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OPINIÓN - MENDOZA

Los "gordos" que venden humo

La clase obrera mendocina es un reflejo del conjunto de los trabajadores del país y podemos hablar de un fraccionamiento en tres grupos de trabajadores, unidos por un factor común a todos ellos.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Domingo 8 de mayo de 2016 | 11:53

Denominador común para tres fracciones

Hay un grupo de trabajadores que viene acarreando el desinterés hacia la política, que se generó con el golpe del 76, y que se profundizó el neoliberalismo de los 90. Estos trabajadores tienen análisis críticos más profundos sobre un partido de fútbol, que sobre las políticas económicas del gobierno. Pero que inevitablemente, siente el impacto de tarifazos y aumentos, y despotrica sin saber bien contra quien.

Hay otro grupo de obreros, que sí analiza desde su propia perspectiva, la realidad política que, entienden acertadamente, los afecta. Pero este grupo, no tiene la voluntad para respaldar con la acción, o la participación, al análisis que realizan. Y no pasan de las charlas, que terminan en una resignación llena de incertidumbre.

Existe, por último un tercer grupo minoritario entre los trabajadores. Son los trabajadores que llevan al activismo, sus inquietudes respecto de la política y su influencia en los ámbitos laborales. Estos trabajadores en muchos casos son representantes o delegados gremiales, pero lentamente, se están sumando trabajadores que sin sentirse representado por su Sindicato, o declarándose abiertamente, como independientes en lo que respecta a ideologías políticas, sienten que no pueden permanecer inmóviles ante una situación angustiante.

A estos tres grupos de obreros los une un factor común, porque tanto el trabajador indiferente a la realidad política, como aquel que debido a esta, se encuentra colmado de incertidumbre hacia el futuro, o aquel que motivado por las injusticias, laborales, o sociales, lucha desde algún espacio para enfrentar una realidad adversa, deben llevar un plato de comida a su mesa, o deben mantener a sus familias dignamente, y es en este punto donde confluyen estas tres forma de parase ante el día a día. Las políticas económicas bajadas desde el gobierno de Mauricio Macri, y aplicadas, a rajatabla por los gobiernos provinciales, incluso en las provincias con gobernadores kirchneristas, van en detrimento de las familias obreras, que ven impotentes como cae aceleradamente su calidad de vida.

Dinero

Si hablamos de políticas económicas, en el fondo, estamos hablando de dinero. Ese dinero que el trabajador común ve que no le alcanza para cubrir sus necesidades, con cada cobro del salario, y que lo ve en las filmaciones de La Rosadita, en el circo mediático que se fabricó en torno a Lázaro Baéz, en las denuncias de corrupción a Milagros Salas, y todo el seguimiento de la denominada “ruta el dinero K”. Pero por otro lado aparece la vinculación de Macri y algunos de sus ministros, en los Panamá Papers, y las empresas off shore, que son empresas creadas con el único fin de evadir impuestos, esos impuestos que cuando un trabajador no paga, sufre un castigo por parte del Estado, aunque sean monedas comparado con los millones que fugan estos empresarios montados en la política. Cuando un trabajador se encuentra con la declaración de bienes presentada por el Gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y sus funcionarios, no puede sentir más que indignación. Autos de alta gama valuados en centavos y terrenos que valen cifras irrisorias, no hacen más que demostrar que la bandera de la transparencia, y la honestidad que enarbolaba Cambiemos, durante la campaña está tan o más sucia que la del Kirchnerimo. Y esto se reafirma cuando el polémico y abusivo ítem aula, contra los docentes provinciales, es creado por un CEO de uno de los millonarios de la provincia, denunciado por maltrato laboral, que además ni bien asumió nombró a sus parientes como funcionarios, o que la propia hermana del gobernador cobra el ítem aula, que se le niega a cientos de trabajadores de la educación de la provincia, en las mismas condiciones.

Entonces, los trabajadores comienzan a entender que el dinero que falta en el salario, en la educación, en la salud pública, está concentrado en las arcas de quienes nos gobiernan y de quienes nos pagan el salario.

Fuegos de artificio

Al intentar encontrar la salida a estos laberintos injustos, se comienza a pensar en los caminos más accesibles. El primer razonamiento, es el más directo, aumentar el salario. Aquí, hasta el más optimista de los laburantes sabe perfectamente que los aumentos que los sindicatos están logrando en paritarias, ya están absolutamente desfasados con respecto a la inflación, y las perspectivas no son alentadoras. El segundo razonamiento, consecuencia del fracaso del primero, consiste en increpar a la entidad gremial encargada de negociar en paritarias, o al menos esperar más agresividad de la misma. Y entonces, es cuando se hace notorio el adormecimiento generalizado de los Sindicatos, salvo poquísimas excepciones en donde se destaca la solidez de las bases.

Los Sindicatos, con mayor o menor poder de movilización, están demostrando no estar a la altura de la coyuntura política. El acto realizado a fines de abril por las Centrales Obreras, tiene carácter histórico, ya que hacía décadas, que todos, o casi todos, los representantes de la clase obrera argentina, no confluían en un mismo espacio, pero se juntaron ante miles de obreros para tirar petardos y fuegos de artificio, que no tienen sustento, más que en la declamación. No hay un plan de lucha, no hay articulación de acciones, en definitiva…palabras, solo palabras que no le cambian la vida a ningún trabajador.

Y qué cambio podría desear un dirigente sindical que puede hacer, públicamente, en un programa de televisión, un lujoso regalo que cuesta más de tres sueldos básicos. A los ojos de los trabajadores la Dirigencia Sindical Argentina está tan limpia como los funcionarios implicados en los Panamá Papers, como los políticos implicados en la “ruta del dinero K”, o como unos cuantos de los empresarios que inciden en todos los gobiernos. Y es normal que asi sea, si los dirigentes llevan un estilo de vida más cercano al de nuestros patrones, que al de nuestros compañeros.

El SUTE en Mendoza, en rechazo a los ofrecimientos paritarios del Gobierno, y al escandaloso Item Aula, realizó tres paros, impresionantes, con el apoyo de muchas organizaciones sociales y políticas, el Gobierno decretó el aumento e impuso el Item Aula, y me tocó ver como las bases más combativas exigían un plan de lucha, mientras la dirigencia proponía medidas dilatorias, que terminaron con que actualmente, el SUTE, busque definir una salida judicial, y las corrientes internas dentro el Sindicato, militen tozudamente, una campaña que tuerza el brazo de un gobierno autoritario.

Nosotros mismos

Está claro que por una y otra razón, las Centrales Obreras y los Sindicatos, no tienen la voluntad, o tienen una marcada incapacidad para nuclear bajo un objetivo común esta efervescencia en los trabajadores, porque desde el más indiferente de los obreros hasta el más participativo activista, entrarían en acción si sintieran el respaldo de la entidad que los nuclea y representa como laburantes, y que los invita a transitar un camino que mejorará sus vidas.

Ante esta falta de convocatoria de quienes tienen, las herramientas, la estructura, y los medios legales, para no acatar sumisamente, la voluntad de patrones y de políticos ajenos a la clase obrera, recae en nosotros mismos ,la construcción de nuevos espacios de organización y activismo, dentro y fuera de los lugares de trabajo. Esta propuesta ya se está materializando en diversos puntos del país, no es, para nada una utopía, Zanon primero, luego MadyGraf, como las dos fábricas recuperadas más emblemáticas, ponen de manifiesto que los obreros somos capaces de valernos por nuestros medios si tenemos la oportunidad. Pero no solo en el plano de estas fábricas sin patrones. Los compañeros de la Industria del Neumático, nos demuestran que en donde hay patronales poderosas, los trabajadores con conciencia de clase, pueden avanzar sobre la entidad que los representa, solo hay que dejar de quejarse, y pasar a la acción, a la organización, y asumir la responsabilidad de manejar los aspectos más básicos de nuestra vida.

Para llevar adelante esta transformación en las conductas y la vida obrera, debemos valorar, más que agradecer, lo que representa la llegada del FIT, al plano político Nacional, y la cantidad de espacios generados por el Partido, para el desarrollo de estas ideas, dándole el protagonismo a quienes verdaderamente representa, a los trabajadores.







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