno.







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